Solidoodle se declara en bancarrota

Solidoodle

Una malísima noticia para el sector de la impresión 3D es la que nos llega hoy ya que, desde medios estadounidenses nos llega información sobre cómo Solidoodle, una de las pioneras a nivel mundial en conseguir que las impresoras 3D llegasen a nuestras casas, acaba de cerrar finalmente sus instalaciones tras declararse en bancarrota a finales de 2015. De esta forma, una de las primeras empresas en intentar crear, diseñar y fabricar impresoras 3D de bajo coste ideales para ser utilizadas de forma personal en nuestras casas, se baja del tren de la impresión 3D.

Como seguro sabrás, ni mucho menos Solidoodle era una empresa sin pena ni gloria, hablamos de un proyecto donde, en su momento de mayor auge, contaba con 70 empleados y capacidad para vender más de 10.000 impresoras 3D en 60 países. Curiosamente su “mala racha” llegó al trasladar su producción a China, algo que tuvo que ocurrir tras aumentar considerablemente sus pedidos y no poder hacerles frente desde su sede original localizada en el más que famoso barrio de Brooklyn (Nueva York).

Trasladar la producción a China a ocasionado que Solidoodle cierre definitivamente

Entrando un poco má sen detalle y según relata Sam Cervantes, fundador y CEO de Solidoodle, trasladar su producción a China no fue tan sencillo como podría parecer en un principio ya que entre las mayores dificultades se tuvieron que enfrentar a la búsqueda de socios, proveedores, formar trabajadores, inspecciones de calidad… muchos problemas que finalmente ocasionaron que la calidad de los productos se resintiera lo que a su vez no gustó a muchos compradores que se quejaban tanto por la calidad de sus impresoras como por los retrasos sufridos.

Esto hizo que, a pesar de conseguir algunas inversiones, las ventas no remontaron por lo que, al final de año y con un nuevo modelo en el mercado que no despegaba, la empresa se quedó sin dinero, no admitiendo más pedidos, despidiendo a todos los trabajadores y tratando de cumplir con casi todos los pedidos y reembolsos pendientes. Incluso Sam Cervantes indica que él ha usado casi todos sus ahorros para poder cumplir con las obligaciones económicas pendientes.

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