Orbitiny, Wayback y el nuevo impulso del escritorio Linux

  • Orbitiny propone un escritorio modular que se ejecuta sobre KDE Plasma, GNOME y otros gestores ya instalados
  • Wayback quiere facilitar la transición de escritorios X11 clásicos hacia Wayland en el ecosistema Linux
  • La cuota de uso de Linux en ordenadores de escritorio crece y refuerza el papel del escritorio Linux en 2025-2026
  • Distribuciones con distintos entornos (Kubuntu, Xubuntu, Lubuntu) amplían opciones para todo tipo de hardware

Escritorio Linux

El escritorio Linux vive un momento especialmente interesante, con nuevas propuestas que intentan modernizar la experiencia gráfica sin perder la flexibilidad que siempre ha caracterizado al ecosistema. No solo están consolidándose entornos como KDE Plasma o GNOME, también aterrizan proyectos como Orbitiny o Wayback que buscan dar una vuelta de tuerca a la forma en la que trabajamos con nuestras distribuciones en el día a día.

En paralelo, las cifras de uso de Linux en ordenadores de sobremesa siguen avanzando y las distribuciones van afinando sus diferentes entornos de escritorio para llegar a más perfiles de usuario, desde quienes tienen un equipo muy modesto hasta quienes cuentan con hardware potente y exigen una experiencia visual más pulida. Todo esto configura un panorama en el que el escritorio Linux gana espacio frente a otros sistemas, también en Europa y España.

Orbitiny: un escritorio modular que se apoya en tu entorno actual

Entorno gráfico Linux

Una de las propuestas más llamativas es Orbitiny, un entorno de escritorio diseñado como aplicación modular que se ejecuta sobre el gestor de ventanas que ya tengas instalado en tu distribución Linux. En lugar de reemplazar por completo KDE Plasma, GNOME u otros escritorios, funciona como una capa adicional, casi como si fuera una aplicación normal que se superpone a tu sesión actual.

Esta filosofía tiene una consecuencia clara: Orbitiny no incorpora su propio gestor de ventanas. Se apoya en el que ya usa tu distro, de modo que no tienes que renunciar a tu configuración actual para probarlo. Se ha desarrollado desde cero empleando Qt y C++, con la idea de ser lo bastante flexible para adaptarse a todo tipo de usuarios sin atarlos a una única forma de trabajar.

Uno de los puntos clave es su carácter modular. La estructura del entorno está dividida en componentes relativamente independientes, lo que significa que, si una pieza concreta se cuelga o da problemas, el resto del escritorio puede seguir funcionando. Esta aproximación, poco habitual en entornos más monolíticos, pretende mejorar la estabilidad percibida y reducir el impacto de fallos puntuales.

En cuanto a su disponibilidad, Orbitiny se distribuye de manera gratuita y está pensado para funcionar en prácticamente cualquier distribución Linux moderna. Eso facilita su adopción tanto por parte de usuarios domésticos como de quienes quieren experimentar en entornos de prueba sin atarse a una única distro.

Funciones destacadas de Orbitiny sobre KDE, GNOME y otros escritorios

El proyecto no se limita a ofrecer un simple «lavado de cara» visual. Orbitiny incluye un conjunto de utilidades y paneles que pueden sustituir o complementar las herramientas habituales de tu escritorio actual, aportando características que normalmente tendrías repartidas en varias aplicaciones.

  • Puede actuar como gestor y buscador de archivos principal, tomando el relevo de otros exploradores más tradicionales.
  • Integra un panel con complementos (widgets o plugins) que amplía las funciones del escritorio, desde accesos rápidos hasta módulos de información.
  • Dispone de soporte completo de arrastrar y soltar entre sus distintos componentes, lo que facilita mover archivos, accesos directos o incluso texto entre aplicaciones.
  • Incorpora su propio gestor de portapapeles, pensado para quienes copian y pegan constantemente y necesitan un historial cómodo.
  • Incluye un administrador de dispositivos para gestionar elementos conectados al sistema sin tener que bucear por varias herramientas.
  • Ofrece un menú de inicio avanzado, con barra lateral y compatibilidad con arrastrar y soltar, desde el que lanzar programas y acceder rápidamente a las aplicaciones instaladas.
  • El panel muestra tanto las tareas en ejecución como la lista de aplicaciones disponibles, unificando información que a menudo está repartida entre el lanzador, el dock y el área de notificaciones.
  • Permite acceder a las aplicaciones que ya están abiertas en el entorno de escritorio subyacente, de modo que no tienes que cambiar de sesión ni renunciar a lo que ya tenías en marcha.

Más allá de esas funciones clásicas, el entorno también apuesta por detalles distintivos como los gestos de escritorio. Es posible dibujar patrones directamente sobre el escritorio para lanzar ciertas acciones, por ejemplo abrir una aplicación concreta, ejecutar un script o activar una función frecuente sin tener que recurrir al ratón o a combinaciones de teclas complejas.

Otra característica curiosa es la capacidad de unir dos archivos de texto o pegar contenido directamente en un archivo desde el propio escritorio, sin necesidad de abrir un editor convencional. Este tipo de funciones, aunque muy específicas, pueden resultar útiles para usuarios avanzados que manejan mucha información en texto plano.

Cómo poner en marcha Orbitiny en tu distribución Linux

El procedimiento habitual pasa por descargar un archivo comprimido con los binarios y recursos del entorno. Una vez completada la descarga, se descomprime el paquete y, dentro de la nueva carpeta, basta con lanzar el comando:

start-orbitiny

En ese momento se abre una sesión de trabajo con la interfaz que propone Orbitiny, apoyándose en el escritorio ya instalado en el sistema. Según explican sus desarrolladores, el entorno resulta razonablemente estable y, aunque coexiste con otro escritorio, la sensación general es similar a la de estar usando un entorno nativo y no una mera aplicación flotante.

Conviene tener en cuenta, no obstante, que el proyecto sigue en fase de desarrollo. Aún se pueden encontrar errores o comportamientos inesperados, algo normal en software relativamente joven. La intención del equipo es alcanzar una versión 1.0 que pueda competir de tú a tú con otros entornos consolidados y, en ese punto, esperan ganarse un espacio importante dentro de la comunidad de escritorio Linux.

Wayback: unir el mundo X11 con Wayland en el escritorio Linux

Mientras Orbitiny se centra en ofrecer una experiencia de usuario distinta, otro proyecto, Wayback, apunta directamente a uno de los debates más importantes del escritorio Linux: el salto definitivo de X11 a Wayland. Su objetivo es permitir que escritorios y gestores de ventanas pensados para X11 puedan seguir funcionando, pero sobre una base Wayland moderna.

Según se describe en su documentación, Wayback actúa como una capa de compatibilidad con X11 que corre sobre Wayland. Técnicamente se trata de un compositor Wayland que se coloca por delante de XWayland, implementando lo justo para que XWayland pueda funcionar como si fuese un servidor X tradicional, pero con Wayland debajo haciendo de soporte.

La consecuencia práctica es que entornos de escritorio que dependen fuertemente de X11 podrían ejecutarse sobre un sistema Wayland sin tener que reescribir todo su código. Esto resulta especialmente atractivo para proyectos pequeños que no tienen recursos para una migración completa pero tampoco quieren quedarse anclados en una pila gráfica que va perdiendo protagonismo.

Wayback se basa en wlroots, la biblioteca usada por muchos compositores Wayland ligeros, lo que le permite apoyarse en tecnologías ya probadas dentro de la comunidad. Es un software todavía muy joven, catalogado como altamente experimental, por lo que no se recomienda utilizarlo en entornos de producción donde la estabilidad sea crítica.

Aun así, el interés que genera es notable: el proyecto ha pasado a formar parte de freedesktop.org, la organización que agrupa tecnologías clave del escritorio Linux como Xorg, Wayland, Mesa, NetworkManager o PipeWire. Ese respaldo le da cierto peso y sugiere que podría jugar un papel importante en la transición de muchos escritorios hacia Wayland en los próximos años.

El escritorio Linux entre X11, Wayland y la evolución del ecosistema

Wayback también tiene un componente simbólico. Su logo recuerda claramente al de Xorg, pero sustituyendo la «X» por una «W», una referencia directa tanto a Wayland como al propio nombre del proyecto. Algunos miembros de la comunidad lo han interpretado como una especie de respuesta técnica y conceptual a XLibre, la bifurcación de Xorg que intenta prolongar la vida de X11 frente al avance de Wayland.

Mientras tanto, los grandes entornos ya van marcando el rumbo: GNOME ha abandonado su sesión basada en Xorg, y KDE tiene planes para hacer algo similar a partir de una futura versión de Plasma (en la rama 6.x). Esta tendencia empuja a que cada vez más distribuciones ofrezcan Wayland como opción por defecto para el escritorio, especialmente en equipos de sobremesa y portátiles modernos.

En este contexto, herramientas como Wayback pueden ayudar a que aplicaciones y escritorios heredados no se queden fuera de juego. El protocolo Wayland no siempre es sencillo de implementar, y proyectos como Wine o ciertos gestores de ventanas han encontrado trabas serias a la hora de portar su código. Una capa que amortigüe ese salto puede marcar la diferencia para mantener la diversidad que caracteriza al escritorio Linux.

El desarrollo de Wayback avanza todavía a un ritmo prudente y sus responsables dejan claro que, por ahora, se trata más de un campo de pruebas que de una solución completamente madura. Sin embargo, si logra estabilizarse, podría convertirse en una pieza estratégica para quienes quieran adoptar Wayland sin renunciar a escritorios X11 con los que llevan años cómodos.

Cuota de uso y madurez: el escritorio Linux gana terreno

Mientras aparecen nuevos proyectos de escritorio, el uso de Linux en ordenadores personales también aumenta. Diversos datos apuntan a que, entre 2022 y 2025, la cuota mundial en equipos de sobremesa ha pasado de cifras cercanas al 2,7% a valores en torno al 4,7%, con algunos mercados, como el estadounidense, superando el 5% por primera vez.

Entre los factores que impulsan este crecimiento está el descontento de parte de los usuarios de Windows con cambios recientes, incluyendo la integración agresiva de funciones de inteligencia artificial, la aparición de más elementos basados en tecnologías web dentro del sistema y la sensación de un mayor empuje hacia modelos de suscripción. Frente a eso, el escritorio Linux ofrece un control más directo sobre el entorno y menos dependencia de servicios en la nube propiedad de terceros.

El avance en compatibilidad con juegos y aplicaciones gráficas también ha pesado en esta tendencia. Tecnologías como Proton y proyectos estrechamente ligados a Steam han ampliado de forma notable el catálogo de títulos jugables en Linux, algo que hace unos años habría sonado bastante optimista. El entorno de escritorio ya no se percibe solo como una opción para servidores o equipos de desarrollo, sino también para ocio y uso generalista.

En paralelo, el ecosistema se refuerza en términos de seguridad y estabilidad. La integración de Rust en partes críticas del kernel, la adopción de distribuciones inmutables y la mejora de las prácticas de suministro de software (con mayor uso de SBOM y firmas verificables, impulsadas en parte por regulaciones europeas) repercuten directamente en la fiabilidad que se espera de un escritorio moderno.

Todo esto contribuye a que el escritorio Linux se perciba cada vez más como una alternativa realista para un público amplio, también en entornos profesionales de Europa y España, donde las exigencias de cumplimiento normativo y seguridad van ganando peso.

Entornos y sabores: Kubuntu, Xubuntu y Lubuntu para cada tipo de equipo

Más allá de proyectos concretos como Orbitiny o Wayback, el usuario se encuentra con un abanico de entornos de escritorio consolidados empaquetados en distintas distribuciones. Un ejemplo claro es la familia derivada de Ubuntu, que ilustra bien cómo el escritorio Linux se adapta al hardware disponible y a los gustos de cada persona.

Ubuntu actúa como base común, pero según el entorno de escritorio elegido se dan sabores como Kubuntu, Xubuntu o Lubuntu. Todos comparten el mismo sistema subyacente y repositorios de software, pero cambian por completo la capa gráfica y, con ella, el consumo de recursos, la estética y el modo de interactuar con el sistema.

Lubuntu se orienta a equipos muy modestos o antiguos. Utiliza el entorno LXQt, que combina elementos de LXDE y Razor-qt, y apuesta por una interfaz sencilla, con muy pocos efectos visuales y un consumo mínimo de recursos. Gracias a ello, puede funcionar con requisitos tan básicos como 2 GB de RAM y unos 25 GB de espacio en disco, devolviendo la utilidad a ordenadores que con sistemas más pesados se quedarían prácticamente inservibles.

En un punto intermedio se sitúa Xubuntu, que hace uso del escritorio Xfce. Este entorno ofrece un equilibrio interesante entre rendimiento y capacidad de personalización, con un aspecto que no se aleja demasiado del escritorio clásico de Ubuntu basado en GNOME, pero con una carga menor sobre la máquina. A pesar de ser ligero, permite ajustar temas, widgets y otros elementos gráficos, y mantiene compatibilidad con los repositorios de Ubuntu, de manera que el usuario tiene a su alcance un catálogo amplio de software.

En el extremo más completo encontramos Kubuntu, que incorpora KDE Plasma. Este escritorio se caracteriza por su aspecto moderno y por brindar muchísimas opciones de configuración visual y funcional. No es tan frugal como Lubuntu o Xubuntu, y se siente más cómodo con al menos 4 GB de RAM, pero a cambio ofrece una experiencia rica en detalles, integración con aplicaciones propias del proyecto KDE (como el gestor de archivos Dolphin) y funciones como KDE Connect para sincronizar el teléfono con el ordenador.

La existencia de estos sabores demuestra hasta qué punto el escritorio Linux puede ajustarse al contexto: desde un portátil antiguo que se rescata con un entorno mínimo hasta un sobremesa moderno donde se busca un aspecto pulido y funciones avanzadas, siempre manteniendo la base de software común y la filosofía de libertad del ecosistema.

Con proyectos como Orbitiny aportando nuevas capas sobre escritorios ya establecidos, Wayback tratando de tender puentes entre X11 y Wayland, y distribuciones que afinan sus entornos según el tipo de usuario y de hardware, el escritorio Linux se consolida como un terreno en plena efervescencia, en el que conviven innovación, tradición y un interés creciente por parte de quienes buscan un sistema más abierto y controlable para trabajar, jugar o simplemente navegar con cierta tranquilidad.

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