
Los exotrajes y exoesqueletos para rehabilitación están cambiando de arriba abajo la forma de abordar la neurorrehabilitación y el daño motor. Lo que hace unos años sonaba a ciencia ficción hoy es una realidad en clínicas, hospitales y centros de investigación de todo el mundo, ayudando a personas con lesión medular, ictus, enfermedades neurodegenerativas o daño cerebral a ponerse de pie, volver a caminar y recuperar funciones que parecían perdidas.
Lejos de ser solo un “robot que ayuda a caminar”, un exoesqueleto clínico es un dispositivo médico complejo, regulado, validado y probado desde el punto de vista biomecánico, clínico y de seguridad. A lo largo de este artículo vamos a desgranar, con un lenguaje claro y cercano, qué son estos exotrajes, cómo funcionan, qué beneficios aportan, qué riesgos y limitaciones tienen, qué exige la normativa para poder usarlos con pacientes y cómo se están utilizando ya en centros punteros en España y a nivel internacional.
Qué es un exoesqueleto o exotraje para rehabilitación
Un exoesqueleto de rehabilitación es, en esencia, un dispositivo robótico portátil que se ajusta al cuerpo del paciente y que tiene como finalidad terapéutica asistir, guiar o amplificar el movimiento, especialmente durante la marcha y otras tareas funcionales. Se coloca normalmente en las extremidades inferiores y la zona pélvica, aunque existen modelos para miembros superiores y tronco.
En el caso de los exotrajes para caminar sobre el suelo (no solo sobre cinta o pasillo suspendido), el sistema se compone de estructuras de soporte en muslos, piernas y pelvis, articulaciones robóticas en caderas, rodillas y, en algunos modelos, tobillos, así como una serie de correas y almohadillas que fijan el equipo al cuerpo de forma segura pero confortable.
Estos sistemas incorporan motores y actuadores eléctricos que generan el movimiento articular y acompañan o impulsan la marcha. La electrónica de control recibe información continua de un conjunto de sensores y, mediante algoritmos avanzados, determina cómo y cuándo mover cada articulación para reproducir un patrón de marcha fisiológico y repetible.
El exoesqueleto suele alimentarse mediante baterías recargables integradas en la propia estructura o en una pequeña mochila. La autonomía típica en uso clínico intensivo ronda entre 3 y 4 horas, por lo que su gestión forma parte de la planificación de las sesiones.
Para iniciar la marcha o cambiar de fase (sentado-de pie, de pie-sentado, giro, etc.), diferentes modelos utilizan estrategias de control variadas: detección del cambio de peso del usuario, activación mediante contracción muscular voluntaria, pulsación de botones en un mando o muleta, o incluso comandos enviados por el terapeuta a través de una interfaz.
Componentes clave de un exotraje de rehabilitación
El corazón de estos dispositivos es una combinación muy bien pensada de mecánica, electrónica, sensores y software. Aunque cada fabricante tiene su propio diseño, en la mayoría encontramos elementos comunes.
Por un lado está la estructura mecánica ligera y resistente, fabricada con aleaciones de aluminio, titanio, aceros especiales o polímeros de alta resistencia. Esta estructura debe aguantar miles de ciclos de carga y descarga, distribuir el peso de manera adecuada y adaptarse a distintas estaturas y proporciones corporales, todo ello sin resultar excesivamente pesada para el paciente.
En las articulaciones se alojan motores, actuadores y reductores que convierten la energía eléctrica en movimiento controlado. Su tarea es reproducir de forma secuencial los movimientos de cadera y rodilla necesarios para la marcha, ajustando velocidad, amplitud y secuencia temporal de cada paso para que el patrón sea lo más natural posible, pero también constante y repetitivo, algo esencial para la reeducación neuromuscular.
Los sensores integrados registran información crítica: ángulos de las articulaciones, velocidad, aceleraciones, carga en cada pierna, desplazamiento del centro de masas, actividad de botones de mando, etc. En algunos entornos de investigación también se integran sensores inerciales adicionales o sistemas externos de captura de movimiento para afinar aún más el análisis.
La unidad de control y el software aplican algoritmos de control motor y, cada vez más, de inteligencia artificial que interpretan la intención del usuario y ajustan en tiempo real el nivel de asistencia. Esto permite, por ejemplo, que el exoesqueleto “ayude más” cuando el paciente se fatiga, o reduzca la asistencia cuando empieza a generar más fuerza por sí mismo.
Finalmente, no hay que olvidar los elementos de sujeción y confort: correas acolchadas, soportes de cadera y muslo, plantillas y carcasas que reparten presiones y minimizan el riesgo de rozaduras o heridas, algo crítico en personas con sensibilidad reducida o riesgo de úlceras por presión.
Diferencias entre exoesqueletos médicos, industriales y de entretenimiento
Cuando hablamos de exotrajes no todo vale para todo. Existen diferencias importantes entre un exoesqueleto de uso clínico, uno pensado para la industria o aquellos orientados a ocio y gaming.
Los exoesqueletos médicos o de rehabilitación se diseñan y regulan como dispositivos médicos bajo el Reglamento (UE) 2017/745 (MDR) cuando su finalidad es terapéutica. Deben demostrar seguridad, rendimiento clínico y beneficios para la salud del paciente; por tanto, se someten a ensayos técnicos y evaluación clínica rigurosa, así como a seguimiento postcomercialización.
En el ámbito industrial encontramos exoesqueletos destinados a asistir tareas físicas y prevenir lesiones laborales, por ejemplo en fábricas, logística o construcción. Su objetivo principal no es rehabilitar, sino reducir la carga sobre la espalda, hombros o piernas, mejorar la ergonomía y disminuir el riesgo de trastornos musculoesqueléticos.
También existen exoesqueletos y exotrajes para entretenimiento, realidad virtual y experiencias inmersivas. Aquí el foco está en aumentar la sensación de presencia y en reproducir fuerzas o resistencias que hagan más realista un videojuego o simulación, sin necesariamente tener una finalidad clínica o preventiva.
La diferencia clave es que los exoesqueletos médicos deben cumplir requisitos normativos mucho más estrictos (MDR, gestión de riesgos, evaluación clínica, etc.), así como someterse a validaciones biomecánicas y ensayos con usuarios en contexto de salud, mientras que los demás dispositivos se mueven en marcos regulatorios de seguridad de productos diferentes.
Aplicaciones clínicas de los exotrajes en neurorrehabilitación
En neurorrehabilitación, los exoesqueletos han abierto una puerta muy potente para volver a entrenar la marcha en personas con graves limitaciones de movilidad. Ya no se trata solo de caminar sujeto a un arnés sobre una cinta, sino de desplazarse sobre el suelo, en espacios reales, lo que cambia por completo la experiencia del paciente.
En centros como la Clínica Teknon de Barcelona, con la unidad de neurorrehabilitación de Traumaunit dirigida por el Dr. Pablo Peret, o en hospitales especializados en daño cerebral, los exoesqueletos se integran dentro de programas terapéuticos personalizados para lesión medular, ictus, esclerosis múltiple, Parkinson u otras enfermedades neurológicas y neuromusculares.
En estos protocolos, el exoesqueleto no actúa en solitario, sino como una ayuda técnica avanzada más dentro de un abanico que incluye sillas de ruedas bien ajustadas, bastones, muletas, andadores, férulas, ortesis para tobillo, rodilla o cadera, y otros sistemas de apoyo a la deambulación.
El objetivo global de la neurorrehabilitación es lograr la máxima autonomía posible con la mínima dependencia de ayudas técnicas, pero muchas veces es precisamente el uso inteligente de estas ayudas, incluido el exoesqueleto, lo que permite acelerar la recuperación, mejorar la seguridad de la marcha y potenciar la plasticidad neuronal.
Un punto clave es contar con un equipo multidisciplinar muy formado y coordinado (médicos rehabilitadores, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, ingenieros clínicos, ortopedias especializadas), capaz de valorar qué pacientes se benefician de un exotraje, cuándo introducirlo y cómo combinarlo con otras intervenciones.
Lesión medular y marcha asistida por exoesqueletos
Las personas con lesión de la médula espinal (LME) han sido uno de los colectivos en los que más se ha investigado y aplicado la marcha asistida por exoesqueleto (CAE). Con estos dispositivos, muchos pacientes con paraplejia han podido volver a ponerse de pie y dar pasos sobre el suelo, bajo supervisión, algo impensable con las terapias tradicionales en algunos casos.
Caminar con un exoesqueleto supone para la LME mucho más que “desplazarse”: contribuye a reducir el tiempo y las dificultades en el cuidado intestinal, mejorar la eficacia de las evacuaciones y favorecer el tránsito, gracias al movimiento y a la bipedestación repetida.
La CAE también se ha asociado con disminución del dolor crónico y de la espasticidad en determinados pacientes, mejoras en la función cardiovascular y respiratoria, incremento del gasto calórico, reducción de grasa corporal y aumento o mantenimiento de la densidad ósea al someter los huesos de las piernas a carga de peso.
A nivel psicológico, poder levantarse de la silla y caminar, aunque sea con ayuda, tiene un impacto enorme en la autoestima, la confianza y la motivación para continuar con la rehabilitación y participar en actividades sociales. Muchos usuarios expresan que recuperan “la sensación de estar de pie en el mundo”.
Eso sí, la mayor parte de la evidencia disponible procede de estudios con muestras relativamente pequeñas, por lo que la comunidad científica insiste en la necesidad de seguir investigando qué dosis de entrenamiento, qué frecuencia y qué perfiles de paciente se benefician más para poder hacer recomendaciones más finas.
Rehabilitación tras ictus, daño cerebral y enfermedades neurodegenerativas
Más allá de la lesión medular, los exotrajes se están utilizando en ictus, traumatismo craneoencefálico y otras formas de daño cerebral adquirido, donde suelen existir déficits de fuerza, coordinación, equilibrio y control postural, muchas veces en un solo lado del cuerpo.
En estos casos, el exoesqueleto ayuda a reentrenar la marcha simétrica y funcional, guiando el movimiento del miembro más afectado y permitiendo que el paciente practique una y otra vez un patrón correcto, sin depender por completo de la fuerza manual del fisioterapeuta.
En patologías como esclerosis múltiple o enfermedad de Parkinson, que cursan con pérdida progresiva de movilidad, rigidez, fatiga o alteraciones de la marcha, se están explorando programas de entrenamiento con exoesqueletos orientados tanto a mantener la función el máximo tiempo posible como a mejorar la estabilidad y reducir el riesgo de caídas.
Gracias a la asistencia mecánica externa, muchos pacientes consiguen mantener la autonomía en actividades de la vida diaria durante más tiempo, retrasar la necesidad de ayudas más invasivas y experimentar una sensación de control mayor sobre su propio cuerpo.
A nivel neurofisiológico, todo este entrenamiento repetitivo y guiado contribuye a potenciar la plasticidad neuronal: la capacidad del cerebro para reorganizarse, crear nuevas conexiones y readaptar circuitos motores tras una lesión o ante un proceso degenerativo.
Beneficios biomecánicos, fisiológicos y psicológicos
Uno de los grandes puntos fuertes de los exotrajes es su capacidad para reproducir un patrón de marcha biomecánicamente correcto y constante, algo que a mano es muy difícil conseguir sesión tras sesión. Esta repetición de calidad es oro puro para la reeducación neuromuscular.
Cuando el exoesqueleto guía la marcha, el paciente recibe un input propioceptivo muy rico: sensaciones articulares, de carga, de posición de piernas y pies en cada fase del apoyo. Esa información viaja al sistema nervioso central y ayuda a reforzar los esquemas motores deseados.
La bipedestación y la marcha asistida aportan además múltiples beneficios sistémicos: mejoran el retorno venoso y la circulación, favorecen el metabolismo óseo al someter el esqueleto a carga, estimulan el tránsito intestinal y ayudan a prevenir complicaciones asociadas a la inmovilidad prolongada.
Desde el punto de vista metabólico, el uso regular del exoesqueleto supone un ejercicio de intensidad moderada a alta para muchas personas con LME u otras patologías, contribuyendo al control del peso, la composición corporal y la capacidad cardiorrespiratoria.
En el plano emocional, levantarse, mirar a los demás a la altura de los ojos y poder dar pasos supone un poderoso refuerzo psicológico. Muchos pacientes describen una mejora clara de su estado de ánimo, reducción de la sensación de dependencia y una ganancia notable de motivación para seguir trabajando en su rehabilitación.
Cómo funcionan los exotrajes durante la marcha
Durante una sesión típica, el usuario se coloca el exoesqueleto con ayuda de un terapeuta o acompañante entrenado, se ajustan las dimensiones y los puntos de contacto para que el encaje sea seguro y cómodo, y se realiza una comprobación previa de todos los sistemas.
Para iniciar el paso, el dispositivo puede requerir que el paciente desplace el peso hacia una pierna, que pulse un botón en la muleta o el andador, o que el terapeuta active un comando. A partir de ahí, los motores de cadera y rodilla ejecutan la secuencia de movimientos programada para la fase de oscilación y apoyo.
El control del equilibrio se apoya a menudo en el uso de andador o muletas, salvo en algunos modelos de investigación que permiten marcha sin estos apoyos. El entrenamiento incluye aprender a cambiar de sentido, detenerse, volver a sentarse de manera controlada y gestionar la fatiga.
En muchos sistemas, si el usuario no sigue el patrón de marcha previsto, ofrece demasiada resistencia o se produce una perturbación inesperada, el exoesqueleto bloquea los motores o entra en un modo seguro para evitar movimientos incontrolados.
Dominar el uso de un exotraje no se hace en un día: la experiencia clínica indica que suelen ser necesarias entre 12 y 24 sesiones de entrenamiento, de 30 a 120 minutos, para manejarlo con fluidez suficiente como para plantearse su uso domiciliario en determinados modelos.
Quién puede utilizar un exoesqueleto de rehabilitación
No todas las personas con problemas de marcha son candidatas a usar un exoesqueleto; es imprescindible una valoración individualizada por parte del equipo médico y de fisioterapia. Hay requisitos físicos y médicos que se deben cumplir por seguridad.
En el lado físico, se exige que el nivel de lesión o afectación esté dentro de los rangos aprobados para el modelo concreto (por ejemplo, T3 e inferiores para uso personal en LME, C7 e inferiores para entrenamiento clínico), así como una altura y peso compatibles: la mayoría de exoesqueletos están pensados para personas entre 160 y 190 cm y menos de 100 kg.
También se requiere un rango de movimiento adecuado en hombros, caderas, rodillas y tobillos, de manera que el dispositivo pueda ajustarse sin generar palancas peligrosas o puntos de presión excesiva. Y es importante que la longitud de ambas piernas sea muy similar para que no haya descompensaciones que aumenten el riesgo de lesiones.
En muchos casos se necesita que el usuario tenga buen control de brazos y manos para manejar muletas o andador, mantener el equilibrio y colaborar en las transiciones sentado-de pie. Algunos modelos experimentales permiten marcha sin apoyos, pero hoy por hoy lo habitual es que haya bastones o andador de por medio.
Además, la persona debe ser capaz de comprender las instrucciones del entrenador y seguirlas con precisión. El trabajo con el exotraje requiere coordinación, atención y capacidad para adaptarse al ritmo impuesto por el sistema; si esto no se cumple, aumenta el riesgo de paradas constantes o incluso de caídas.
Requisitos y contraindicaciones médicas
Desde el punto de vista médico, el entrenamiento con exoesqueleto implica un esfuerzo relevante, por lo que es fundamental tener una capacidad cardíaca y pulmonar suficiente para tolerar un ejercicio de moderado a intenso. El médico puede solicitar pruebas específicas de esfuerzo si hay dudas.
No deben existir heridas abiertas, úlceras por presión, rozaduras o lesiones cutáneas en las zonas donde el exoesqueleto hace contacto (coxix, caderas, rodillas, pies), ya que la fricción repetida las podría agravar seriamente.
La presencia de coágulos de sangre sin tratar (trombosis) en extremidades inferiores es una contraindicación clara, porque la movilización de la pierna podría desprender el coágulo y provocar una embolia pulmonar, un ictus o un evento cardíaco grave. Incluso si se está en tratamiento anticoagulante, el riesgo de sangrado tras una caída es mayor, por lo que hay que extremar la prudencia.
El embarazo es otra situación en la que no se recomienda el uso de exoesqueletos, tanto por el riesgo de caída como por las limitaciones físicas para encajar el dispositivo a medida que avanza la gestación.
También se debe valorar el riesgo de hipotensión ortostática en personas que se marean o se desmayan al ponerse de pie. En estos casos, se pueden utilizar medias de compresión, fajas abdominales, medicación específica o mesas basculantes para ir acostumbrando al cuerpo antes de pasar al exotraje.
La espasticidad severa (espasmos musculares intensos e incontrolados) dificulta enormemente encajar el dispositivo y puede impedir que los motores funcionen correctamente, ya que muchos exoesqueletos tienen sistemas de seguridad que bloquean el movimiento cuando detectan una resistencia excesiva.
Por último, resulta crucial descartar osteoporosis grave o fracturas no consolidadas en las extremidades inferiores. La marcha con carga puede provocar roturas en huesos muy frágiles, por lo que a veces se requiere una densitometría ósea o pruebas de imagen adicionales antes de iniciar el programa.
Riesgos y limitaciones de la marcha asistida por exoesqueletos
Como cualquier intervención con cierto nivel de complejidad, la CAE no está exenta de riesgos potenciales. El principal es la caída, con las consiguientes consecuencias: esguinces, golpes, contusiones, traumatismos craneales o fracturas óseas.
Si el dispositivo no se ajusta correctamente, puede causar irritaciones, abrasiones o incluso úlceras por presión en zonas de apoyo, especialmente en personas con sensibilidad reducida. Por eso la vigilancia del estado de la piel durante y después de cada sesión es obligatoria.
En pacientes con LME a nivel T6 o superior existe el riesgo de disreflexia autonómica, una respuesta exagerada del sistema nervioso ante estímulos nocivos por debajo del nivel de la lesión que puede causar una subida brusca de tensión arterial y otros síntomas peligrosos. Cualquier molestia producida por el exoesqueleto, aunque el paciente no la sienta, puede ser el detonante.
Desde el punto de vista funcional, hay que entender que la CAE no siempre conduce a una marcha independiente sin dispositivos; en muchos casos el objetivo es mejorar la salud, la función y la calidad de vida, más que abandonar por completo la silla de ruedas.
Otra limitación importante es el costo elevado de los dispositivos y de la formación necesaria, lo que hace que por ahora pocas aseguradoras o sistemas públicos financien la compra para uso domiciliario, y que el acceso se concentre sobre todo en centros de referencia o proyectos de investigación.
En términos prácticos, los exoesqueletos actuales son pesados, voluminosos y con ciertas restricciones: velocidad de marcha inferior a la normal, dificultades para girar, incompatibilidad con escaleras en la mayoría de modelos, necesidad de superficies amplias y relativamente lisas, y batería limitada a unas pocas horas de uso.
Además, en la gran mayoría de casos el dispositivo debe utilizarse siempre acompañado de una persona entrenada que pueda asistir en caso de caída, pérdida de equilibrio o fallo técnico, lo que limita la espontaneidad de su uso en el día a día.
Normativa, ensayos técnicos y validación clínica
Los exoesqueletos destinados a rehabilitación clínica y asistencia terapéutica se consideran dispositivos médicos regulados bajo el MDR 2017/745. Esto implica demostrar que el producto es seguro y ofrece el rendimiento previsto mediante un programa completo de ensayos, evaluación clínica y seguimiento posterior.
Desde el punto de vista técnico, los fabricantes deben superar ensayos de resistencia estructural y fatiga que garanticen la durabilidad de las articulaciones, los actuadores y la estructura incluso tras miles o millones de ciclos de uso intensivo.
También se realizan ensayos de carga y distribución de peso para analizar cómo el dispositivo traslada fuerzas a las extremidades y la columna, y así evitar sobrecargas en rodilla, cadera o zona lumbar que podrían dañar al usuario.
Los ensayos de estabilidad evalúan el comportamiento del sistema ante desequilibrios, empujes inesperados o cambios bruscos de postura. Se comprueba que la combinación de estructura, software de control y apoyos externos responde de forma segura en condiciones realistas.
Por otra parte, se estudia el confort térmico y la ergonomía: puntos de presión, acumulación de calor, adaptabilidad a diferentes morfologías, facilidad de colocación y retirada, etc. Todo ello influye tanto en la seguridad como en la aceptación por parte del paciente.
A nivel clínico, son necesarios estudios con usuarios reales que midan resultados en movilidad, independencia, parámetros fisiológicos y calidad de vida, así como la aparición de efectos adversos. La literatura científica ya recoge ensayos aleatorizados, revisiones sistemáticas y estudios cualitativos que documentan la experiencia con exoesqueletos en LME y otras patologías.
Análisis biomecánico avanzado y papel de la inteligencia artificial
La validación y optimización de un exotraje moderno requiere ir más allá de los ensayos estáticos. Por eso, centros como Med-Lab IBV utilizan técnicas avanzadas de análisis del movimiento para estudiar en detalle cómo interactúa el dispositivo con el cuerpo durante la marcha real.
Mediante sistemas de captura de movimiento tridimensional (3D), se registra la trayectoria de las extremidades, la simetría del paso, la amplitud articular y posibles compensaciones (por ejemplo, basculaciones de cadera excesivas o movimientos anómalos de tronco) inducidas por el exoesqueleto.
Con plataformas de fuerza y sensores inerciales se calculan fuerzas y momentos articulares en tobillo, rodilla, cadera y columna, cuantificando las cargas que soportan las estructuras anatómicas y comprobando que se mantienen dentro de márgenes seguros.
La electromiografía de superficie (EMG) permite analizar la actividad muscular durante el uso del exoesqueleto, identificando si la asistencia del dispositivo reduce la fatiga, si se activan los músculos adecuados o si aparecen patrones de activación indeseables que habría que corregir.
Además, se valoran parámetros de control motor y estabilidad postural, verificando que los algoritmos de control del exoesqueleto responden correctamente a perturbaciones reales (pequeños tropiezos, cambios de velocidad, giros) y ayudan al paciente a mantener el equilibrio.
La incorporación progresiva de inteligencia artificial y aprendizaje automático permite que el dispositivo “aprenda” del propio usuario: ajusta en tiempo real el nivel de ayuda, la rigidez de las articulaciones robóticas o la longitud del paso en función del rendimiento, lo que abre la puerta a terapias cada vez más personalizadas.
Experiencias clínicas destacadas y modelos concretos
En España ya hay centros que pueden considerarse referencia en el uso clínico de exoesqueletos. En la Clínica Teknon de Barcelona, a través de Traumaunit, la neurorrehabilitación con exoesqueletos forma parte de un abordaje integral del paciente con lesión neurológica, combinando fisioterapia convencional, robotizada y ayudas técnicas personalizadas.
En el ámbito del daño cerebral, hospitales especializados trabajan con modelos como el exoesqueleto de miembros inferiores HANK, desarrollado por GOGOA. Este sistema destaca por ofrecer un patrón de marcha constante, algo que resulta difícil conseguir de forma manual y que está demostrando mejoras claras en la reeducación de las distintas fases del paso.
Los primeros resultados clínicos con HANK apuntan a reducciones significativas en el tiempo necesario para alcanzar objetivos comparado con la rehabilitación tradicional, así como a mejoras adicionales en la calidad del patrón de marcha respecto a las terapias clásicas.
Más allá del entorno clínico, empresas como GOGOA se posicionan como líderes en diseño, desarrollo y comercialización de exoesqueletos MedTech, integrando en el mismo ecosistema el diseño de producto, la terapia y un moderno laboratorio de investigación donde se prueba y rediseña continuamente la tecnología en base a la experiencia real de pacientes y profesionales.
A nivel internacional, dispositivos como Ekso Bionics o los exoesqueletos personales aprobados por la FDA están permitiendo que algunos usuarios lleven el exotraje a su hogar. En Estados Unidos, incluso el Departamento de Asuntos de Veteranos contempla la financiación de estos sistemas para veteranos con LME que cumplan criterios y superen la formación requerida.
Acceso, programas de entrenamiento y futuro de los exotrajes
Para empezar a utilizar un exoesqueleto, la puerta de entrada habitual es un programa de rehabilitación hospitalaria o ambulatoria donde exista un equipo formado y un protocolo claro. A veces el uso comienza en la fase subaguda, mientras el paciente aún está ingresado, y se continúa luego en régimen ambulatorio.
Fuera del entorno clínico, algunos modelos permiten el uso domiciliario supervisado una vez que el usuario ha completado un entrenamiento extenso y ha demostrado manejar el dispositivo con seguridad, siempre acompañado de un familiar o asistente entrenado.
Para adquirir un exoesqueleto personal, suele ser necesario que un proveedor sanitario cualificado realice la evaluación y coordine la prescripción, valorando también opciones de financiación a través de seguros, sistemas públicos, programas específicos (como los de veteranos) o incluso campañas de recaudación de fondos y subvenciones.
En cuanto al futuro, todo apunta a que veremos exotrajes más ligeros, cómodos y asequibles, con baterías de mayor duración, sensores más sofisticados y una integración creciente con realidad virtual e inteligencia artificial para crear entornos inmersivos de entrenamiento y terapias ultra personalizadas.
La tendencia es que tanto hospitales como centros de rehabilitación privados incorporen cada vez más esta tecnología en sus protocolos, apoyados en laboratorios biomecánicos de referencia que garanticen la seguridad, la eficacia y la adecuada certificación bajo la normativa MDR. Con la madurez del sector y la acumulación de evidencia clínica, los exotrajes para rehabilitación se consolidan como una de las herramientas más prometedoras para mejorar la movilidad, la salud global y la calidad de vida de las personas con lesión neurológica y trastornos musculoesqueléticos complejos.