
El anuncio de que Tesla dejará de fabricar los Model S y Model X para redirigir sus recursos hacia la robótica humanoide ha supuesto un auténtico punto de inflexión en la estrategia de la compañía de Elon Musk. Los dos modelos que dieron fama mundial a la marca como referencia del coche eléctrico premium ceden ahora el protagonismo a Optimus, el robot humanoide con el que Tesla quiere liderar la llamada “IA física”.
Este movimiento, que se enmarca en un contexto de caída de beneficios, presión competitiva y cambios en la demanda de vehículos eléctricos, redefine la naturaleza de Tesla: de fabricante de coches a empresa tecnológica centrada en inteligencia artificial, automatización y vehículos autónomos. No es un giro menor, y en Europa y España se sigue muy de cerca su impacto en el mercado y en la evolución futura de la movilidad.
Adiós a los Model S y X: fin de una era en Tesla
El propio Elon Musk confirmó que la producción de los Model S y Model X se reducirá drásticamente durante el próximo trimestre hasta detenerse por completo. Quienes quieran hacerse con una de estas berlinas o SUV de alta gama deberán darse prisa, porque Tesla no contempla mantenerlos en catálogo a medio plazo, aunque sí ha prometido seguir ofreciendo soporte y servicio a los propietarios mientras conserven sus vehículos.
Los Model S (lanzado en 2012) y Model X (2015) fueron los encargados de demostrar que un coche eléctrico podía ser rápido, tecnológico y deseable, y ayudaron a que el vehículo eléctrico dejara de ser algo exótico. Sin embargo, con el paso de los años han quedado relegados a un papel más residual frente a los Model 3 y Model Y, bastante más asequibles y mucho más vendidos en todo el mundo, también en Europa.
En mercados como el español, donde el precio sigue siendo una barrera clara para la adopción del coche eléctrico, estos modelos de lujo, con tarifas que rondaban o superaban los 95.000-100.000 dólares (y equivalentes en euros con impuestos), encajaban solo en nichos muy concretos. La apuesta principal de Tesla ya hace tiempo que se centra en los segmentos medio y alto pero no ultralujo, y la compañía ha decidido cortar por lo sano con dos productos que aportaban imagen, pero poca tracción en ventas.
La producción ya había dado señales de agotamiento. En los últimos años, las unidades fabricadas y entregadas de Model S y Model X fueron muy inferiores a las de sus hermanos más económicos, en un contexto en el que los costes de producción y las exigencias de inversión en nuevas tecnologías apretaban cada vez más los márgenes.
La fábrica de Fremont se transforma: de coches de lujo a robots Optimus
El núcleo del cambio está en la planta de Fremont, California, una de las instalaciones más emblemáticas de la compañía. Tesla ha comunicado que se desmontarán las líneas de montaje de los Model S y X para reconvertir la fábrica en un centro dedicado casi en exclusiva a la producción a escala de robots humanoides Optimus.
Optimus es el proyecto estrella de Musk en el terreno de la robótica. La compañía ya ha mostrado prototipos y demostraciones internas, pero el plan ahora es dar el salto a una fabricación industrial masiva, con la vista puesta en que estos robots puedan trabajar tanto en entornos industriales como, a largo plazo, en tareas de logística, servicios o incluso uso doméstico. La fábrica de Fremont se convertirá, en la práctica, en el laboratorio real donde se ponga a prueba esa ambición.
Según Musk, los próximos meses serán clave porque se espera la presentación de una nueva iteración, popularmente conocida como “Optimus 3”. Este modelo pretende destacar por su capacidad de aprendizaje: la idea es que pueda adquirir habilidades observando vídeos o demostraciones, apoyándose en los mismos avances de visión por computador y redes neuronales que Tesla utiliza para la conducción autónoma.
Esta apuesta se inscribe en lo que el propio CEO y parte de la industria califican como “IA física”: inteligencia artificial aplicada al mundo real, más allá de los chatbots o el software en pantalla. Es, en teoría, el siguiente paso tras la automatización del vehículo, y convierte a Tesla en un actor directo en la carrera por los robots humanoides, un ámbito donde compañías de Estados Unidos, Asia y Europa están invirtiendo cantidades cada vez mayores.
De fabricante de coches a empresa de IA y robotaxis
La reorientación no se limita solo a los robots humanoides. Tesla lleva tiempo defendiendo que su valor real está en el software de conducción autónoma, los robotaxis y la IA, más que en el simple hecho de vender coches. El anuncio de la retirada de los Model S y X se produjo en la misma llamada con analistas en la que Musk insistió en que el futuro de la compañía pasa por los vehículos totalmente autónomos y por flotas de robotaxis que puedan operar sin conductor.
En Estados Unidos, Tesla ya ha empezado a probar servicios de robotaxi en ciudades como Austin y planea extenderse a otras áreas metropolitanas clave. La idea de Musk es que estos servicios se sostengan sobre la misma plataforma tecnológica que alimenta a Optimus: algoritmos de IA, sistemas de percepción avanzados y centros de datos diseñados para procesar enormes volúmenes de información en tiempo real.
En Europa, la expansión de este tipo de servicios será, con casi total seguridad, más lenta por la regulación mucho más estricta en materia de seguridad y protección de datos. Sin embargo, el movimiento de Tesla presiona también a las autoridades europeas y a los fabricantes tradicionales del continente, que ya trabajan en sus propios proyectos de automatización avanzada y movilidad compartida.
Musk ha sido claro en sus mensajes a los inversores: se están realizando “inversiones muy, muy grandes” en capital para sostener toda esta transición. El objetivo declarado es construir una compañía donde el grueso del valor provenga de la IA aplicada y de servicios recurrentes, y no tanto de la mera venta de vehículos, un modelo de negocio más cíclico y dependiente del contexto económico.
Inversión millonaria en xAI y el papel de Grok
Uno de los pilares de este cambio es la estrecha relación entre Tesla y xAI, la empresa de inteligencia artificial fundada también por Elon Musk. A pesar de que una parte de los accionistas mostró reservas e incluso rechazó de forma no vinculante ciertas propuestas, Tesla ha comunicado una inversión de alrededor de 2.000 millones de dólares en xAI, acompañada de un “acuerdo marco” para coordinar proyectos conjuntos.
Ese acuerdo abre la puerta a que la tecnología desarrollada por xAI se integre de forma más profunda en vehículos, robots y servicios de Tesla. Un ejemplo ya visible es el chatbot Grok, que la compañía ha empezado a incorporar en algunos coches como asistente avanzado, capaz de responder preguntas, ayudar en la navegación o gestionar funciones del vehículo mediante lenguaje natural.
Además, Tesla suministra a xAI baterías Megapack para alimentar sus centros de datos, reforzando el círculo de colaboración entre ambas. El plan pasa por utilizar las mismas infraestructuras para entrenar modelos de IA que luego se apliquen al robot Optimus, a la conducción autónoma y a otros proyectos de automatización que la empresa pueda lanzar en los próximos años.
Para Musk, todo encaja dentro de su llamado Plan Maestro, que plantea llevar la inteligencia artificial más allá de la pantalla, hacia el mundo real. En este sentido, la integración con xAI es clave para dotar de “cerebro” tanto a los coches como a los robots humanoides, algo que, si sale bien, podría tener impacto global, también en las plantas europeas de Tesla y en el despliegue de sus productos en la Unión Europea.
Un año complicado: ventas a la baja y presión de la competencia
El giro hacia la IA y la robótica llega tras un periodo complicado en lo financiero. En el último ejercicio cerrado, Tesla registró un descenso cercano al 3% en ingresos frente al año anterior y una caída todavía más acusada en sus beneficios. El margen operativo se redujo y el beneficio neto se recortó casi a la mitad, reflejando la presión sobre los costes, las rebajas de precios y las fuertes inversiones.
En cuanto a entregas globales, la compañía se quedó rondando los 1,63-1,64 millones de vehículos, lo que supone un retroceso respecto a los años previos. Pese a que sigue siendo uno de los mayores fabricantes de coches eléctricos del mundo, ya no crece al ritmo que muchos inversores esperaban, mientras rivales como BYD y otros fabricantes chinos aumentan rápidamente su presencia en mercados internacionales, incluida Europa.
En Estados Unidos se ha detectado una caída en ventas de alrededor del 7% en algunos periodos recientes, y la compañía ha tenido que recurrir a recortes de precio de modelos como el Model S y el Model X para intentar reactivar la demanda. En paralelo, ha afrontado críticas por cuestiones políticas ligadas a la figura de Musk, además del impacto del retraso y los problemas asociados a proyectos como la Cybertruck.
Esta combinación de factores ha alimentado la sensación de que Tesla se encontraba en una cierta fase de estancamiento con sus coches eléctricos, especialmente en los segmentos de mayor precio. De ahí que la decisión de abandonar los Model S y X, aunque llamativa, encaje con una estrategia de priorizar productos y servicios con mayor potencial de crecimiento a largo plazo.
El encaje del giro de Tesla en Europa y en el mercado español
Desde la óptica europea, el nuevo rumbo de Tesla plantea varias cuestiones. Por un lado, la marca seguirá siendo un referente en el mercado del coche eléctrico gracias al peso de los Model 3 y Model Y, que son los que realmente compiten en volumen con las propuestas de fabricantes alemanes, franceses, coreanos o chinos en el Viejo Continente.
Por otro lado, el foco en robótica humanoide y servicios de IA abre la puerta a que Tesla se relacione con Europa más como proveedor tecnológico que como simple fabricante de automóviles. La UE, que ya ha aprobado un marco regulatorio específico para la inteligencia artificial, tendrá que lidiar con productos como Optimus o los robotaxis desde la doble perspectiva de la innovación y la seguridad.
En países como España, donde la electrificación del parque automovilístico avanza pero aún con cierta lentitud, el impacto inmediato de que se deje de fabricar el Model S y el Model X será limitado, ya que ambos modelos jugaban un papel testimonial en matriculaciones. Lo verdaderamente relevante será ver si Tesla traslada parte de su apuesta por la IA y la automatización a las fábricas y centros que pueda tener o abrir en territorio europeo.
Además, este movimiento puede acelerar las decisiones de otros fabricantes del continente, muchos de ellos ya inmersos en proyectos de conducción autónoma y robots industriales avanzados, para reforzar sus departamentos de IA y robótica. El objetivo será no quedarse atrás frente a una Tesla que, aunque se enfrenta a desafíos, sigue marcando el ritmo en algunos de los debates clave sobre el futuro de la movilidad y la automatización.
En conjunto, el paso de centrarse menos en los coches de lujo y más en la robótica humanoide y la inteligencia artificial refleja cómo Tesla está intentando reinventarse antes de que el mercado la encorsete como un fabricante de automóviles más. La desaparición de los Model S y X deja un vacío simbólico, pero, a cambio, la compañía apuesta por convertirse en uno de los actores principales en la próxima gran batalla tecnológica: la de llevar la IA del mundo digital al mundo físico, con implicaciones que irán mucho más allá del sector del automóvil en Estados Unidos, Europa y el resto del planeta.


