
HONOR ha aprovechado el marco del Mobile World Congress de Barcelona para enseñar algo más que móviles y pantallas plegables. La firma china ha sacado a escena su primer robot humanoide, un prototipo que apunta a la próxima gran apuesta de la compañía: llevar la inteligencia artificial desde el móvil hasta el mundo físico, con máquinas capaces de moverse, percibir y reaccionar en entornos reales.
Esta presentación no llega aislada, sino acompañada del Robot Phone, un concepto de smartphone con brazo robótico y cámara de 200 megapíxeles, y del nuevo plegable Magic V6. Con este conjunto de productos, la marca dibuja una estrategia clara: consolidar un ecosistema de IA encarnada en el que teléfonos, ordenadores y robots compartan datos, contexto y aprendizaje para ofrecer experiencias más coherentes al usuario europeo.
Un humanoide como escaparate de la nueva etapa de HONOR
El humanoide mostrado en Barcelona se ha convertido en la pieza central del relato de HONOR en esta edición del MWC. Sobre el escenario del Palacio de Congresos, el robot apareció durante el evento en el que también se presentaban los nuevos plegables y el Robot Phone, reforzando el mensaje de que la empresa quiere ser vista ya como compañía de inteligencia artificial y no solo como fabricante de smartphones.
Aunque se trata aún de un proyecto conceptual sin fecha de lanzamiento ni especificaciones completas, HONOR lo ha situado como un hito dentro de su Alpha Plan, el programa de inversión en IA con el que prevé destinar miles de millones de dólares a crear un ecosistema de dispositivos conectados. La demostración en Barcelona incluyó movimientos fluidos, gestos reconocibles y hasta pequeñas coreografías, lo que permitió mostrar una cierta naturalidad en la forma de desplazarse y relacionarse con el entorno.
La compañía subraya que este primer modelo está pensado para explotar la enorme base de datos de uso que ha acumulado en móviles, tabletas y portátiles. El objetivo es trasladar ese conocimiento sobre hábitos digitales a un dispositivo físico que pueda adaptarse con rapidez a las rutinas del usuario sin partir de cero cada vez que se enciende.
Durante la presentación, directivos como James Li insistieron en que la siguiente fase de la IA pasa por combinar capacidad de cálculo con empatía y comprensión del contexto. En ese marco, el humanoide funciona como demostrador de una visión en la que las máquinas no se limitan a responder a órdenes, sino que aprenden a interactuar con las personas de forma más intuitiva.
Asistencia en compras, inspecciones laborales y tareas domésticas
HONOR ha sido prudente a la hora de detallar la ficha técnica del prototipo, pero sí ha esbozado los escenarios de uso en los que quiere situar a sus humanoides. El primero es el comercio físico: robots que puedan acompañar al cliente en tiendas o supermercados, ayudar en la toma de decisiones o incluso encargarse de parte del esfuerzo físico asociado a la compra.
En este ámbito, la compañía habla de asistencia en procesos de compra, algo tan amplio como orientar sobre productos más saludables, guiar por los pasillos, gestionar listas o transportar bolsas. La inspiración no es muy distinta de la de otros proyectos como Optimus de Tesla, pero HONOR recalca que su punto fuerte está en partir de la experiencia acumulada en dispositivos de consumo y servicios ya presentes en millones de bolsillos.
El segundo gran campo está en las inspecciones en entornos laborales, especialmente en sectores donde hacen falta revisiones frecuentes de instalaciones, cadenas de suministro o infraestructuras. Un robot humanoide con capacidades de IA avanzada podría encargarse de recorridos rutinarios, detección de anomalías y reporte de incidencias, descargando de esas tareas a parte del personal humano.
La compañía también menciona la opción de desplegar estos robots en servicios domésticos y tareas cotidianas, aunque de momento sin entrar en detalles. Se trataría de funciones de compañía, apoyo básico en el hogar y ayuda en determinadas labores repetitivas, un terreno en el que otros fabricantes asiáticos también están experimentando y que podría convertirse en un nuevo segmento de consumo en los próximos años.
En todos estos casos, HONOR insiste en que el humanoide no sería un dispositivo aislado, sino un componente más de un entorno conectado donde el teléfono, la tableta o el portátil compartirían información con el robot. Esa integración permitiría reconocer al usuario, sus preferencias y sus rutinas para ajustar el comportamiento del autómata desde el primer día, sin largos procesos de configuración.
IA encarnada: de la pantalla al cuerpo del robot
El fabricante enmarca su robot humanoide dentro de un concepto que viene repitiendo en los últimos años: la IA encarnada o corpórea. Bajo esta idea, la inteligencia artificial deja de ser un sistema únicamente digital para adquirir forma física, con capacidad de moverse, percibir y ejecutar acciones en el mundo real.
Esta filosofía se recoge también en términos como Augmented Human Intelligence (AHI), con los que HONOR intenta transmitir que su tecnología debería complementar las capacidades humanas, no sustituirlas. El énfasis está en combinar la parte más analítica de la IA con elementos de inteligencia emocional, de modo que las respuestas y comportamientos se adapten al estado y las necesidades de la persona.
El humanoide sería, según la marca, la extensión física de ese enfoque. Si los asistentes virtuales convencionales responden desde la pantalla o el altavoz, aquí se da un paso más: un dispositivo capaz de mirar, seguir, acercarse o alejarse, y expresar información a través del lenguaje corporal, no solo de la voz o el texto.
En la práctica, esto implica dotar al robot de capacidades multimodales similares a las que HONOR ya ha probado en el Robot Phone: reconocimiento de sonidos, seguimiento de movimiento, percepción espacial y consciencia básica del entorno. Sobre esa base se construirían funciones más complejas de interacción, desde la guía a personas en un comercio hasta el trabajo codo con codo con empleados en un almacén.
La compañía evita por ahora promesas sobre plazos concretos o precios, pero deja claro que considera la robótica de consumo un área prioritaria de inversión. En un contexto en el que China se ha consolidado como uno de los principales centros de desarrollo de humanoides, HONOR quiere posicionarse como un actor relevante aprovechando su experiencia en electrónica de consumo y su presencia en mercados como el español.
Robot Phone: el móvil que se mueve solo y entiende el espacio
El primer robot humanoide de HONOR no llega solo. Comparte protagonismo con el Robot Phone, un smartphone conceptual que lleva ese mismo planteamiento de IA encarnada al formato de un teléfono. En lugar de limitarse a incorporar más potencia de cálculo, la marca ha decidido diseñar un terminal capaz de expresarse con movimiento.
El dispositivo integra un brazo robótico con sistema gimbal 4DoF en el que se aloja una cámara de 200 megapíxeles. Gracias a este mecanismo, el móvil puede ajustar en tiempo real el encuadre de las tomas, realizar giros automáticos de 90 y 180 grados, seguir sujetos en movimiento y mantener la estabilidad de la imagen incluso en escenas de acción.
Para lograrlo, los ingenieros han tenido que rediseñar por completo el interior del smartphone, optimizando la disposición de componentes, el reparto de peso y la resistencia estructural. HONOR ha desarrollado un micromotor ultracompacto que permite mover la cámara con precisión de nivel robótico sin disparar el grosor ni el peso del equipo, algo clave si se quieren mantener unas dimensiones razonables.
El conjunto se apoya en una estabilización gimbal de tres ejes y en funciones avanzadas basadas en IA: Super Steady Video para minimizar temblores, AI Object Tracking para seguir automáticamente a la persona u objeto protagonista y AI SpinShot para generar transiciones más creativas con un simple gesto. Todo ello busca acercar el vídeo móvil a una experiencia más cercana a la de un equipo de rodaje, pero en un formato de bolsillo.
Más allá de la fotografía, el Robot Phone está pensado para videollamadas y creadores de contenido. El usuario puede dejar el terminal sobre una superficie y moverse con libertad mientras la cámara le sigue, encuadra y reencuadra según sus desplazamientos. Además, el dispositivo es capaz de reproducir gestos básicos, como asentir o negar con la “cabeza” e incluso moverse al ritmo de la música, introduciendo un componente expresivo poco habitual en un teléfono.
Un ecosistema de IA que mira a Europa
El anuncio del robot humanoide y del Robot Phone se ha producido en un momento delicado y estratégico para HONOR. La empresa, independiente de Huawei desde 2020, está preparando su salida a Bolsa en China y busca reforzar su imagen de compañía centrada en la inteligencia artificial a ojos de los inversores y de los reguladores internacionales.
En el escenario europeo, el MWC de Barcelona funciona como escaparate clave. Allí, la marca ha recordado que su Alpha Plan contempla una fuerte inversión en IA a cinco años, con la colaboración de socios tecnológicos como Google y Qualcomm. La intención es construir un ecosistema abierto en el que diferentes fabricantes y plataformas puedan integrar servicios y dispositivos basados en la misma arquitectura de inteligencia.
En el caso del humanoide, HONOR se limita a hablar de “vistazo al futuro” sin comprometerse con un calendario concreto. Esta cautela es coherente con la situación de la robótica de consumo a nivel global: hay numerosos prototipos, demostraciones y proyectos piloto, pero muy pocos productos realmente listos para un despliegue masivo en hogares o comercios de la Unión Europea.
Mientras tanto, la compañía aprovecha su portfolio actual —móviles, tabletas y portátiles— para acostumbrar al usuario a la presencia constante de la IA en tareas de productividad, entretenimiento y creatividad. La idea es que, cuando los robots den el salto definitivo al mercado de consumo, el ecosistema de software y servicios ya esté maduro y normalizado entre el público.
Con este conjunto de anuncios, HONOR intenta posicionarse en la línea de salida de la próxima ola tecnológica: una etapa en la que los dispositivos dejarán de estar confinados a la pantalla y pasarán a habitar el mismo espacio físico que las personas. El humanoide presentado en Barcelona no pasa aún de ser un prototipo, pero sirve para marcar el rumbo de una estrategia que cruza telefonía, robótica y servicios de inteligencia artificial en un mismo mapa.


