
En el campus de Badajoz de la Universidad de Extremadura se ha vivido una escena poco habitual: niños de 11 y 12 años explicando robótica a quienes se preparan para ser maestros. Lo que podría parecer una anécdota aislada es, en realidad, una propuesta muy pensada para acercar la realidad de las aulas a la formación universitaria del futuro profesorado.
Durante una jornada completa, alumnado de 6º de Primaria del CEIP Lope de Vega y estudiantes de 1º del Grado en Educación Primaria de la UEx compartieron un taller de robótica educativa en los Institutos Universitarios de Investigación de Badajoz. La clave de la experiencia no solo estuvo en los robots y en la programación, sino en el intercambio de roles: los escolares actuaron como docentes y los universitarios se colocaron, de nuevo, en la piel del estudiante.
Niños que se convierten en profesores por un día
En esta propuesta, los papeles tradicionales se dan la vuelta: los alumnos del Lope de Vega asumen el rol de maestros y son quienes explican paso a paso cómo trabajan la robótica en su colegio. No se trata de una demostración improvisada, sino de una sesión preparada previamente en clase, con la idea clara de que iban a «enseñar en la facultad».
Antes de llegar al campus pacense, los grupos de sexto diseñaron la sesión que luego impartirían a los universitarios. Trabajaron qué actividades mostrar, cómo organizarse por equipos y de qué manera explicar las instrucciones para que las personas adultas entendieran el proceso. Esa preparación previa les obliga a ordenar ideas, practicar la comunicación oral y anticipar dudas, algo muy similar a lo que hace cualquier docente en su día a día.
Según detalla el coordinador de robótica del centro, Daniel Pérez Leitón, la experiencia hace que los escolares «pasen del rol de alumno al rol de docente». Al ponerse al otro lado, los niños deben esforzarse por explicar con claridad, escuchar preguntas y reformular lo que no se entiende, lo que refuerza habilidades como la empatía y la capacidad de adaptación al grupo.
La escena en las aulas universitarias fue significativa: cerca de 40 estudiantes de Primaria del Lope de Vega compartiendo espacio de trabajo con más de medio centenar de universitarios. Sentados al mismo nivel, sin tarima ni grandes formalidades, los pequeños iban guiando el montaje, la programación y la reflexión sobre cada reto de robótica.
Para muchos de ellos, la vivencia resultó tan motivadora como exigente. Algunos comentaban que era «un plan diferente, divertido, pero en el que había que explicar muy bien las cosas«, conscientes de que quienes tenían enfrente serían, en poco tiempo, maestros en colegios de Extremadura.
LEGO Education en acción: dos kits y muchos retos
La parte técnica del taller giró en torno a dos kits de LEGO Education muy presentes en proyectos de robótica escolar en España y Europa: WeDo 2.0 y SPIKE Prime. Lejos de ser un simple montaje de piezas, cada kit se utilizó para plantear desafíos concretos relacionados con la ciencia, la ingeniería y el pensamiento computacional.
Con WeDo 2.0, los grupos trabajaron un proyecto de fuerza en el que el prototipo debía funcionar como una especie de remolcador. El objetivo era conseguir que el robot arrastrara distintos pesos, aplicando nociones de fricción, tracción y unidades de masa. Los universitarios, guiados por los niños, iban probando cambios en la estructura y en la programación para mejorar el rendimiento.
El segundo gran protagonista fue LEGO Education SPIKE Prime, utilizado en un reto conocido como «carrera de saltadores». El punto de partida era un modelo diseñado deliberadamente para desplazarse de manera irregular, casi caótica. La misión de los equipos consistía en modificar la estructura y ajustar la programación hasta lograr que el robot avanzara en línea recta y alcanzara la meta marcada en el suelo.
En todo momento, las manos que montaban y programaban eran las de los estudiantes universitarios, pero las indicaciones y el acompañamiento corrían a cargo de los alumnos de Primaria. Ellos explicaban qué sensores usar, cómo organizar los bloques de código y de qué manera influía cada cambio en el comportamiento del robot.
Para los futuros docentes, estos retos fueron una oportunidad para ver que la robótica no se limita a encender motores: también permite trabajar la resolución de problemas, el ensayo y error, la creatividad y el trabajo en equipo. Muchos reconocían que, más allá de aprender a usar un kit concreto, se llevaban ideas sobre cómo diseñar actividades similares en sus propias aulas.
Un puente entre escuela y universidad en Badajoz
La actividad no surgió de la nada. Detrás de esta jornada hay un trabajo coordinado entre el Grupo de Innovación Docente INNOEDECO y el grupo de investigación «Ecosistema de Investigación para el Diálogo Educativo, Social y Digital» de la Universidad de Extremadura, en colaboración estrecha con el CEIP Lope de Vega de Badajoz.
La propuesta se enmarca dentro de la asignatura «Recursos Tecnológicos, Didácticos y de Investigación» del Grado en Educación Primaria, impartida por la profesora Prudencia Gutiérrez Esteban. Su intención es clara: que el alumnado universitario no se quede solo en la teoría sobre competencia digital docente, sino que vea ejemplos reales de cómo se integra la tecnología en el aula de Primaria.
Gutiérrez Esteban subraya que esta clase de experiencias permite abrir la universidad a los centros educativos de su entorno. En lugar de limitarse a charlas magistrales o prácticas simuladas, la facultad invita a colegios con trayectoria en innovación, como el Lope de Vega, para que compartan lo que ya están haciendo con su alumnado en materia de robótica educativa.
El Lope de Vega, por su parte, es conocido en Badajoz y en otros puntos de España por proyectos como RobotizArte o las Aulas Hospitalarias LOPETRÓNICAS, iniciativas que acercan la robótica y la tecnología a distintos contextos, incluido el del alumnado hospitalizado. Esta experiencia en la Universidad de Extremadura se suma a esa línea de trabajo, demostrando que la robótica se puede adaptar a entornos muy variados.
Para la propia UEx, la jornada supone un paso más en la construcción de una comunidad educativa amplia, en la que universidad, escuelas y agentes sociales comparten recursos y aprendizajes. La idea es que el conocimiento fluya en ambas direcciones: la universidad aporta investigación y marcos teóricos, y los centros educativos muestran experiencias prácticas ya consolidadas.
Aprendizajes compartidos para los docentes del futuro
Más allá de la novedad de ver a niños ejerciendo de profesores, la experiencia deja aprendizajes relevantes tanto para los escolares como para el alumnado universitario. Para los más pequeños, supone una oportunidad para tomar conciencia de lo que saben, ganar confianza y practicar competencias comunicativas al explicar contenidos complejos.
Muchos de ellos destacaban que «enseñar fuera del colegio está muy bien porque es algo distinto«, y reconocían que tener que explicar a personas adultas les obligaba a prepararse mejor. Ver que sus conocimientos sobre robótica interesan a quienes serán maestros refuerza, además, su motivación por seguir aprendiendo tecnología.
En el caso de los estudiantes de la Facultad de Educación, la jornada sirvió para romper con una dinámica demasiado centrada en lo teórico. Algunos apuntaban que en la carrera se insiste mucho en la teoría y a veces falta más práctica directa con el alumnado. Al trabajar codo con codo con los niños, pudieron observar de cerca cómo se organizan los tiempos, qué tipo de dudas surgen o cómo se gestionan las explicaciones en un contexto real.
Varios universitarios comentaban que «todos los contenidos vistos en clase sobre tecnología se estaban aplicando en ese momento«, lo que les ayudaba a entender la utilidad real de conceptos como pensamiento computacional, diseño de actividades o integración curricular de herramientas digitales.
También quedó patente que la tecnología, lejos de ser un añadido opcional, forma parte del día a día de una escuela que quiere responder a la sociedad digital. Los futuros docentes coincidían en que tendrán que adaptarse a un entorno cada vez más tecnológico, en el que los alumnos ya llegan con una familiaridad notable con dispositivos, lenguajes de programación básicos y cultura digital.
La jornada de robótica educativa en Badajoz ejemplifica cómo un planteamiento relativamente sencillo —invertir los roles tradicionales y sentar juntos a niños y universitarios en torno a un robot— puede transformar la manera en que se entiende la formación docente. A través de retos con LEGO Education, del trabajo en equipo y de un diálogo constante entre escuela y universidad, la experiencia muestra que los alumnos de hoy pueden ayudar a formar a los maestros de mañana, y que la robótica es una herramienta potente para conectar teoría y práctica en el sistema educativo español.
