
Si estás pensando en hacerte con una Raspberry Pi para un proyecto nuevo, conviene revisar bien la tarjeta antes de pasar por caja. La marca británica ha confirmado una nueva ronda de incrementos de precio, la tercera en muy poco tiempo, que encarece sobre todo las configuraciones con más memoria.
El movimiento llega en plena crisis de la memoria DRAM LPDDR4, un componente clave en las Raspberry Pi 4 y 5. El coste de estos chips se ha disparado por la prioridad que los grandes fabricantes están dando a los centros de datos de inteligencia artificial, dejando a plataformas como Raspberry Pi con un margen de maniobra bastante ajustado.
Una tercera subida de precios que golpea a las configuraciones más altas
Según ha explicado Eben Upton, el precio de la memoria LPDDR4 utilizada en las Raspberry Pi 4 y 5 se ha multiplicado por siete en apenas un año. Con esas cifras encima de la mesa, la compañía asegura que no le queda otra que repercutir parte del sobrecoste a los compradores, aunque tratando de contener el impacto donde puede.
Esta nueva revisión vuelve a centrarse en las variantes con 4 GB o más de RAM. En los modelos Raspberry Pi 4 y Raspberry Pi 5, las configuraciones de 4 GB suben alrededor de 25 dólares, mientras que las que montan 8 GB experimentan incrementos de unos 50 dólares. Quien quiera exprimir al máximo la placa lo notará aún más: la Raspberry Pi 5 con 16 GB de memoria añade hasta 100 dólares a su precio base, y en España ya se sitúa en torno a los 369 euros, una cifra que la coloca peligrosamente cerca de muchos mini PC x86 más potentes para usos generales.
En la gama de ordenadores integrados en teclado, el golpe tampoco es precisamente pequeño. La Raspberry Pi 500 recibe un aumento de unos 50 dólares, mientras que la Raspberry Pi 500+ se encarece alrededor de 150 dólares, tanto en versión suelta como en kit completo. En algunos países europeos esto supone que el modelo de gama más alta pase a costar del orden de 130 euros más que antes, una subida difícil de ignorar para centros educativos, laboratorios y aficionados con presupuesto ajustado.
La propia compañía admite que esta es ya la tercera oleada de ajustes desde diciembre, algo muy poco habitual en su trayectoria. Primero llegaron subidas moderadas de entre 5 y 25 dólares, después un segundo empujón en febrero y ahora este nuevo escalón, que consolida un cambio de contexto para una plataforma históricamente asociada a precios muy contenidos.
Componentes afectados: de las placas principales a los Compute Module
El nuevo tarifazo no se limita a las placas “clásicas” que solemos ver en proyectos domésticos. Buena parte del catálogo profesional y embebido de Raspberry Pi también se encarece, lo que impacta de lleno en integradores y empresas que usan estos productos en despliegues industriales o comerciales.
Entre los dispositivos señalados se encuentran las distintas variantes de Compute Module 4, Compute Module 4S y Compute Module 5, así como el kit de desarrollo oficial para este último y el accesorio Raspberry Pi AI HAT+ 2, orientado a usos de inteligencia artificial en el borde. Las subidas varían según capacidad y modelo, pero oscilan aproximadamente desde los 11,25 dólares para algunos módulos de 1 GB hasta los 100 dólares en el caso de configuraciones con 16 GB.
En el documento oficial de la empresa se detallan aumentos escalonados: los Compute Module con 2 GB suman en torno a 12,50 dólares, los de 4 GB suben 25 dólares, las variantes de 8 GB agregan 50 dólares adicionales y el Compute Module 5 con 16 GB se dispara 100 dólares. El kit de desarrollo para Compute Module 5 añade unos 25 dólares más a la factura, mientras que la tarjeta AI HAT+ 2 incrementa su precio en otros 50 dólares.
Todo esto confirma que no se trata de un ajuste puntual o de una simple corrección de catálogo. La subida se extiende de forma transversal por las gamas más modernas y con más memoria, afectando tanto a usuarios domésticos como a proyectos profesionales en Europa que dependían de estas placas por su equilibrio entre coste y prestaciones.
La ironía es que el anuncio ha llegado en pleno 1 de abril, día de las bromas en el mundo anglosajón. Aun así, la propia Raspberry Pi se ha apresurado a dejar claro que esto no es una broma de April Fool’s: los nuevos precios son reales y ya se están aplicando a través de los distribuidores oficiales, también en el mercado europeo.
Una Raspberry Pi 4 con 3 GB para no obligar a saltar a 4 GB
Para intentar suavizar el golpe, la compañía ha decidido acompañar la subida con el lanzamiento de una nueva Raspberry Pi 4 con 3 GB de RAM. Su precio de referencia se sitúa en torno a los 83,75 dólares (unos 72 euros al cambio), lo que la coloca como un punto intermedio entre las variantes de 2 GB y 4 GB.
La idea es relativamente sencilla: que cada usuario pague solo por la memoria que realmente necesita. Si una aplicación se defiende bien con 3 GB, no tiene demasiado sentido forzar la compra de una placa de 4 GB cuyo precio es ahora sensiblemente mayor. De este modo, la gama de Raspberry Pi 4 queda configurada con opciones de 1, 2, 3, 4 y 8 GB, permitiendo afinar un poco más el presupuesto en función del uso previsto.
Raspberry Pi insiste en que esta nueva variante no es un simple relleno de catálogo, sino un intento de adaptarse a un mercado de memoria mucho más tenso. Para más contexto sobre cómo la compañía prepara nuevos productos y proyectos que apuntan al futuro de la IA, este enfoque encaja con su estrategia.
La propia compañía reconoce que el ecosistema de placas ha cambiado. Con los precios disparados, cada subida acerca un poco más a los usuarios a mini PC de bajo coste o a otras plataformas como Orange Pi o Banana Pi, que también se están viendo afectadas por el encarecimiento de la RAM, aunque con estrategias de precios propias.
Qué modelos se salvan de los incrementos
En medio de tantas malas noticias, la firma británica se esfuerza en recalcar qué productos mantienen sus precios intactos. Según su comunicado, las variantes más modestas de la familia se quedan como estaban, al menos por ahora.
En concreto, las Raspberry Pi 4 y Raspberry Pi 5 con 1 GB y 2 GB siguen dentro de la franja de entre 35 y 65 dólares, sin cambios oficiales. También se mantiene el precio de Raspberry Pi 400 con 4 GB, que continúa en unos 60 dólares, y se preservan las tarifas de las gamas más antiguas basadas en memoria LPDDR2.
Eso significa que modelos como Raspberry Pi Zero, Zero W, Zero 2 W, Raspberry Pi 1, 3, 3B+, 3A+ y los Compute Module 1 y 3+ permanecen congelados. Aquí el factor clave es que Raspberry Pi dispone de inventario de memoria más veterana para varios años, lo que le permite absorber los costes sin trasladar nuevas subidas al cliente final.
Para quienes trabajan con presupuestos educativos o maker en España y el resto de Europa, estas versiones básicas continúan siendo la puerta de entrada más asequible al ecosistema. No ofrecen la potencia ni la RAM de las configuraciones punteras, pero permiten seguir montando servidores ligeros, pequeños proyectos de domótica, estaciones de aprendizaje o equipos para emulación retro sin disparar el presupuesto.
Una medida “temporal” ante la presión de la inteligencia artificial
Esta nueva ronda de cambios de precios vuelve a llegar acompañada de un mensaje claro por parte del equipo directivo: Raspberry Pi insiste en que se trata de una medida temporal, condicionada al contexto excepcional del mercado de memoria.
Eben Upton ha reiterado públicamente que las circunstancias actuales son complicadas pero no permanentes y que, cuando el coste de la DRAM vuelva a niveles razonables, la empresa se compromete a revertir las subidas. Es una promesa poco habitual en la industria del hardware, donde los incrementos suelen consolidarse incluso cuando las causas iniciales desaparecen.
No hay que olvidar que Raspberry Pi funciona como una fundación sin ánimo de lucro, con márgenes relativamente ajustados y un modelo que prioriza el acceso a la tecnología sobre el beneficio. Precisamente por eso, sus continuas subidas de precio se interpretan como un termómetro bastante fiel de lo que está ocurriendo con la memoria RAM a escala global, impulsada en buena parte por la fiebre de la inteligencia artificial.
Mientras tanto, la realidad para los usuarios europeos es que las placas con más memoria cuestan hoy casi el triple que hace unos meses en algunos casos concretos. Este salto obliga a replantear muchas decisiones de compra, especialmente en ámbitos donde la relación entre coste y rendimiento era el principal argumento para optar por Raspberry Pi frente a otras soluciones.
Al final, el panorama que se dibuja para cualquiera que valore comprar una placa en España o en el resto de Europa es bastante claro: las configuraciones básicas y los modelos antiguos siguen siendo la opción más amigable para el bolsillo, mientras que las placas con 4 GB, 8 GB o 16 GB entran en una liga de precios en la que hay que comparar muy seriamente con mini PC, otras SBC y equipos x86 de gama baja. La nueva Raspberry Pi 4 de 3 GB intenta servir de colchón en mitad de esa escalada, pero la conversación gira ya, inevitablemente, en torno a cuánto se está dispuesto a pagar por seguir dentro del ecosistema Raspberry Pi.

