
Bilbao ha vivido una noche de esas que se quedan grabadas en la retina de cualquiera que estuviera cerca de la ría. Con motivo de la celebración del 125 aniversario de la eléctrica Iberdrola, el cielo se convirtió en un escenario improvisado donde 1.500 drones realizaron una coreografía milimétrica que dejó a miles de personas mirando hacia arriba sin pestañear. No era para menos, ya que la capital vizcaína se vistió de gala para cerrar una jornada festiva que combinó música en directo con la tecnología más puntera del momento.
El ambiente en los alrededores del Museo Guggenheim y la Torre Iberdrola era sencillamente espectacular. Familias enteras, grupos de estudiantes recién graduados y curiosos de todas las edades se repartieron por ambas márgenes del río para no perderse detalle. Se estima que más de 40.000 personas se agolparon en los puntos clave de la ciudad, creando una estampa de convivencia y celebración que recordó a las grandes citas festivas de la villa, todo bajo un clima veraniego que acompañó la velada.
Un despliegue tecnológico sin precedentes en territorio nacional
Lo que se vio sobre las cabezas de los bilbaínos no fue moco de pavo; estamos hablando del mayor despliegue tecnológico de este tipo realizado hasta la fecha en España. Durante unos veinte minutos de reloj, los dispositivos volaron de forma sincronizada para crear figuras en dos y tres dimensiones que parecían cobrar vida propia. La precisión fue tal que incluso se pudo leer con total claridad frases y fechas significativas, todo ello alimentado íntegramente por fuentes de energía renovable, subrayando ese mensaje de sostenibilidad que tanto se busca hoy en día.
La logística para que todo saliera a pedir de boca fue monumental. Desde las 23:00 horas, el zumbido de los motores de los drones se mezcló con una banda sonora diseñada específicamente para la ocasión. No se trató solo de luces de colores, sino de una intervención artística de gran escala que utilizó la Torre Iberdrola como eje central. El espectáculo superó con creces a otros eventos similares vistos recientemente en otras capitales europeas, demostrando que este tipo de tecnología ha llegado para revolucionar los festejos nocturnos tradicionales.
Un viaje visual por la historia y la energía limpia
El guion del show comenzó rindiendo un emotivo homenaje a los orígenes bilbaínos de la compañía con la frase ‘Bilbao, 1901’, el año en que empezó todo. A partir de ahí, el cielo se llenó de símbolos que explicaban la evolución de la industria, desde las centrales hidroeléctricas y el flujo del agua hasta las modernas torres de alta tensión. Fue una forma muy visual de contar cómo hemos pasado de las lámparas de aceite a un mundo hiperconectado gracias a la electricidad.
No faltaron las alusiones directas al futuro del planeta. Los drones dibujaron con una nitidez asombrosa molinos de energía eólica, placas solares e incluso la silueta de un coche eléctrico cargándose. Con este gesto, se quiso poner el foco en la apuesta por las energías renovables y la movilidad descarbonizada. Ver un mapamundi girando sobre la ría mientras se iluminaban las ciudades donde la empresa tiene presencia internacional fue, sin duda, uno de los momentos más aplaudidos de la noche por los asistentes.
De la Torre Eiffel a los monumentos de Bilbao
La parte más internacional del espectáculo fue un auténtico paseo por el mundo sin moverse de la Plaza Euskadi. Los drones recrearon con luces iconos arquitectónicos de los cinco continentes, como la Torre Eiffel de París, el Big Ben londinense o la Estatua de la Libertad neoyorquina. Cada nueva figura provocaba un murmullo de asombro entre la multitud, que no paraba de sacar fotos y vídeos con sus móviles para inmortalizar el momento.
Pero, como no podía ser de otra forma, el broche de oro tuvo un sabor muy local. El cielo bilbaíno mostró las siluetas de sus edificios más queridos, incluyendo el Museo Guggenheim o el estadio de San Mamés, junto al entrañable Puppy. Como despedida, los 1.500 drones formaron el lema ‘125 años luz’ tanto en castellano como en euskera, mientras un estallido de aplausos recorría ambas orillas de la ría, poniendo fin a una exhibición que será difícil de olvidar.
Música y festival previo en el corazón de la ciudad
Antes de que los drones tomaran el mando, la fiesta ya había empezado por la tarde. El parque de Doña Casilda se convirtió en el epicentro de un festival gratuito en el parque de Doña Casilda que atrajo a miles de personas desde las cuatro de la tarde. Artistas de la talla de Juanes, Antonio Orozco o Rigoberta Bandini hicieron vibrar a un público entregado que aguantó el calor veraniego con muchas ganas de pasarlo bien y disfrutar de la música en directo en un entorno privilegiado.
Para que nadie se quedara con las ganas de ver a sus ídolos, la organización instaló siete pantallas gigantes estratégicamente ubicadas por todo el recinto. Fue una jornada maratoniana de más de cinco horas de conciertos que sirvió como el aperitivo perfecto antes del plato fuerte nocturno. La seguridad y el orden reinaron durante todo el día, facilitando que familias con niños pequeños pudieran disfrutar de la música junto a los más jóvenes en un ambiente muy sano.
Logística, movilidad y servicios para los ciudadanos
Mover a tanta gente en un solo día requiere una planificación de hierro. El Ayuntamiento y la organización recomendaron en todo momento el uso del transporte público, reforzando los servicios de metro y autobús. Aun así, hubo que realizar cortes de tráfico en zonas como Abandoibarra y suspender temporalmente algunas paradas de tranvía para garantizar la seguridad de los peatones que llenaban las calles. Se habilitaron servicios de todo tipo, desde puestos de comida hasta puntos violeta y asistencia sanitaria, para que no faltara de nada.
Aquellos que prefirieron evitar las aglomeraciones del centro también tuvieron opciones, buscando puntos de observación como el monte Artxanda o la Avenida de las Universidades, desde donde las figuras se veían con una perspectiva diferente pero igualmente impresionante. Incluso la televisión local Telebilbao retransmitió el evento en directo para quienes prefirieron quedarse en casa. Fue, en definitiva, un despliegue de medios que buscó que toda la ciudad se sintiera partícipe de este hito histórico.
Este evento multitudinario supone un paso más en la forma de entender las celebraciones públicas, sustituyendo los fuegos artificiales tradicionales por una transición hacia una movilidad descarbonizada y tecnológica. La respuesta de los bilbaínos ha sido masiva, demostrando que hay muchas ganas de disfrutar de propuestas innovadoras que respeten el entorno. Con esta noche de luces y sonidos, se cierra un capítulo importante de la historia local, dejando claro que la capital de Bizkaia sigue siendo un referente a la hora de acoger eventos de calado internacional que saben mezclar tradición con modernidad.




