
El sector de la robótica humanoide ha vivido una semana para enmarcar. Por un lado, Unitree Robotics ha protagonizado un debut bursátil histórico en Shanghái, revalorizándose más de un 460% en su primer día de cotización. Por otro, los Juegos Mundiales de Robots Humanoides que se celebran estos días en Pekín están dejando imágenes que parecen sacadas de una película de ciencia ficción, con máquinas batiendo récords que hasta ahora pertenecían a los mejores atletas humanos.
Este doble hito no es casualidad. Responde a una estrategia claramente definida por Pekín, que considera los robots humanoides una prioridad estratégica para sostener su economía y liderar la próxima revolución industrial. Mientras Estados Unidos intenta frenar esta expansión con restricciones a la importación, China acelera la producción y demuestra que su ecosistema tecnológico, apoyado por gigantes como Tencent o Alibaba, está listo para dar el salto definitivo al mercado global.
Unitree aterriza en el ‘Nasdaq chino’ con una subida histórica
La compañía fundada por Wang Xingxing en 2016 ha conseguido algo que ningún otro fabricante de humanoides había logrado hasta ahora: salir a bolsa en la China continental. Lo hizo en el Star Market de Shanghái, el parqué tecnológico que muchos comparan con el Nasdaq estadounidense. Las acciones partieron de un precio de 150,8 yuanes, pero la euforia inversora las disparó hasta los 1.100 yuanes en los primeros compases de la sesión. Al cierre, la subida se moderó hasta el 460%, dejando la capitalización de la empresa en torno a los 342.000 millones de yuanes, unos 45.000 millones de euros.
La operación ha permitido a Unitree embolsarse aproximadamente 904 millones de dólares (unos 781 millones de euros), una inyección de capital que llega en el mejor momento posible. La firma, conocida por sus perros robot y por sus androides G1, entregó más de 5.500 robots humanoides el año pasado, una cifra que la sitúa como el mayor vendedor mundial por volumen. Además, a diferencia de muchos competidores que aún queman capital, Unitree ya es rentable: registró un beneficio neto de 278 millones de yuanes en 2025, con unos ingresos que se dispararon hasta los 1.700 millones.
Récords mundiales y una exhibición de fuerza en Pekín
Mientras Unitree conquistaba los mercados financieros, la capital china se convertía en el epicentro de la robótica mundial con la segunda edición de los Juegos Mundiales de Robots Humanoides. El evento, que reúne a más de 2.000 robots de 16 países, ha dejado imágenes para la historia. Uno de los momentos más destacados llegó en la prueba de 100 metros lisos, donde un robot de la firma X-Humanoid paró el cronómetro en 9,39 segundos, superando el récord de Usain Bolt (9,58 segundos). Poco antes, otro robot de la marca Honor había logrado incluso una marca de 9,32 segundos en una prueba clasificatoria.
La competición no se limita a la velocidad. Los humanoides también han demostrado su destreza en salto de altura, donde uno de ellos alcanzó los 2,88 metros, superando la plusmarca humana de Javier Sotomayor. La participación es abrumadoramente china: 1.975 de los 2.056 robots inscritos son de fabricación nacional, y 641 de los 666 equipos proceden del gigante asiático. Este dominio no es fruto de la casualidad, sino de una política industrial que ha multiplicado por tres el número de empresas robóticas en el país entre 2020 y 2024, según el diario estatal China Daily.
La guerra tecnológica y el dominio del hardware
Este despliegue de fuerza llega en un momento de máxima tensión geopolítica. Estados Unidos, a través de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), ha prohibido la importación de robots humanoides fabricados en el extranjero, una medida dirigida claramente contra China. El Pentágono también ha incluido a Unitree en su lista de empresas con vínculos militares, lo que complica sus operaciones en el mercado estadounidense. A pesar de estos obstáculos, China controla aproximadamente el 90% de la producción mundial de humanoides, según el centro de estudios MERICS.
La ventaja china no reside solo en la capacidad de fabricación, sino también en los precios. Mientras el famoso perro robot Spot de Boston Dynamics cuesta alrededor de 70.000 dólares, los cuadrúpedos de Unitree parten de unos 2.300 euros. Algo similar ocurre con los humanoides: el modelo G1 de Unitree se comercializa desde unos 11.600 euros, mientras que competidores como Tesla aún no han empezado a entregar sus máquinas a gran escala. Esta estrategia de abaratar costes, ya probada en los paneles solares o los coches eléctricos, está permitiendo a las firmas chinas colonizar el mercado antes que nadie.
Luces y sombras: ¿burbuja o revolución?
Sin embargo, no todo son parabienes. El sector financiero ya ha comenzado a lanzar avisos sobre una posible burbuja. La valoración de Unitree, que cotiza a unas 35,8 veces sus ventas, duplica la de sus competidores en Hong Kong, lo que ha llevado a analistas como Vey-Sern Ling, de Union Bancaire Privée, a pedir cautela. El entusiasmo de los inversores minoristas contrasta con la realidad de un mercado aún incipiente, donde las aplicaciones industriales representan menos del 10% de las ventas de Unitree.
Los expertos también señalan que los robots humanoides siguen teniendo importantes limitaciones. Aunque han mejorado su «cerebro pequeño» (el control motor y el equilibrio), el «cerebro grande» (la toma de decisiones autónomas) aún está lejos de ser fiable. Además, la industria china depende en gran medida de los chips de Nvidia para la cognición avanzada, un talón de Aquiles en plena guerra tecnológica. A pesar de los vídeos virales que muestran a estos androides bailando o practicando kung-fu, la realidad es que la mayoría de las demostraciones están preprogramadas o teleoperadas.
Lo que está claro es que China ha convertido la robótica humanoide en un pilar de su estrategia nacional, y los acontecimientos de esta semana lo demuestran. El éxito bursátil de Unitree y los récords batidos en Pekín no son simples anécdotas, sino señales de un cambio profundo en el equilibrio tecnológico mundial. Mientras Europa observa con interés cómo se desarrolla esta carrera, la pregunta ya no es si los robots humanoides llegarán a nuestras fábricas y hogares, sino cuándo lo harán y a qué precio. La respuesta, juzgar por los últimos movimientos, parece estar escrita en chino.






