
La Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) ha dado un paso histórico al implantar por primera vez en un paciente una prótesis craneal personalizada, diseñada y fabricada íntegramente por la propia institución mediante tecnología de impresión 3D. La intervención, una craneoplastia, se llevó a cabo en el Hospital San Juan de Dios y supone un hito en la capacidad de la seguridad social costarricense para producir dispositivos médicos de alta especialización sin depender de proveedores externos.
El dispositivo se elaboró a medida, partiendo de una tomografía axial computarizada (TAC) del paciente, lo que permitió reconstruir digitalmente la zona dañada del cráneo y diseñar una pieza que se ajusta perfectamente al defecto óseo. Este enfoque personalizado no solo mejora la estética y la protección del cerebro, sino que también reduce significativamente los tiempos de espera y los costes asociados a este tipo de intervenciones.
Un avance que combina tecnología y atención médica

El desarrollo de estas prótesis está liderado por la Gerencia de Logística de la CCSS, a través del Laboratorio de Órtesis y Prótesis de la Dirección de Producción Industrial. El proceso arranca con la obtención de imágenes médicas, como tomografías o resonancias, que se introducen en un software especializado para segmentar el cráneo y localizar con precisión el defecto. A continuación, se utiliza la imagen especular de la parte sana como referencia para diseñar la pieza, garantizando la simetría y el correcto encaje con los bordes del hueso.
El material elegido para la fabricación es el PEEK, un polímero termoplástico de alto rendimiento que destaca por su resistencia mecánica, térmica y química. A diferencia de las prótesis metálicas, el PEEK es radiotransparente, lo que significa que no interfiere con estudios de diagnóstico como tomografías o resonancias magnéticas posteriores. Además, su bajo peso y su estabilidad dimensional lo convierten en una opción ideal para este tipo de dispositivos.
Una vez impresa, la prótesis pasa por un riguroso proceso de acabado que incluye lijado, pulido y limpieza. Después se empaqueta y se traslada al hospital, donde el cirujano la revisa de nuevo antes de proceder a su esterilización e implantación. Todo el proceso, desde la toma de imágenes hasta la pieza definitiva, se completa en aproximadamente siete días, un tiempo récord si se compara con los meses que suele tardar la contratación externa.
Reducción de costes y aumento de la capacidad quirúrgica

Uno de los aspectos más destacados de esta iniciativa es el ahorro económico que supone para la institución. Según las estimaciones de la CCSS, producir internamente una prótesis craneal de talla S, como la implantada en este primer caso, tiene un coste aproximado de 1.167.598 colones (unos 2.554 dólares), lo que representa una reducción de hasta el 64% en comparación con la adquisición de un dispositivo similar a través de una contratación externa. Este ahorro varía en función del tamaño de la prótesis, siendo mayor cuanto más grande es la pieza.
La inversión inicial para poner en marcha esta capacidad tecnológica fue de 115.471.400 colones (aproximadamente 252.000 dólares), destinados a la compra de dos impresoras 3D (una de resina y otra industrial de filamento), un horno de curado térmico, una estación de lavado y curado, un baño ultrasónico, un escáner, software especializado y materias primas para dos años. Esta inversión no solo permite fabricar prótesis craneales, sino que también abre la puerta a otros desarrollos, como impresión 3D de férulas, guías de planificación quirúrgica, modelos anatómicos para educación de pacientes, pastilleros, extractores de tabletas, pinzas para cordón umbilical y repuestos para equipos industriales.
El gerente de Logística de la CCSS, Esteban Vega de la O, explicó que el proyecto comenzó hace aproximadamente dos años con la capacitación del personal y la adecuación de un cuarto limpio para la producción de estos dispositivos. “Hemos venido impulsando las tecnologías aditivas para producir institucionalmente prótesis craneales mediante impresión 3D con materiales biocompatibles, con el objetivo de brindar dispositivos de alta especialización y calidad a los pacientes que los requieren”, señaló Vega.
Beneficios clínicos y proyección para 2026

El jefe del Servicio de Neurocirugía del Hospital San Juan de Dios, Jorge Badilla Corrales, destacó que la prótesis personalizada ofrece tres beneficios fundamentales. En primer lugar, mejora la estética del cráneo, lo que contribuye a la recuperación emocional del paciente tras un episodio traumático. En segundo lugar, ayuda a disminuir los dolores de cabeza y los mareos asociados a la reducción de presión intracraneal. Y, en tercer lugar, protege el cerebro de posibles golpes externos en la zona donde ya no hay cobertura ósea.
Los candidatos a este tipo de procedimiento son pacientes que presentan hundimientos o defectos craneales derivados de traumatismos, tumores o infecciones. La directora médica del Hospital San Juan de Dios, María Eugenia Villalta Bonilla, subrayó la importancia de la coordinación entre los equipos médicos y las áreas de fabricación: “En este caso particular, al tratarse de prótesis personalizadas, mejora el contorno óseo y, por lo tanto, también la calidad de vida del usuario”.
De cara al segundo semestre de 2026, la CCSS proyecta atender a 52 pacientes de los hospitales San Juan de Dios, México y Monseñor Víctor Manuel Sanabria. Esta tecnología no solo reduce los costes y los tiempos de espera, sino que también permite aumentar la capacidad quirúrgica, pasando de operar a dos pacientes diarios a tres o cuatro, lo que supone una mejora significativa en las listas de espera de la institución.
Un paciente recupera la confianza

El primer paciente intervenido, cuya identidad se mantiene en reserva, compartió su testimonio antes de la cirugía: “Con la prótesis voy a tener nuevamente la protección del cráneo. No es lo mismo andar con la cabeza incompleta, sin protección, porque cualquier situación me puede poner en riesgo”. Para él, el beneficio es emocional, ya que la hundición en el cráneo le generaba vergüenza e inseguridad, especialmente en situaciones como ir a la playa o a la piscina. “El trauma mental no me lo quita nadie”, confesó, pero espera que la intervención le permita recuperar la confianza y continuar con su vida normal.
La presidenta ejecutiva de la CCSS, Mónica Taylor Hernández, calificó el procedimiento como una aplicación concreta de las capacidades tecnológicas de la institución: “Este avance tiene su mayor valor en lo que representa para el paciente. Estamos utilizando innovación y conocimiento institucional para desarrollar una solución personalizada, concebida específicamente para responder a una necesidad de salud”.
Con este primer implante, la CCSS demuestra que la investigación y la innovación pueden traducirse en beneficios directos para los pacientes, reduciendo costes, acortando tiempos y mejorando la calidad de vida de quienes necesitan dispositivos médicos de alta especialización. La impresión 3D se consolida así como una herramienta clave en el futuro de la atención sanitaria en Costa Rica, con un potencial que va mucho más allá de las prótesis craneales.



