Baterías de estado sólido: la carrera por la próxima generación

  • Chery invertirá 1.300 millones de euros en baterías de estado sólido y probará la nueva generación en 2027.
  • Factorial y SK On reconvertirán fábricas para producir celdas de estado sólido, reduciendo costes un 80%.
  • La tecnología promete duplicar la densidad energética y mejorar la seguridad, pero aún tiene desafíos.
  • China lidera la carrera, mientras Europa y EE.UU. buscan no quedarse atrás.

Baterías de estado sólido

El coche eléctrico está a punto de dar un salto de gigante. Las baterías de estado sólido, ese prometido avance que lleva años sonando en los titulares, empiezan a tomar forma real. Dos anuncios recientes, uno desde China y otro desde una alianza entre Estados Unidos y Corea del Sur, confirman que la tecnología ya no es ciencia ficción, sino una carrera contrarreloj por industrializarla.

Mientras los fabricantes actuales se pelean por mejorar las baterías de iones de litio, las de estado sólido prometen duplicar la densidad energética, cargar en minutos y ser mucho más seguras. Pero, como todo en este sector, hay matices: los costes, la producción a gran escala y la fiabilidad siguen siendo escollos importantes. Aun así, las últimas movidas de Chery y de la empresa estadounidense Factorial, junto a la surcoreana SK On, dejan claro que el futuro está más cerca de lo que pensamos.

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La apuesta millonaria de Chery

El gigante chino Chery, conocido en España por ensamblar modelos de Ebro, Omoda y Jaecoo en la antigua fábrica de Nissan en Barcelona, ha anunciado una inversión de casi 1.300 millones de euros en baterías de estado sólido. El presidente del grupo, Yin Tongyue, lo desveló durante la Conferencia Mundial de Baterías celebrada en Sichuan. La compañía prevé empezar a probar la nueva generación de baterías a partir de 2027, y para ello contará con unos 1.200 ingenieros dedicados a la innovación en este campo.

Según Yin, estas baterías duplicarían la densidad energética de las actuales, aunque no quiso dar una fecha para el lanzamiento al mercado de vehículos con esta tecnología. Lo que sí dejó claro es que no instalarán baterías en sus coches a menos que demuestren ser totalmente seguras. Una postura prudente, teniendo en cuenta que el fundador de CATL, el mayor fabricante mundial de baterías, aseguró hace unos meses que la producción a gran escala de estado sólido no llegará hasta 2030.

La alianza Factorial-SK On

Del otro lado del charco, la empresa estadounidense Factorial y la surcoreana SK On han firmado una carta de intención para reconvertir fábricas existentes de baterías de iones de litio en líneas de producción de celdas de estado sólido. Según la CEO de Factorial, Siyu Huang, este movimiento reducirá los costes de inversión hasta en un 80% en comparación con construir plantas nuevas desde cero. Huang ha lanzado una advertencia clara: los fabricantes estadounidenses y europeos deben actuar ya para no quedarse atrás frente a los asiáticos.

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La alianza no es casualidad. SK On fabrica baterías para Hyundai, Ford y Volkswagen, y tiene una capacidad de producción anual de más de 200 GWh, la mitad en Estados Unidos. Factorial, por su parte, ya ha demostrado que sus celdas funcionan: alcanzan una densidad energética de 375 Wh/kg, cargan del 15% al 90% en 18 minutos y han superado pruebas de fiabilidad en un amplio rango de temperaturas. Mercedes-Benz, uno de sus socios, completó una prueba en carretera de más de 1.200 kilómetros con una sola carga en un EQS modificado.

Ventajas y desafíos pendientes

Las baterías de estado sólido utilizan electrolitos sólidos en lugar de líquidos, lo que promete mayor autonomía, tiempos de carga más cortos y menos riesgo de incendios. Al no tener líquido inflamable, la probabilidad de sobrecalentamiento o combustión se reduce drásticamente, algo que los fabricantes de coches eléctricos llevan años persiguiendo. Sin embargo, la tecnología aún tiene que superar obstáculos como la durabilidad del electrolito, las altas temperaturas de funcionamiento y los complejos procesos de fabricación.

Los expertos coinciden en que la clave está en pasar de la validación a la producción en masa. Mientras China ya tiene varios modelos con baterías semisólidas, como algunos de Nio, el estado sólido puro sigue siendo un reto. La propia Factorial reconoce que la industrialización es el verdadero desafío, y por eso busca socios con la escala de SK On. En Europa, la presión es máxima: si no se suben al carro pronto, podrían quedarse fuera de juego en la próxima década.

El futuro del mercado

Según las previsiones de Factorial, para 2030 el mercado de baterías para vehículos eléctricos se dividirá en dos segmentos claros. Por un lado, las baterías LFP, más baratas y eficientes, seguirán dominando los coches de gama baja y media. Por otro, las de estado sólido se reservarán para los modelos de alta gama, donde la densidad energética, la seguridad y la velocidad de carga sean prioritarias. La segunda mitad de la década será clave para ver cómo se materializa esta transición, con varios fabricantes asiáticos apuntando a 2027 y 2028 para sus primeros lanzamientos.

Mientras tanto, la industria europea y estadounidense mira con recelo. La advertencia de Siyu Huang resuena con fuerza: si no se mueven rápido, repetirán la historia de las baterías de iones de litio, que se industrializaron en Japón y luego se produjeron en masa en Corea y China. La oportunidad está ahí, pero requiere inversión, colaboración y, sobre todo, decisión política para no quedarse en la cuneta de la electrificación.

En definitiva, las baterías de estado sólido ya no son una promesa lejana. Chery y Factorial-SK On han dado pasos concretos para hacerlas realidad, y los próximos años serán decisivos. Si todo sale como se espera, podríamos ver coches con esta tecnología en las carreteras antes de lo que imaginamos, con más autonomía, menos sustos y una eficiencia que hoy parece imposible. Pero, como siempre en este sector, habrá que esperar a que la teoría se convierta en práctica.


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