
China se prepara para un despliegue sin precedentes de 8.500 robots con inteligencia artificial en su red eléctrica, un movimiento que sitúa a la robótica como pieza clave de la infraestructura civil del país. El plan, liderado por la Corporación Estatal de la Red Eléctrica de China (State Grid), mezcla inversión masiva, automatización y un objetivo muy concreto: sacar a los técnicos de los escenarios más peligrosos y difíciles de alcanzar.
Con un presupuesto que ronda los 1.000 millones de dólares (unos 6.800 millones de yuanes) solo para esta primera oleada, la empresa pública quiere acelerar su inversión masiva, la transición hacia una red más automatizada, capaz de reaccionar más rápido ante fallos, emergencias y condiciones extremas. Este paso supone transformar a los robots en un recurso cotidiano dentro de las compañías eléctricas, alejándolos de la etiqueta de prototipos experimentales.
Un despliegue masivo: 8.500 robots para la red eléctrica china
El corazón del plan pasa por la compra de 8.500 unidades de robótica avanzada equipadas con sistemas de inteligencia artificial, pensadas específicamente para operar sobre el terreno en la red eléctrica. State Grid, que controla la infraestructura energética en 26 de las 31 regiones de la China continental, incorpora así una capa de automatización sin equivalente, al menos por volumen, en otros sistemas eléctricos del mundo.
La inversión no se limita a la adquisición de las máquinas. Según la planificación interna, alrededor de 5.800 millones de yuanes se destinarán directamente a hardware, mientras que el resto del presupuesto irá a proyectos de investigación, desarrollo y formación de personal humano para trabajar codo con codo con estos nuevos compañeros robóticos.
Este despliegue se produce en paralelo a los movimientos de China Southern Power Grid, la otra gran eléctrica del país, que también está reforzando su flota de máquinas inteligentes. En conjunto, el sector eléctrico chino superará este año los 10.000 millones de yuanes en inversión ligada a inteligencia artificial encarnada y robótica aplicada a servicios públicos.
En la práctica, esta operación convierte a la red eléctrica china en el primer gran campo de pruebas civil a escala mundial donde la robótica deja de ser un experimento puntual y pasa a integrarse como parte estable del organigrama de la compañía, con funciones, objetivos y presupuestos continuados.
Perros robóticos para patrullar subestaciones y líneas en montaña
El grueso de la flota estará formado por unos 5.000 robots cuadrúpedos similares a perros eléctricos, diseñados para patrullar subestaciones, revisar líneas de transmisión y cubrir zonas donde los técnicos tardan horas en llegar. En entornos montañosos o de difícil acceso, estos robots pueden moverse con mayor rapidez y seguridad que un equipo humano.
Estos modelos, entre ellos la familia de perros robóticos Feiyun, están preparados para subir escaleras, sortear obstáculos y trabajar bajo lluvia, viento o temperaturas extremas, algo especialmente útil en regiones remotas o con condiciones climáticas adversas. Su trabajo consistirá en inspeccionar equipos, detectar anomalías y enviar datos en tiempo real a los centros de control.
La compañía quiere que estas unidades se encarguen de vigilancia rutinaria, comprobación de tendidos eléctricos y apoyo en tareas de mantenimiento ligero. De este modo, los técnicos humanos podrán centrarse en intervenciones más complejas mientras los robots se ocupan de la “ronda diaria” de inspecciones.
Más allá del territorio chino, ya se han dado los primeros pasos para exportar este tipo de perros robóticos a otros mercados. La filial Guangdong Power Grid ha firmado acuerdos para vender unidades de inspección de subestaciones a Chile, lo que abre la puerta a que este tipo de tecnología llegue a redes eléctricas de América Latina y, potencialmente, a otras regiones, incluida Europa, a medio plazo.
Humanoides y robots con brazos para tareas de alto riesgo
Además de los cuadrúpedos, el plan de State Grid contempla incorporar robots humanoides y plataformas con doble brazo articulado para asumir trabajos de mayor complejidad y riesgo en la red eléctrica, especialmente en las líneas de alta y ultraalta tensión.
Según los detalles difundidos por medios locales, parte de estos 3.500 robots restantes se está entrenando para abrir paneles, utilizar herramientas, manipular equipos eléctricos y realizar operaciones de conmutación o maniobras delicadas en instalaciones donde un error humano puede tener consecuencias graves. Gracias a sus brazos, pueden ejecutar gestos precisos y replicar acciones habituales de los técnicos.
Una de las ventajas clave de estos sistemas es que pueden trabajar directamente en entornos ya diseñados para personas, utilizando escaleras, pasarelas, pasillos y puntos de acceso existentes sin necesidad de rediseñar las instalaciones desde cero. Eso reduce costes y agiliza la integración, algo que los operadores eléctricos valoran especialmente.
En el catálogo previsto se incluyen también humanoides capaces de operar en líneas de ultraalta tensión, donde la combinación de altura, tensión eléctrica y condiciones ambientales eleva el riesgo de la intervención humana. Aquí la idea es que el personal supervise a distancia mientras los robots ejecutan la tarea directamente sobre la infraestructura.
Una red eléctrica cada vez más automatizada
Más allá del impacto inmediato, el movimiento de State Grid encaja en un plan de transformación de mayor alcance: convertir la red en un sistema altamente automatizado, apoyado en IA y robótica, capaz de funcionar con una intervención humana menor, pero más especializada.
La compañía ha anunciado que, entre 2026 y 2030, prevé invertir del orden de 4 billones de yuanes (unos 500.000 millones de euros) en modernizar la red, integrando redes inteligentes, sistemas de análisis de datos en tiempo real y una infraestructura de sensores, cámaras y robots conectados.
Con este enfoque, las inspecciones, reparaciones y respuestas ante incidentes podrían realizarse con mayor rapidez y menor riesgo para los trabajadores. Los robots serían los primeros en llegar a la zona afectada, evaluar la situación, recopilar información y, en muchos casos, ejecutar las primeras intervenciones para estabilizar la instalación.
Para los gestores de red, esta estrategia también implica un cambio organizativo profundo: se pasa de equipos basados en brigadas presenciales dispersas por el territorio a centros de control que coordinan enjambres de máquinas, supervisadas por técnicos especializados en operación remota y análisis de datos.
Los gigantes de la robótica china, al mando del proyecto
Este despliegue no sería posible sin un tejido industrial que ya lleva años afinando sus procesos. State Grid se apoyará en un grupo de proveedores nacionales que se han convertido en referencia mundial en robótica: Unitree Robotics, Deep Robotics, AgiBot, UBTech Robotics y Fourier Intelligence, entre otros.
Cada compañía aporta una pieza distinta al puzzle: desde cuadrúpedos robustos y versátiles hasta humanoides con habilidades motoras avanzadas, pasando por plataformas de doble brazo que priorizan fuerza y precisión. La coordinación de todos estos actores dibuja una cadena de suministro extremadamente integrada y rápida.
Las cifras del sector dan una idea del músculo que hay detrás. Los fabricantes chinos concentran ya más del 80 % de los envíos mundiales de robots en algunas categorías, dejando a competidores occidentales con una cuota mucho más modesta. Solo en 2025, los grandes proveedores chinos multiplicaron por cinco las entregas respecto al año anterior.
Shenzhen, uno de los principales polos tecnológicos del país, se ha convertido en epicentro de la producción robótica, con cientos de miles de unidades industriales y de servicio saliendo de sus fábricas cada año. Esa capacidad para diseñar, producir y ajustar a gran velocidad permite responder a pedidos masivos como el de State Grid sin colapsar la cadena de suministro.
China como banco de pruebas mundial de la robótica de servicio
El caso de los 8.500 robots con IA para la red eléctrica es un ejemplo especialmente visible de una tendencia más amplia: China está utilizando sus infraestructuras críticas, como la energía, para poner a prueba la robótica de servicio en entornos reales y a gran escala.
Frente a otros países donde los robots se ven aún como proyectos piloto o demostraciones puntuales, el sector eléctrico chino empieza a tratarlos como un recurso operativo habitual, integrado en sus presupuestos y estrategias a largo plazo. Esa diferencia de enfoque puede marcar distancia en experiencia acumulada y en la calidad de las soluciones.
Este papel de laboratorio gigante plantea, al mismo tiempo, preguntas relevantes para otras regiones, incluida Europa y España: cómo regular la presencia de robots en infraestructuras críticas, qué estándares de seguridad exigir, cómo proteger los datos que generan y de qué manera reorganizar el trabajo humano alrededor de estas tecnologías.
Mientras tanto, la apuesta china por la robótica encarnada en el sector eléctrico refuerza su posición como actor dominante en la cadena global de suministro de estas máquinas. A medida que sus empresas empiezan a exportar robots de inspección y mantenimiento a otros países, es probable que el modelo de automatización que se está cocinando en su red eléctrica tenga influencia directa en cómo se modernizan otras redes del mundo.
Con este movimiento, la red eléctrica del gigante asiático se coloca como uno de los escaparates más claros de cómo la inteligencia artificial, la robótica y las infraestructuras críticas pueden entrelazarse: una flota de miles de robots patrullando subestaciones, subiendo escaleras metálicas, abriendo paneles y trabajando en líneas de muy alta tensión puede parecer ciencia ficción, pero, al ritmo que avanza el proyecto, está cada vez más cerca de convertirse en la nueva rutina del sector.
