
Foxconn, el gigante que todos asociamos con el montaje de dispositivos de Apple, ha decidido que ya es hora de brillar con luz propia. En la última edición de la feria VivaTech en París, la firma taiwanesa ha desplegado un arsenal tecnológico que va mucho más allá de las cadenas de montaje para centrarse en la inteligencia artificial y la robótica avanzada.
Lo que antes era un secreto a voces ahora es una realidad financiera, ya que sus ingresos por infraestructuras en la nube ya superan a los de los teléfonos móviles. Esta maniobra busca posicionar a la empresa como un pilar fundamental de la soberanía digital europea, especialmente a través de colaboraciones en el sector de la energía y los centros de datos.
El plato fuerte de esta nueva etapa es su alianza con Nvidia para producir los gabinetes Vera Rubin. Estos sistemas son auténticas bestias del procesamiento que integran decenas de unidades de procesamiento gráfico para entrenar modelos de lenguaje masivos de forma eficiente. No se trata solo de fabricar para otros, sino de usar esa misma potencia para optimizar sus propias plantas de producción.
En cuanto a la automatización, Foxconn está integrando robots humanoides en sus fábricas que son capaces de realizar tareas de ensamblaje con una precisión quirúrgica. Gracias a la implementación de gemelos digitales que simulan entornos físicos, los ingenieros pueden prever fallos antes de que ocurran en el mundo real, ahorrando costes y tiempo en el desarrollo de nuevos productos.
Expansión en el mercado eléctrico y digital europeo
Europa está en el centro de esta diana estratégica, como demuestra el reciente acuerdo con la compañía Schneider Electric para levantar centros de datos en suelo francés. Esta unión permitirá combinar la gestión energética con la capacidad de cómputo de alto rendimiento, ofreciendo soluciones integrales que compiten directamente con los grandes proveedores de la nube actuales.
Por si fuera poco, la automoción es el otro gran frente abierto de la taiwanesa a través de su marca Foxtron. Han presentado modelos como el Bria y el Model D, que prometen llegar a nuestras carreteras en un par de años con una plataforma de software abierta que facilitará que otros fabricantes lancen sus propios coches eléctricos sin gastar una fortuna en desarrollo.
Aunque los modelos presentados cuentan con una autonomía que ronda los 350 kilómetros, lo realmente llamativo es que funcionan con un sistema modular que Foxconn denomina el «Android de los coches». Esta tecnología podría suponer un cambio de paradigma para la industria española, ya que abre la puerta a que nuevos actores entren en el mercado utilizando la infraestructura de fabricación de la firma asiática.
La transformación de Foxconn es la prueba de que el hardware tradicional está mutando hacia un ecosistema de servicios inteligentes e infraestructura crítica. Al controlar desde el diseño de los centros de datos hasta la fabricación de robots y vehículos, la empresa se asegura una posición dominante en la cadena de valor del siglo XXI, dejando atrás su papel de simple ensamblador para convertirse en un titán tecnológico multidisciplinar.


