
La idea de que una vivienda de hormigón pueda levantarse en un par de dĆas suena a ciencia ficción, pero no se refiere a una casa acabada. En el sector se habla de la llamada obra gris: muros, paredes y otros elementos estructurales que se fabrican con una impresora de gran formato. El resto āinstalaciones, ventanas, cocina, baƱos, pintura y acabadosā sigue necesitando oficios tradicionales y una planificación cuidadosa.
Mateo Salvatto, cofundador de Grondplek, ha puesto cifras a esta promesa: 120 metros cuadrados de estructura en unas 48 horas y, en condiciones favorables, una vivienda terminada en aproximadamente una semana. Hablamos de estimaciones vinculadas a un proyecto concreto, no de una regla general. La tecnologĆa se apoya en mĆ”quinas danesas de COBOD y en una mezcla de cemento con aditivos que se deposita por capas.
QuƩ significa realmente construir en 48 horas
Cuando se dice que una casa de 120 m² puede estar levantada en dos jornadas, hay que distinguir entre estructura y vivienda habitable. La impresora no coloca sanitarios, no pasa cables, no instala radiadores ni monta armarios. Lo que hace es construir el esqueleto de hormigón siguiendo un diseño digital. Después llegan los gremios, los materiales complementarios y las comprobaciones técnicas.
Ese matiz explica por qué las cifras de tiempo pueden variar tanto. En una obra real influyen el terreno, la cimentación, el tamaño de la parcela, el transporte de la mÔquina, la normativa local y el nivel de acabado. No es lo mismo una nave industrial que una casa unifamiliar, ni un prototipo que una promoción con varios modelos repetidos.
La empresa argentina Grondplek se presenta como distribuidora y operadora de estos equipos en Argentina, Uruguay y Paraguay. Su llegada al mercado local se ha vinculado a una alianza con Techint IngenierĆa y Construcción, un nombre relevante en el sector. La primera aplicación no se limita a viviendas: tambiĆ©n apunta a piezas industriales, muros, cĆ”maras, drenajes y elementos de infraestructura.
Cómo funciona la impresora de hormigón
El sistema recuerda a una fÔbrica móvil. Una planta mezcladora prepara el material, una bomba lo impulsa y una manguera lo lleva hasta el cabezal de impresión. Ese cabezal se desplaza siguiendo el trazado del proyecto y deposita hormigón capa sobre capa. Entre capas se dejan pequeños cortes para que el material fragile y el conjunto no pierda estabilidad.
La mÔquina empleada en el caso argentino mide alrededor de 11 metros por 11 metros y 7 metros de alto. No es un electrodoméstico de taller, sino un equipo de gran formato que debe nivelarse sobre el terreno y operar con supervisión. Gracias a ese tamaño puede ejecutar muros, paredes, escaleras, jardineras o encimeras con formas curvas y contracurvas, algo mÔs complicado con encofrados convencionales.
La mezcla no sale de un saco sin mĆ”s. Se prepara con cemento y aditivos que regulan su comportamiento durante la impresión, de modo que el hormigón mantenga la consistencia adecuada segĆŗn la temperatura, la humedad o el ritmo de trabajo. El control de la mezcla es una parte crĆtica del proceso, porque de Ć©l dependen la adherencia entre capas y la resistencia final.
Ventajas, lĆmites y costes: lo que se puede y no se puede prometer
Entre los argumentos que mĆ”s se repiten estĆ” la reducción de desperdicios. Al colocar material solo donde el diseƱo lo necesita, se evitan sobrantes y pĆ©rdidas habituales en una obra tradicional. TambiĆ©n se habla de plazos mĆ”s cortos: algunas compaƱĆas del sector apuntan a una disminución en torno al 35 % del tiempo de ejecución respecto a mĆ©todos convencionales.
El ahorro económico es otra de las promesas. Salvatto ha mencionado una posible rebaja de hasta el 30 % frente al coste de mercado, pero esa cifra depende de muchos factores: el terreno, la escala, los materiales, las terminaciones y las condiciones de cada proyecto. No es un descuento garantizado ni se puede aplicar a cualquier vivienda sin estudiar el caso.
Las viviendas impresas pueden incorporar doble pared con cĆ”mara de aire, una solución que busca mejorar el aislamiento tĆ©rmico y acĆŗstico. TambiĆ©n se sostiene que las estructuras pueden diseƱarse para resistir movimientos sĆsmicos, siempre que cumplan los cĆ”lculos, normas y controles tĆ©cnicos. Como en cualquier construcción, la calidad final no depende solo de la mĆ”quina, sino del proyecto, los materiales y la supervisión profesional.
La impresión 3D de hormigón no elimina a los trabajadores. Cambia el reparto de tareas: la mĆ”quina asume esfuerzos pesados y repetitivos, mientras que las personas se encargan de operar, supervisar, ajustar la mezcla y completar todo lo que queda fuera del hormigón impreso. Las instalaciones elĆ©ctricas, sanitarias y de gas, las carpinterĆas, los revestimientos y la pintura siguen haciĆ©ndose de forma convencional.
Del caso argentino a la tendencia europea y global
La tecnologĆa ya se ha utilizado en Asia, Europa y Estados Unidos, y empieza a incorporarse en Argentina. Entre los ejemplos internacionales que se citan hay un local de Starbucks construido con impresión 3D en Texas y una estación ferroviaria en Japón cuya estructura se completó en unas seis horas. Son muestras de que el sistema no sirve solo para casas: tambiĆ©n puede fabricar componentes arquitectónicos y piezas para infraestructura.
En Europa, el desarrollo de estas mĆ”quinas estĆ” ligado a fabricantes como la danesa COBOD, cuya tecnologĆa ha sido elegida para el proyecto argentino. En paĆses como Alemania tambiĆ©n se ha presentado una vivienda impresa en 3D, aunque los datos disponibles no permiten comparar plazos y precios con el caso sudamericano. La expansión europea aĆŗn depende de normativas, costes reales y proyectos acabados que demuestren su rendimiento a escala.
Salvatto describe la impresora como una especie de fÔbrica de premoldeados portÔtil: puede trasladarse, nivelarse sobre el terreno y empezar a producir con mÔs agilidad que los métodos tradicionales. Esa idea encaja con un sector, el de la construcción, que suele ser lento para adoptar cambios. Automatizar una fase pesada y repetitiva puede tener un impacto mayor que la simple anécdota de levantar paredes en tiempo récord.
El obstĆ”culo estĆ” en pasar de la demostración al uso habitual. Hacen falta regulaciones claras, costes comparables, personal formado y obras terminadas que permitan medir el resultado. TambiĆ©n conviene recordar que una vivienda no es solo hormigón: es un conjunto de sistemas que deben funcionar juntos. La promesa es atractiva, pero su valor real se verĆ” en proyectos concretos y no solo en vĆdeos llamativos.
La impresión 3D de hormigón se estĆ” abriendo hueco como una herramienta para acelerar la estructura de las viviendas, reducir desperdicios y cambiar la organización de la obra. Los 120 m² en 48 horas se refieren a la parte estructural, no a una casa lista para entrar a vivir, y el ahorro del 30 % o la entrega en una semana son estimaciones que dependen del proyecto. Su avance dependerĆ” de normas, costes y resultados reales, pero ya ha dejado de ser una idea de laboratorio para convertirse en una lĆnea de trabajo dentro de la construcción.










