
Los robots humanoides han pasado de ser una promesa de ciencia ficción a una realidad industrial. En los últimos años, el sector ha experimentado un crecimiento espectacular, con China como principal motor. Según datos del sector, el mercado global alcanzó las 13.000 unidades vendidas en 2025, y las previsiones apuntan a un aumento exponencial.
La carrera por dominar esta tecnologÃa no solo enfrenta a empresas, sino a paÃses enteros. Mientras China acelera su producción y despliegue, Europa intenta encontrar su lugar en un ecosistema dominado por gigantes asiáticos y estadounidenses. La pregunta ya no es si los robots humanoides serán útiles, sino quién los fabricará primero a gran escala.
China, lÃder indiscutible
China se ha consolidado como el principal productor y consumidor de robots humanoides. Según informes de Barclays, las empresas chinas acapararon alrededor del 85% de las ventas mundiales en 2025. Unitree Robotics, con sede en Hangzhou, es una de las compañÃas más destacadas, con más de 5.000 unidades vendidas el año pasado. La firma, fundada por Wang Xingxing, ha logrado reducir costes y aumentar la producción de forma notable.
Las previsiones son aún más ambiciosas. Morgan Stanley ha revisado al alza sus estimaciones para China, pasando de 14.000 a 50.000 envÃos en 2026. Este crecimiento se apoya en una cadena de suministro local que permite abaratar los componentes, asà como en un fuerte respaldo gubernamental. El paÃs asiático ha convertido la robótica en una prioridad estratégica, con planes para instalar miles de robots en fábricas, hospitales y hogares.
La formación de los robots
Para que estos robots sean realmente útiles, necesitan aprender a desenvolverse en entornos reales. China ha puesto en marcha las llamadas «escuelas de entrenamiento» para humanoides, donde cientos de máquinas practican tareas cotidianas como doblar ropa, clasificar paquetes o manipular objetos. Estos centros, como el de Shijingshan en PekÃn, emplean a instructores humanos que guÃan a los robots mediante trajes de captura de movimiento y realidad virtual.
El objetivo es generar millones de datos que alimenten los modelos de inteligencia artificial. Una vez entrenados, los robots pueden realizar tareas con una productividad cercana al 70% de la de un trabajador humano. Esta formación masiva es clave para que la robótica humanoide llegue a las fábricas y deje de ser un espectáculo para convertirse en una herramienta económica viable.
Europa busca su hueco
Europa no quiere quedarse atrás en esta revolución. Aunque China y Estados Unidos dominan la producción y la inteligencia artificial, el continente cuenta con una sólida tradición en ingenierÃa de precisión. Empresas como Bosch están desarrollando sensores y actuadores que son esenciales para el movimiento y la percepción de los robots. Según Mathias Pillin, CTO de Bosch, Europa puede desempeñar un papel crucial combinando su experiencia industrial con la IA.
Además, varias startups europeas están trabajando en robots humanoides para aplicaciones industriales y de servicio. España, por ejemplo, cuenta con iniciativas en Barcelona y proyectos como el polo tecnológico de humanoides en Vigo que llevan años investigando en este campo. La clave para Europa será convertir su investigación en producción a gran escala, un desafÃo que requiere inversión y colaboración público-privada.
En definitiva, la robótica humanoide está viviendo un momento de efervescencia sin precedentes. China lidera la producción y el entrenamiento, con previsiones de decenas de miles de unidades para este año. Europa, por su parte, apuesta por la calidad y la precisión para hacerse un hueco en un mercado que promete transformar la economÃa global. La carrera apenas comienza, y los próximos años serán decisivos para determinar quién se impone en esta nueva frontera tecnológica.






