
Marruecos ha movido ficha en el ámbito de los drones de ataque. En el marco del Marrakech Airshow, ha presentado un acuerdo preliminar con la compañía francesa Harmattan AI para fabricar en territorio marroquí el IRIFI, un sistema aéreo no tripulado de tipo kamikaze y largo alcance. La operación no se limita a una compra: incluye desarrollo, producción local y creación de capacidad industrial.
El proyecto llega en un momento en el que los drones kamikaze han dejado de ser un recurso menor. La propuesta marroquí busca combinar el coste contenido y la fabricación en serie de los aparatos tipo Shahed con el alcance y el efecto estratégico de misiles de crucero como el Tomahawk. La idea, según se ha presentado, es disponer de un vector de ataque profundo, no recuperable y pensado para lanzamientos en oleadas.
Un acuerdo con Harmattan AI para producir en Marruecos
Durante la jornada inaugural del salón aeronáutico de Marrakech se ha anunciado un acuerdo preliminar con la firma francesa Harmattan AI. El texto se presenta como una carta de intenciones para la adquisición, el desarrollo y la producción en Marruecos del dron kamikaze IRIFI. La responsabilidad industrial recaería en una filial local, Harmattan AI Marruecos, lo que refuerza la idea de que no se trataría solo de importar aparatos terminados.
Por ahora no se han difundido cifras sobre el volumen del pedido, la financiación, el calendario de producción ni la ubicación oficial de la planta. Algunas informaciones sitúan las instalaciones en Nouaceur, en las inmediaciones de Casablanca. El nombre IRIFI procede de la palabra amazig que designa el viento chergui o sirocco.
La información difundida por la prensa local y especializada coincide en señalar que el IRIFI es un dron de ataque profundo y un solo uso. Su alcance estimado llega a los 2.000 kilómetros, se impulsa mediante un motor de combustión y su carga útil no ha sido desvelada. El lanzamiento se haría desde lanzadores móviles encapsulados, pensados para despliegues rápidos y dispersos.
Autonomía, IA y saturación: así quiere operar el IRIFI
El aspecto en el que más insisten las fuentes consultadas es la autonomía operativa. Una vez autorizado el lanzamiento, el aparato estaría diseñado para completar su misión sin intervención humana durante la ejecución. El mando militar fijaría antes los objetivos, las posiciones de lanzamiento y los parámetros de la operación; después, el dron actuaría por su cuenta.
Para lograrlo, el sistema combinaría navegación interna, sensores integrados y procesamiento de datos con inteligencia artificial. El objetivo es que la misión continúe aunque las comunicaciones sufran interferencias o la navegación por satélite quede inutilizada. En la fase final se apunta a un guiado óptico y a un vuelo a baja cota para reducir la detección radar y buscar precisión métrica.
La compañía ha explicado que la propuesta se sitúa entre dos extremos: los drones iraníes tipo Shahed, baratos y fáciles de fabricar en grandes cantidades, pero menos precisos y más vulnerables, y misiles como el Tomahawk o el Storm Shadow, muy capaces y supervivientes, aunque caros y con producciones más limitadas. El IRIFI intenta quedarse con lo mejor de ambos mundos mediante producción masiva, autonomía y ataque de largo alcance.
El planteamiento encaja con una doctrina de saturación y desgaste. En lugar de depender de unos pocos disparos muy costosos, se hablaría de oleadas coordinadas capaces de complicar las defensas tradicionales. Un solo operador, ayudado por herramientas de análisis de imágenes satelitales, podría coordinar decenas de lanzamientos simultáneos durante una misma acción, según la documentación técnica difundida.
Defensa antiaérea y tejido industrial
El proyecto del IRIFI no aparece aislado. La colaboración con Harmattan AI amplía acuerdos estratégicos anteriores centrados en la protección antiaérea mediante la familia Gobi. Esa línea incluye el modelo básico para interceptar aeronaves no tripuladas de clases uno y dos, capaz de alcanzar los 350 km/h con un peso de 2,2 kilos y abatir la amenaza en torno a un minuto, y la versión Gobi Tempest para objetivos de clases dos y tres, con 12 kilómetros de rango, 800 gramos de carga explosiva, 4,4 kilos de peso y un tiempo de reacción de cinco segundos.
El plan conjunto contempla además la creación de tejido industrial local, un centro de desarrollo de inteligencia artificial para defensa y formación de especialistas marroquíes con el apoyo de centros académicos y científicos del país. Si el acuerdo deriva en un contrato formal vinculante, Marruecos incorporaría un vector de ataque profundo fabricado en casa y daría un salto desde la interceptación defensiva hacia la capacidad ofensiva remota de precisión.
Otras informaciones apuntan a que la producción en serie podría arrancar próximamente y que el país quiere constituir una reserva estratégica de estas aeronaves, además de abrir la puerta a su exportación a países aliados. También se ha señalado que la fabricación podría comenzar en Marruecos y extenderse después a Estados Unidos, con un objetivo inicial de entre 5.000 y 10.000 unidades anuales a partir de finales de 2027. En la apertura del evento, el ministro de Industria y Comercio, Ryad Mezzour, llegó a decir que si un país tiene problemas de capacidad, plazos o competitividad, Marruecos es la solución. Son extremos que aún deben confirmarse con el contrato definitivo.
Marruecos queda así en una posición poco habitual: no solo compra material, sino que aspira a desarrollar y ensamblar drones kamikaze de largo alcance en su propio territorio. El IRIFI, pendiente todavía de detalles como la carga útil o la ubicación final de la planta, busca cubrir 2.000 kilómetros, operar sin conexión continua y lanzarse en tandas desde plataformas móviles. Harmattan AI y su filial marroquí aparecen como piezas clave de un plan que también toca defensa antiaérea, formación técnica e inteligencia artificial aplicada a la defensa.

