
Tras un parón que se ha prolongado alrededor de cuatro años, el escritorio de Raspberry Pi para ordenadores convencionales vuelve a estar en circulación. La nueva entrega se apoya en Debian 13 Trixie y llega con la intención de reutilizar equipos que, de otro modo, quizá acabarÃan guardados en un armario. No se trata de una versión pensada para las placas de una sola tarjeta, sino de un sistema completo para PC y Mac.
El proyecto nació como una prueba casera de Simon Long, que querÃa comprobar si el entorno de Raspberry Pi podÃa arrancar en su propio Mac. La idea funcionó y, con la ayuda de Serge en el empaquetado y las imágenes, en 2017 apareció la primera versión instalable. Desde entonces, el interés nunca desapareció, aunque mantenerlo al dÃa no siempre fue una prioridad para la compañÃa.
Una alternativa para PCs y Mac Intel, no para placas
Conviene no mezclar este desarrollo con Raspberry Pi OS para las placas SBC. Raspberry Pi Desktop es una distribución orientada a ordenadores x86, con lo que busca sacar partido a máquinas de escritorio o portátiles que ya no reciben actualizaciones de Windows o macOS. No sustituye a una Raspberry Pi: son productos con enfoques distintos y, en algunos casos, complementarios.
Debian 13 Trixie y el corte con los 32 bits
La base del sistema es Debian 13 Trixie, lo que trae bibliotecas actualizadas, correcciones de seguridad y soporte para hardware más moderno dentro del ecosistema de 64 bits. El cambio más drástico es que se abandona por completo la arquitectura de 32 bits. Quien viniera usando la entrega antigua no podrá actualizar sobre ella y tendrá que hacer una instalación limpia.
La compatibilidad alcanza a la mayorÃa de equipos PC fabricados en los últimos quince años, según la propia compañÃa, asà como a Mac con procesador Intel. En cambio, los Mac con chip Apple Silicon se quedan fuera por ahora, ya que el soporte de Debian para esa arquitectura sigue en fase beta y no se considera estable para esta imagen.
Wayland, nuevo dock y Centro de Control
El apartado gráfico también cambia de enfoque. El sistema deja atrás lxpanel y adopta Wayland como protocolo de visualización, lo que se traduce en controles de dock renovados y una gestión de ventanas más moderna. A esto se suma un Centro de Control unificado, pensado para no tener que saltar entre menús dispersos.
Otra novedad destacada es la inclusión del cliente Raspberry Pi Connect. Con él se puede acceder de forma remota a un PC o Mac que ejecute este escritorio, compartir pantalla o abrir un terminal remoto, siempre vinculado a la cuenta de Connect. La diferencia respecto a una placa es que en un ordenador hay que asignar un nombre al dispositivo, porque no existe un identificador de hardware único como en Raspberry Pi.
Cómo probarlo desde un USB o instalarlo en el disco
La distribución se ofrece como imagen Debian Live en formato ISO. El procedimiento pasa por grabarla en una memoria USB, arrancar el ordenador desde ella y elegir la opción de ejecución con persistencia. Esa persistencia guarda los cambios en el propio pendrive, de modo que se puede probar el sistema sin tocar el disco interno. También hay una opción para restablecerla y dejar el USB como recién preparado.
Si la prueba convence, se puede instalar de forma permanente. Para ello se utiliza Calamares, el instalador gráfico de Debian, disponible desde un acceso directo del escritorio o desde la categorÃa de Herramientas del sistema. El proceso permite elegir disco, particiones y otras opciones habituales en una instalación Linux.
Por qué ha tardado tanto en regresar
El retraso tiene bastante que ver con el modelo de negocio de Raspberry Pi. La empresa gana dinero con la venta de hardware y nunca ha cobrado por el software que lo acompaña, asà que dedicar recursos a una versión para PC y Mac resultaba complicado cuando habÃa otras tareas más urgentes. Mientras tanto, la versión anterior quedó anclada en Debian Bullseye.
La demanda, sin embargo, nunca se apagó. Desde la compañÃa han reconocido que recibÃan varios mensajes cada semana preguntando cuándo se actualizarÃa este escritorio. Esa insistencia de la comunidad, junto al trabajo de empaquetado y puesta a punto, ha permitido retomar el proyecto y publicar una versión acorde con los cambios recientes del entorno.
Para quién tiene sentido y qué no hay que esperar
Raspberry Pi Desktop encaja bien en quien quiera alargar la vida de un ordenador veterano para navegar, usar ofimática o ejecutar aplicaciones ligeras. Es una opción gratuita y de bajo consumo de recursos, pero no es una solución para todos los públicos. Tampoco conviene confundirla con una alternativa pensada para reemplazar a una Raspberry Pi en proyectos de electrónica.
Si el objetivo es montar un servidor doméstico, un proyecto de electrónica o un nodo de IoT, lo lógico sigue siendo mirar hacia una placa Raspberry Pi. Este escritorio es otra cosa: una forma de reaprovechar un PC o un Mac Intel que aún funcione, sin depender de Windows 11 ni de macOS y sin perder de vista que no es una placa Raspberry Pi.
La vuelta de Raspberry Pi Desktop supone, en la práctica, recuperar un proyecto que muchos usuarios veÃan casi abandonado. Ahora llega con Debian 13 Trixie, exige 64 bits, admite PCs de los últimos quince años y Mac Intel, incorpora Wayland y Connect, y puede probarse desde un USB antes de instalarse. Quienes tengan un equipo antiguo compatible y ganas de experimentar tienen una alternativa gratuita que merece un vistazo, aunque no conviene perder la vista de sus lÃmites ni confundirla con una Raspberry Pi al uso.



