
En el municipio de Ingenio, en Gran Canaria, un robot humanoide llamado Juani está cambiando la manera de trabajar con menores que presentan trastornos del desarrollo y dificultades neuromotoras. Este sistema, basado en robótica social e impulsado por inteligencia artificial, se ha integrado en la rutina de tratamiento de decenas de niños, convirtiéndose en un apoyo estable para familias y profesionales.
Lejos de ser una curiosidad tecnológica, Juani se ha consolidado como un auténtico coterapeuta dentro del Centro de Atención Infantil Temprana (CAIT) de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, en Carrizal. El androide ayuda a mejorar la movilidad, la autonomÃa diaria y las capacidades cognitivas de menores con autismo, TDAH u otros diagnósticos de retraso madurativo, siempre a través del juego y de actividades estructuradas.
Un humanoide al servicio de la atención temprana
En el CAIT de San Juan de Dios, en Carrizal, unos 30 niños y niñas interactúan ya de forma regular con el robot Juani, y el objetivo del centro es ampliar progresivamente el número de menores beneficiados. Las previsiones internas apuntan a que esta tecnologÃa pueda llegar a al menos 60 menores a corto plazo, e incluso a unos 90 si se extiende a otros servicios de la institución.
Juani fue desarrollada por la empresa Inrobics y está basada en robótica social orientada a la rehabilitación. El propio equipo del centro, formado Ãntegramente por mujeres, decidió darle personalidad femenina y bautizarla como Juani, respetando lo que denominan el «toque juandediano» en la forma de acompañar a los pacientes.
El dispositivo cuenta con una cámara integrada que registra los movimientos y reacciones de los menores. Gracias a este sistema, analiza la coordinación, evalúa la capacidad de atención y mide los tiempos de respuesta durante las actividades. Todos estos datos se almacenan en perfiles individuales y sirven para hacer un seguimiento detallado de la evolución.
Más allá de la apariencia simpática, Juani está pensada para trabajar de manera sistemática en sesiones de atención temprana. El robot propone ejercicios programados por el equipo terapéutico y proporciona información muy precisa sobre el rango articular de las articulaciones, algo que antes se medÃa «a ojo» o con herramientas manuales como el goniómetro.
Terapias más precisas: del goniómetro al informe digital
La jefa del servicio de Rehabilitación y Atención Temprana, Iraya Padrón, subraya que una de las grandes ventajas de Juani es la exactitud con la que mide los grados de articulación y el rendimiento motor de cada menor. Mientras que antes las valoraciones dependÃan en gran parte de la observación clÃnica, ahora el robot genera informes digitales detallados al término de cada ciclo de trabajo.
Estos informes recogen la evolución de la movilidad, los patrones de movimiento y la calidad de la ejecución de las tareas. La información objetiva permite ajustar las terapias con mayor precisión, adaptar la dificultad de los ejercicios e identificar mejoras o estancamientos a lo largo del tiempo.
Según Padrón, los avances articulares son especialmente visibles en aquellos niños con mayores limitaciones motrices. El sistema ofrece una comparación clara entre distintas sesiones, lo que facilita la labor del equipo multidisciplinar y respalda con datos las decisiones clÃnicas.
El hecho de que el robot actúe como «coterapeuta» no sustituye la presencia de los profesionales, sino que refuerza su trabajo con una herramienta tecnológica de apoyo. La programación de las actividades y la supervisión siguen en manos del personal sanitario, que utiliza la información que aporta Juani para orientar mejor la intervención.
Aprender jugando: cómo son las sesiones con Juani
La base del funcionamiento de Juani es sencilla en apariencia: repetición guiada y refuerzo positivo. En la práctica, el robot propone series de ejercicios motores y cognitivos que los menores deben imitar o resolver, siempre en un entorno lúdico. El objetivo es que las sesiones se vivan más como un juego que como una terapia tradicional.
En la parte motora, Juani plantea secuencias de movimientos como tocarse diferentes partes del cuerpo, levantar brazos o piernas, inclinar el tronco o realizar gestos concretos. Mientras el robot ejecuta estos movimientos, la criatura debe imitarlos, y el sistema ofrece feedback inmediato para indicar si la acción se ha realizado correctamente.
Las actividades cognitivas incluyen desde discriminación de colores y control de impulsos hasta corrección de frases absurdas o preguntas de razonamiento sencillo. El menor responde a través de una tablet, pulsando opciones como «sû o «no», y Juani reacciona con luces verdes o rojas según el acierto, pero siempre acompañadas de mensajes positivos de ánimo.
Además, el robot incorpora ejercicios de ritmo y coordinación, como pequeñas coreografÃas de baile, que combinan trabajo motor y motivación. Estas dinámicas permiten trabajar lateralidad, equilibrio, planificación motora y control corporal de una forma más atractiva que las tablas de ejercicios convencionales.
El caso de Liam: más autonomÃa y menos miedo al movimiento
Uno de los ejemplos más claros del impacto de Juani es el de Liam, un niño de seis años de Gran Canaria con retraso global en el desarrollo. Sus padres empezaron a notar dificultades cuando tenÃa apenas ocho meses, al ver que no se incorporaba ni lograba mantenerse sentado como otros bebés de su edad, lo que les llevó a iniciar diferentes terapias.
Actualmente, Liam presenta problemas para desplazarse y cierta inestabilidad, por lo que acude dos veces por semana al Centro de Atención Infantil Temprana de San Juan de Dios. Desde que trabaja con Juani, su padre, Ronaldo Antonio Gamboa, percibe cambios claros en su dÃa a dÃa, sobre todo en aquellas tareas que exigen coordinación y autonomÃa.
Según explica, actividades cotidianas como lavarse los dientes o vestirse se han vuelto más fáciles para el pequeño. Las rutinas que antes costaba consolidar ahora se repiten con menos resistencia, en parte porque Liam asocia esos gestos a los juegos y ejercicios que realiza con el robot en el centro.
En las sesiones, Juani saluda a Liam con frases cercanas del tipo «Hola, Liam, tienes buena cara, ¡vamos a jugar!» y le propone retos como «mano derecha en el ojo derecho». Incluso cuando el robot «se equivoca» a propósito entre lo que dice y lo que hace, obliga al niño a prestar atención y a diferenciar entre la orden verbal y el gesto, trabajando al mismo tiempo cognición y motricidad.
Impacto en niños con TEA, TDAH y otros perfiles
Lo que inicialmente se planteó como una herramienta focalizada en la mejora motora ha demostrado ser especialmente útil en otros ámbitos. Niños con Trastorno del Espectro Autista (TEA) y con TDAH están respondiendo de manera muy positiva al trabajo con Juani, tanto en atención como en conducta.
Familias como la de Hugo, de seis años, diagnosticado con TEA y TDAH, destacan que el robot les ayuda a entender que las normas no son solo imposiciones, sino parte de un juego estructurado. Su padre, Daniel Hernández, señala que la psicomotricidad y la lateralidad de Hugo han mejorado, y que el miedo inicial al robot dio paso a una relación de confianza, casi como si se tratara de una persona más en la sala.
Para estos menores, que a menudo presentan gran dispersión de la atención, la presencia de Juani funciona como un «premio» o aliciente. El hecho de que la sesión se perciba como un rato de juego hace que se mantengan más concentrados, participen más tiempo y lleguen al final de la actividad con buena disposición.
El equipo del centro destaca que la motivación y el compromiso con la terapia han crecido de forma notable en los perfiles con autismo. Los niños acuden con ganas, preguntan por el robot y muestran menos rechazo a repetir ejercicios que, de otra forma, podrÃan resultar monótonos o cansados.
Lenguaje, cognición y emociones: mucho más que movimiento
La coordinadora de Atención Temprana, Mariana León, incide en que el trabajo con Juani va más allá del aspecto fÃsico. Según detalla, el robot ayuda a nivel cognitivo y, progresivamente, en el área del lenguaje, gracias a su capacidad para plantear preguntas, corregir errores y mantener interacciones estructuradas.
En las sesiones se incluyen ejercicios como decidir si frases del tipo «¿Lavo la ropa en la nevera?» o «¿Veo los dibujos en el horno?» tienen sentido. El menor debe responder a través de la tablet, y el robot refuerza cada intento con comentarios como «Entrenar contigo es maravilloso» o «Estoy encantada de trabajar contigo», lo que favorece autoestima y confianza.
Este enfoque combina discriminación de colores, planificación motora y control de impulsos con retos sencillos de comprensión y razonamiento. Todo ello se integra en un entorno lúdico en el que el fracaso no se penaliza, sino que se utiliza como una oportunidad para animar a seguir intentándolo.
Mariana León y el resto del equipo coinciden en que la motivación es uno de los grandes logros de esta herramienta. El simple hecho de saber que «van a jugar con el robot» hace que muchos niños lleguen al centro más tranquilos, participen con mayor implicación y repitan sin protestar actividades que requieren esfuerzo sostenido.
Registro individual y seguimiento a largo plazo
Cada menor que trabaja con Juani cuenta con un perfil personalizado en el sistema, donde se guardan los resultados de las distintas sesiones. Este registro permite realizar comparativas en el tiempo y valorar de manera objetiva la progresión en áreas como el rango articular, la precisión de los gestos, la atención sostenida o la velocidad de respuesta.
Para el personal del centro, esta información aporta una base sólida para adaptar los programas de intervención, establecer nuevas metas o detectar cuándo conviene cambiar de estrategia terapéutica. La combinación de datos cuantitativos y observación directa facilita una visión más completa de cada caso.
Esta forma de trabajo se enmarca en una apuesta por la digitalización de la atención temprana, pero sin renunciar al componente humano. La presencia de fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, psicólogos y logopedas sigue siendo central; el robot se integra como una herramienta más dentro de la intervención global.
Para familias como las de Liam y Hugo, la percepción es clara: la experiencia con Juani está resultando muy positiva. Los cambios en autonomÃa, equilibrio, atención y disposición hacia la terapia se reflejan tanto en el centro como en casa, donde las rutinas diarias se vuelven un poco menos cuesta arriba.
La implantación del robot Juani en el CAIT de San Juan de Dios en Gran Canaria muestra cómo la robótica social y la inteligencia artificial pueden complementar la rehabilitación infantil cuando se integran en equipos profesionales consolidados. Con más menores participando cada mes, la experiencia de este centro canario se ha convertido en un ejemplo cercano de cómo la tecnologÃa, utilizada con criterio, puede convertir la terapia en un espacio más motivador, medible y adaptado a las necesidades reales de niños y niñas con trastornos del desarrollo.

