
Si estás dudando entre un SSD NVMe con DRAM o uno sin DRAM para juegos y sistema operativo, no eres el único. Cada vez hay más modelos en el mercado, los precios se aprietan y las diferencias reales de rendimiento se vuelven menos evidentes para el usuario medio, sobre todo cuando venimos de un disco duro mecánico tradicional.
En esta guía vamos a desgranar con calma qué aporta exactamente la DRAM en un SSD, qué implica que sea DRAM-less, cómo afecta a la durabilidad del disco, a los tiempos de carga de juegos y al arranque de Windows, y en qué casos compensa pagar un poco más por un modelo con DRAM o conformarse con un NVMe barato tipo Teamgroup MP33 o similares.
Qué es la DRAM en un SSD y por qué es tan importante
Dentro de un SSD no solo hay chips de memoria flash, también hay un controlador y, en muchos modelos, un chip de memoria DRAM dedicado. Esta DRAM no es la RAM de tu PC, sino un módulo propio del SSD que se utiliza como memoria de trabajo ultrarrápida para la controladora.
El papel principal de esa DRAM es almacenar un “mapa” interno que relaciona las direcciones lógicas que ve el sistema operativo con las direcciones físicas reales de las celdas donde están tus datos dentro de la memoria flash. Ese mapa es gigantesco y está en constante actualización mientras lees y escribes archivos.
Cuando el sistema operativo pide datos a la unidad, lo hace usando direcciones lógicas LBA (Logical Block Addressing), un sistema heredado de los discos duros mecánicos. El problema es que los SSD no organizan ni mueven los datos igual que un HDD, por lo que esas direcciones lógicas no coinciden directamente con la ubicación física real de los datos en los chips de memoria.
La controladora del SSD usa una capa llamada Flash Translation Layer (FTL), que es básicamente una enorme tabla de traducción que dice: “esta dirección lógica LBA se corresponde con esta celda o bloque físico concreto”. Esa tabla es la que suele residir en la DRAM integrada del SSD cuando el modelo la tiene.
Como la DRAM es mucho más rápida que la NAND flash, consultar y actualizar esa tabla en DRAM es infinitamente más ágil que hacerlo directamente en la memoria flash. Por eso, los SSD con DRAM suelen ofrecer mejores tiempos de acceso, mejor rendimiento aleatorio y, además, menos desgaste sobre la NAND.
Cómo leen y escriben los datos los SSD (y por qué esto desgasta la memoria)
Para entender mejor el impacto de la DRAM, conviene saber que los SSD trabajan por bloques de tamaño fijo, típicamente de 4 KB. No pueden escribir o borrar un solo byte, sino bloques completos. Eso implica que guardar incluso un archivo minúsculo reserva un bloque entero.
Si modificas un archivo, el SSD no borra solo la parte afectada: lee el bloque completo, lo reescribe con los cambios y lo coloca en otra zona libre, marcando el bloque antiguo como obsoleto para futura limpieza. Esto genera muchas escrituras internas extra que el usuario no ve, pero que contribuyen al desgaste de las celdas.
Para evitar que unas pocas celdas se quemen antes de tiempo mientras otras apenas se tocan, los SSD implementan una técnica llamada wear leveling (reparto o nivelación de desgaste). Este mecanismo va moviendo periódicamente los datos por distintas celdas para que todas se usen de forma lo más uniforme posible.
Ese movimiento interno de datos hace que su ubicación física vaya cambiando con el tiempo, aunque desde el punto de vista de Windows o Linux las direcciones lógicas LBA sigan siendo las mismas. De nuevo, es la FTL la que se encarga de mantener la relación entre LBA y celdas físicas al día, y esa información es la que queda en la DRAM en los SSD que la integran.
Cuando un SSD no incluye DRAM, esa tabla FTL tiene que residir en la propia memoria flash o, en el caso de ciertos NVMe, apoyarse en la RAM del sistema mediante tecnologías como HMB. Ambas alternativas son más lentas y añaden más escrituras sobre la NAND, lo que a largo plazo puede afectar al rendimiento sostenido y a la vida útil del disco.
DRAM, caché SLC y por qué no son lo mismo
Es frecuente que muchos usuarios confundan la DRAM del SSD con la caché SLC o pseudo-SLC, pero no tienen nada que ver. La DRAM guarda la tabla de traducción de direcciones, mientras que la caché SLC se utiliza para acelerar las escrituras temporales.
La caché SLC suele estar implementada como una parte de la propia NAND configurada para funcionar como si fuera memoria SLC, o bien como chips específicos. Su misión es recibir las escrituras entrantes a alta velocidad, para más tarde volcarlas de forma más pausada al resto de la memoria flash, que es más lenta.
El problema de esta caché es que no es infinita: cuando se llena, las velocidades de escritura caen de manera muy notable. La capacidad de esa caché puede ir desde unos pocos gigas hasta decenas de gigas en los modelos de mayor tamaño, pero siempre tiene un límite.
Algunos fabricantes juegan con el marketing y presumen de usar memoria SLC cuando en realidad se refieren solo a la caché, mientras que la memoria principal es TLC o QLC. Conviene leer la letra pequeña y no confundir “caché SLC” con “SSD SLC de verdad”, que hoy en día es rarísimo en productos de consumo.
La DRAM, en cambio, no se usa para guardar datos del usuario, sino para manejar la lógica interna de la unidad. La ausencia de DRAM no significa que el SSD no tenga caché SLC, y viceversa. Son dos componentes y funciones distintas que afectan al rendimiento de maneras también diferentes.
Ventajas de un SSD con DRAM frente a uno DRAM-less
La presencia de DRAM dentro del SSD trae varios beneficios claros, sobre todo en escenarios de uso intensivo y en acceso aleatorio, que es el tipo de acceso típico de un sistema operativo y de muchos juegos actuales.
La primera ventaja es el rendimiento general más consistente, especialmente en operaciones aleatorias pequeñas. Como la tabla FTL vive en una memoria extremadamente rápida, la controladora puede localizar y actualizar la posición de los datos sin tener que hacer múltiples accesos a la NAND, lo que se traduce en tiempos de respuesta menores.
Además, al no usar la propia NAND para almacenar y reescribir constantemente la tabla FTL, se reduce el desgaste sobre las celdas flash. La DRAM se actualiza continuamente sin degradarse al mismo ritmo que la memoria NAND, por lo que el recuento de escrituras reales sobre la flash se mantiene más bajo.
Esta reducción de escrituras internas y la posibilidad de usar controladoras más complejas hace que los SSD con DRAM suelan ofrecer mejores cifras de TBW (Terabytes Written) y garantías más largas por parte de los fabricantes. Los algoritmos de corrección de errores (ECC) también pueden ser más sofisticados y eficientes en estos modelos.
Hay, eso sí, un pequeño riesgo teórico: como la DRAM es volátil, si se corta la corriente de golpe mientras hay cambios pendientes en la tabla FTL, podría producirse corrupción de datos. Para evitar esto, muchos SSD de cierta gama incorporan condensadores que proporcionan energía unos milisegundos extra para vaciar esa información a la NAND. En el uso doméstico normal, los casos de corrupción por apagado brusco son bastante raros.
Por qué existen los SSD DRAM-less y qué sacrifican
Fabricar un SSD con DRAM encarece el producto por varios motivos: hay que añadir el propio chip DRAM, usar una controladora más avanzada y asumir que la DRAM es un componente muy demandado en toda la industria, con precios que suben y bajan según el mercado.
Solo unos pocos gigantes como Samsung, SK Hynix o Micron (Crucial) fabrican tanto NAND como DRAM. El resto de marcas que venden SSD pero no producen DRAM tienen que comprar esos chips a terceros que, en muchos casos, son competidores directos. Eso repercute en el coste final y en la disponibilidad.
Para poder sacar unidades más baratas y atacar los segmentos de entrada y gama media baja, muchos fabricantes optan por diseñar SSD DRAM-less, es decir, sin memoria DRAM dedicada. Se ahorran ese componente, simplifican algo la controladora y pueden ofrecer precios más agresivos.
La contrapartida es clara: la tabla FTL debe almacenarse en la propia NAND, lo que implica más lecturas y escrituras sobre las celdas y un acceso más lento a esa información. En los modelos NVMe, además, se puede recurrir a la RAM del sistema mediante la tecnología HMB, de la que hablaremos luego.
En consecuencia, un SSD sin DRAM suele ofrecer un rendimiento peor en operaciones aleatorias, picos de caída de velocidad cuando se satura la caché y, por lo general, cifras de durabilidad (TBW) y garantías algo más modestas. Muchos modelos DRAM-less económicos consumen menos energía, pero la diferencia real en consumo frente a un SSD con DRAM es bastante pequeña en un PC de sobremesa moderno.
Qué es un SSD DRAM-less y cómo se comporta en el día a día
Al utilizar la NAND para esa tarea, cada actualización del mapa implica escrituras extra sobre las mismas celdas que guardan tus datos. A largo plazo, esto puede contribuir a que el desgaste se reparta de forma distinta y que la esperanza de vida real sea algo menor frente a un SSD con DRAM de la misma categoría.
En términos de rendimiento, donde más se nota la diferencia es en accesos aleatorios pequeños y en cargas intensivas de trabajo, como muchas operaciones simultáneas, bases de datos, máquinas virtuales, compilaciones pesadas o carga masiva de recursos dispersos en discos ya muy llenos.
En usos más sencillos, como navegación web, ofimática, reproducción multimedia o juegos casuales, la realidad es que un SSD DRAM-less sigue siendo infinitamente más rápido que cualquier disco duro mecánico. Cuando vienes de un HDD, prácticamente cualquier SSD te va a parecer un cohete.
Eso sí, hay que tener en cuenta que no todos los SSD DRAM-less son iguales. En los últimos años han aparecido modelos sin DRAM que apuntan a la gama media, con controladoras modernas y firmware bastante pulido, que ofrecen un rendimiento muy competitivo por el precio que tienen.
Tecnología HMB en SSD NVMe: usar la RAM del sistema
En el caso de los SSD NVMe, muchos modelos DRAM-less incorporan una función llamada HMB (Host Memory Buffer), introducida a partir de la especificación NVMe 1.2. Esta tecnología permite que el SSD use una pequeña parte de la RAM del propio sistema como si fuese su DRAM “virtual”.
Con HMB, el controlador del SSD puede almacenar parte de la tabla FTL o datos auxiliares en esa memoria del host, lo que ayuda a reducir la cantidad de accesos que debe hacer a la NAND y mejora el rendimiento frente a un DRAM-less que no use HMB.
El tamaño de memoria utilizado suele ser realmente pequeño, normalmente por debajo de los 100 MB, por lo que en un equipo moderno con varios gigas de RAM el impacto es despreciable. A nivel del usuario no notarás que el sistema tenga menos memoria disponible.
Aun así, aunque el HMB da un empujón al rendimiento, no llega a igualar a un SSD con DRAM integrada. El acceso del SSD a la RAM del host tiene más latencia que el acceso a un chip DRAM soldado justo al lado de la controladora, y depende de la configuración, drivers y del propio sistema operativo.
En algunos casos muy concretos y con ciertos patrones de acceso, se ha visto incluso que el uso de HMB puede no mejorar o incluso empeorar levemente el rendimiento, según cómo gestione el firmware esas peticiones. No es una solución mágica, pero sí ayuda a que los NVMe DRAM-less sean bastante más decentes de lo que eran los primeros modelos baratos sin DRAM.
Ejemplos de modelos DRAM-less conocidos
En la práctica, el mercado está lleno de SSD que prescinden de DRAM, especialmente en la gama de entrada y en parte de la gama media. Entre los modelos DRAM-less que se suelen citar están Samsung 980, varios WD Blue/Green NVMe como SN350, SN500, SN550, SN570, SN770 y algunos de la familia SN750 SE.
En el terreno SATA, también hay clásicos como el Crucial BX500, el Kioxia Exceria SATA y modelos económicos muy populares como el SanDisk SSD Plus o el Kingston A400, además de un buen número de unidades de marcas chinas genéricas.
Entre los NVMe económicos con HMB, se pueden encontrar discos como el ADATA SX6000 Lite, Corsair MP400, Crucial P2, distintos modelos de Gigabyte NVMe, HP EX900/P700/P800, Patriot P300, Sabrent Rocket Nano, Transcend 110S o Verbatim Vi3000, entre otros.
Estos SSD no buscan ser los reyes de la gama alta, pero han ido ganando protagonismo en la franja media del mercado, ofreciendo velocidades muy respetables en lectura/escritura secuencial y un rendimiento suficientemente bueno para juegos y uso diario, a un precio bastante menor que los modelos de gama alta con DRAM.
Por eso, aunque un DRAM-less sea “objetivamente peor” que un SSD con DRAM en términos técnicos puros, en la práctica la diferencia se está estrechando y para muchos usuarios de presupuesto ajustado son una opción perfectamente válida.
SSD NVMe con DRAM vs sin DRAM: juegos y sistema operativo
Centrándonos ya en lo que más interesa a muchos: tiempos de carga de juegos y arranque del sistema operativo. La teoría dice que un SSD NVMe con DRAM será más rápido y consistente que uno DRAM-less. La práctica, sin embargo, depende mucho del escenario concreto.
Si vienes de un SSD SATA (con o sin DRAM) para el sistema operativo, y piensas añadir un NVMe DRAM-less como el Teamgroup MP33 para instalar juegos, lo más probable es que el salto que notes sea relativamente pequeño en tiempos de carga respecto a tu SSD SATA actual, pero aun así, el NVMe no va a ir peor que ese SATA.
En cuanto al sistema operativo, pasar de un SSD SATA a un NVMe, incluso sin DRAM, aporta mejores cifras de rendimiento secuencial y menor latencia, pero la mejora en “sensación de velocidad” no es tan brutal como la que se experimenta al pasar de HDD a SSD. El cuello de botella deja de ser el almacenamiento y pasa muchas veces a otros componentes o al propio software.
Respecto a los juegos, la carga de mapas, texturas y recursos suele realizar muchas lecturas de tamaño variado, mezclando accesos secuenciales y aleatorios. Ahí un NVMe con DRAM puede rascar algún segundo menos de carga en títulos muy pesados o mal optimizados, pero la diferencia rara vez será dramática para la mayoría de usuarios.
Donde sí se nota más la calidad del SSD es cuando el juego instala, descomprime y escribe muchos archivos pequeños (parches grandes, texturas de alta resolución, etc.), o cuando tienes el disco casi lleno. En esas situaciones, un NVMe con DRAM y buena controladora mantendrá velocidades más estables que un modelo DRAM-less económico, que puede pegar bajones bastante visibles cuando agota su caché SLC.
¿Es buena idea un NVMe DRAM-less como disco de arranque?
Hay un mito bastante extendido que dice que un SSD sin DRAM solo debería usarse como unidad de datos y no como disco de sistema operativo. La realidad es más matizada. Técnicamente, un SSD con DRAM siempre será mejor opción para el SO, pero eso no significa que un DRAM-less sea inútil para ese cometido.
En el caso de SSD SATA, la ausencia de DRAM se nota más, porque el propio bus SATA ya es más limitado en velocidad y latencia. Ahí sí que se han visto unidades DRAM-less bastante torpes bajo carga aleatoria. Pero incluso esos modelos siguen machacando a cualquier HDD en tiempos de arranque y apertura de programas.
En NVMe, el propio protocolo y el bus PCIe ofrecen una comunicación más rápida con la placa y la posibilidad de usar HMB, lo que suaviza parte del impacto de no tener DRAM integrada. Un NVMe DRAM-less decente sigue superando a un SSD SATA con DRAM en muchas métricas de rendimiento bruto.
Para un PC de uso general, un SSD NVMe DRAM-less puede funcionar perfectamente como unidad de arranque, siempre que se asuma que no es la opción óptima en términos de durabilidad y rendimiento sostenido. Si le vas a dar mucha caña con escritura intensiva (edición de vídeo pesada, máquinas virtuales, bases de datos, etc.), entonces sí tiene más sentido apostar claramente por un modelo con DRAM.
Si el presupuesto es ajustado y tu principal uso es navegar, ofimática, algo de edición ligera y jugar, no es un drama montar el sistema en un NVMe DRAM-less razonablemente competente. Simplemente conviene hacer copias de seguridad periódicas, como con cualquier SSD.
Diferencia entre SSD sin DRAM y un HDD tradicional
A veces se comete el error de comparar un SSD DRAM-less con un SSD con DRAM como si eso significara que el primero es “malo”. Sin embargo, a la hora de la verdad, la comparación que importa para la mayoría de usuarios sigue siendo SSD vs HDD.
Incluso un SSD SATA económico sin DRAM, de los más básicos, aporta tiempos de acceso y latencias ridículamente inferiores a las de un disco duro mecánico. El arranque del sistema, la apertura de programas y la carga de partidas cambian de “desesperantemente lento” a “aceptablemente rápido” en cualquier caso.
Para equipos secundarios, ordenadores que se usan solo de vez en cuando, o para darle una segunda vida a un PC antiguo que aún va con HDD, un SSD DRAM-less barato es una mejora brutal respecto al disco duro tradicional. Aunque la unidad no sea la más duradera del mundo, la experiencia de uso mejora tanto que suele compensar de sobra.
Evidentemente, si el presupuesto lo permite, apostar por un SSD con DRAM y buenas especificaciones de TBW y garantía es ideal, pero no hay que demonizar a los DRAM-less. Son una pieza más dentro del abanico de opciones, con su nicho claro: precio bajo y prestaciones suficientes para gran parte de usuarios domésticos.
En gamas muy bajas, sí conviene vigilar: algunos SSD DRAM-less de marcas desconocidas pueden agotar sus TBW en apenas uno o dos años con un uso moderado, como se ha visto en determinados modelos muy baratos. Ahí entra en juego la reputación del fabricante y las experiencias de otros usuarios.
¿Compensa pagar más por un SSD con DRAM para jugar?
La respuesta depende tanto del presupuesto como del tipo de jugador que seas. Si lo miramos fríamente, la diferencia de FPS entre un SSD NVMe con DRAM y uno sin DRAM es prácticamente nula. La GPU y la CPU son las que mandan ahí.
Donde el SSD puede aportar algo es en tiempos de carga, streaming de texturas y reducción de microparones por acceso a disco. En estos escenarios, un buen NVMe con DRAM puede ofrecer cargas algo más rápidas y menos caídas puntuales de rendimiento cuando el juego está constantemente tirando de datos.
Sin embargo, en la mayoría de títulos actuales, esa diferencia suele ser de segundos sueltos en las pantallas de carga o de una experiencia más estable en casos muy concretos. Para muchos jugadores, la relación coste/beneficio de pagar bastante más por un modelo con DRAM no siempre sale a cuenta, especialmente si van con el presupuesto justo.
Si el presupuesto es muy ajustado y puedes conseguir un NVMe DRAM-less de 1 o 2 TB a buen precio, como el caso típico de Teamgroup MP33 2 TB, sigue siendo una opción muy válida para dedicarlo a juegos. Los tiempos de carga serán muy buenos comparados con un HDD, y parecidos a muchos SSD SATA con DRAM.
Si, en cambio, quieres montar una máquina “para muchos años”, valoras alargar la vida del SSD, planeas instalar en él el sistema operativo, juegos muy pesados y hacer también tareas intensivas de escritura, entonces sí tiene bastante sentido estirarse un poco más y apostar por un NVMe con DRAM de un fabricante de confianza.
Al final, en este rango, la diferencia de precio entre un buen DRAM-less y un buen SSD con DRAM puede no ser tan enorme, y a cambio obtienes más durabilidad, más estabilidad de rendimiento bajo carga y una mayor tranquilidad a largo plazo.
Todo lo visto deja un panorama claro: los SSD NVMe con DRAM son la opción ideal para quien busca rendimiento sólido y duradero, mientras que los modelos DRAM-less, especialmente si cuentan con HMB y están bien diseñados, se han convertido en una alternativa muy competente para presupuestos ajustados, ofreciendo una mejora enorme frente a cualquier HDD y, en la práctica, unas diferencias de uso diario que muchos usuarios apenas notarán si su perfil no es demasiado exigente.