
Elon Musk ha vuelto a situar a Optimus, el robot humanoide de Tesla, en el centro del debate tecnológico global al poner fecha aproximada a su llegada al mercado de consumo. Durante su participación en el Foro Económico Mundial de Davos, el empresario aseguró que la compañía se está preparando para vender este androide al público general antes de que termine el próximo año, con la vista puesta en una comercialización masiva de aquí a 2027.
La declaración no es un mero titular aislado: forma parte de un plan industrial y financiero de gran calado dentro de Tesla, que incluye la instalación de líneas de producción específicas para Optimus y la ambición de llegar a suministrar hasta un millón de unidades en los próximos años. Todo ello, en un contexto en el que Musk reconoce que sus calendarios suelen ser demasiado optimistas, pero defiende que ese enfoque es preferible al pesimismo cuando se trata de innovaciones que pueden cambiar el día a día de millones de personas.
Qué ha prometido exactamente Musk sobre la venta de Optimus
En su intervención en Davos, Musk fue relativamente prudente en las formas, pero dejó una frase clara: “De aquí a fin del año próximo, pienso que venderemos robots humanoides al público”. Con esa afirmación, situó el horizonte para que un consumidor pueda plantearse adquirir un Optimus en un plazo de alrededor de un año, lo que encaja con el objetivo más amplio de tener la comercialización plenamente en marcha antes de 2027.
Se trata de la primera vez que Musk participa en el Foro Económico Mundial tras años criticando el evento por considerarlo “aburrido”. Su aparición sorpresa en la estación de Davos prácticamente llenó el auditorio, donde ofreció una charla centrada en inteligencia artificial, energía solar, espacio y robótica, evitando entrar en debates políticos, algo poco habitual en él.
Durante la sesión, Musk ligó la hoja de ruta de Optimus a una transformación económica más amplia, argumentando que un mundo con más robots que personas podría ser la clave para ofrecer un nivel de vida muy elevado a toda la población. Aun así, reconoció con cierta sorna que “nada es perfecto” y que esa visión plantea interrogantes sobre el papel que jugarán los humanos en un futuro tan automatizado.
La reacción del mercado fue inmediata: el anuncio de que Tesla espera vender los robots Optimus al público a finales del próximo año se tradujo en una ligera subida bursátil, con las acciones de la compañía avanzando en torno al 1,7% en la jornada en la que se conocieron sus palabras.
Producción, plazos y un arranque “atrozmente lento”
Musk insistió en que el camino hacia esa venta masiva no será sencillo. En mensajes recientes publicados en X (antes Twitter), el empresario avisó de que el inicio de la producción de Optimus será “atrozmente” o “dolorosamente” lento. El motivo principal es que prácticamente todos los elementos clave del robot son de nuevo desarrollo, lo que obliga a Tesla a construir procesos industriales desde cero.
La firma ya trabaja en la instalación de líneas de producción dedicadas a Optimus, con la idea de arrancar este mismo año y usar inicialmente al robot en sus propias fábricas, en tareas de logística y ensamblaje. Ese despliegue interno serviría como banco de pruebas antes de abrir la venta a particulares y empresas de todo el mundo, incluyendo Europa y, previsiblemente, España.
En paralelo, Musk recordó que ha sido el primero en admitir que tiende a pasarse de optimista cuando habla de calendarios. En octubre de 2024 reconoció públicamente que suele subestimar los tiempos necesarios para que sus proyectos tecnológicos lleguen a producción real, algo que ya se vio con otros productos de Tesla, como la Cybertruck. Aun así, defendió que “para la calidad de vida es mejor pecar de optimismo y equivocarse que ser pesimista y acertar”.
Ese contraste entre ambición y cautela se repitió también al hablar del robotaxi Cybercab, otro de los proyectos estrella de Tesla. Musk ha avisado de que, igual que con Optimus, “casi todo es nuevo” en este vehículo autónomo, por lo que el ramp-up de fabricación será igualmente lento. Pese a ello, la empresa aspira a seguir avanzando en su despliegue de robotaxis y en la obtención de autorizaciones regulatorias en distintos mercados.
La meta del millón de robots y el vínculo con la remuneración de Musk
Más allá del impacto tecnológico, Optimus está directamente conectado con los incentivos económicos del propio Elon Musk. Los accionistas de Tesla aprobaron en noviembre un ambicioso plan de remuneración a diez años que fija varios hitos que el CEO debe cumplir para acceder a su paquete completo de compensación.
Entre esos objetivos se encuentra el de suministrar alrededor de un millón de robots humanoides Optimus. Alcanzar esa cifra implicaría no solo haber resuelto los retos de producción, sino también haber generado una demanda sostenida a gran escala, algo que cambiaría profundamente la estructura de ingresos de Tesla, hoy todavía muy ligada al automóvil eléctrico.
En este contexto, se vuelve especialmente relevante el posible precio de venta de Optimus. Aunque en Davos Musk evitó dar una cifra concreta, en presentaciones anteriores de la compañía ha sugerido que, una vez que la fabricación alcance cierta madurez, el coste del robot podría ser “inferior al de un coche”. Ese rango orientativo lo situaría en torno a los 20.000-30.000 dólares, lo que equivaldría a varios decenas de miles de euros al cambio en el mercado europeo.
Si el dispositivo logra posicionarse en ese nivel de precios y demuestra ser útil en tareas domésticas, logísticas o industriales, podría generarse un nuevo segmento de mercado en Europa, con impacto en sectores como los servicios, la atención a mayores o la pequeña industria. Para consumidores y empresas en España, el principal interrogante será hasta qué punto la relación entre coste y prestaciones hace viable incorporar un robot de este tipo en el día a día.
Qué es Optimus y qué pretende hacer Tesla con él
Optimus, presentado también como Tesla Bot, se concibe como un robot humanoide de propósito general, pensado para replicar movimientos humanos y encargarse de tareas repetitivas, peligrosas o poco atractivas para las personas. No se trata solo de una estructura mecánica: integra una computadora con inteligencia artificial y un conjunto avanzado de sensores y cámaras.
El sistema de percepción y control de Optimus se apoya en la misma filosofía que Tesla ha desarrollado para sus vehículos, basada en redes neuronales y visión por computadora. Gracias a ello, el robot puede reconocer objetos, navegar por espacios complejos y aprender nuevas tareas a partir de ejemplos, sin necesidad de una programación detallada para cada acción concreta.
En cuanto a capacidades físicas, las últimas demostraciones públicas de Tesla han mostrado a Optimus realizando movimientos más finos, con manos capaces de manipular objetos delicados, doblar ropa o sujetar elementos frágiles. El robot cuenta con decenas de actuadores que le permiten caminar, agacharse o levantar cargas moderadas, lo que lo orienta tanto a entornos industriales como potencialmente a aplicaciones domésticas. El robot integra una batería de alrededor de 2,3 kWh, diseñada para aguantar una jornada de trabajo completa. Además, dispone de conectividad Wi‑Fi y LTE para recibir actualizaciones de software remotas y mejoras continuas, siguiendo el enfoque de “producto en evolución” que Tesla ya aplica en sus coches.
En materia de seguridad, Musk ha reiterado que el robot está concebido para ser “amigable por diseño”, con límites físicos que, en teoría, permiten que una persona media pueda superar al robot en fuerza o velocidad en caso de emergencia. Aunque estos mensajes buscan tranquilizar a un público cada vez más consciente de los riesgos ligados a la robótica avanzada, muchos expertos insisten en que el despliegue masivo de humanoides deberá ir acompañado de marcos regulatorios claros, especialmente en la Unión Europea.
Europa, la conducción autónoma y el encaje regulatorio
Durante la misma jornada en Davos, Musk no solo habló de robots. También adelantó que Tesla pretende lograr “en breve” la aprobación supervisada de su tecnología de conducción totalmente autónoma en Europa, con un calendario que, según él, podría ser similar al de China. Este movimiento resulta especialmente relevante para el mercado europeo, donde los requisitos de seguridad y privacidad son más estrictos que en otros territorios.
Actualmente, Tesla ya ha desplegado servicios de robotaxis en algunas ciudades de Estados Unidos, como Austin (Texas), aunque estos vehículos siguen contando con pasajeros que supervisan la conducción. En Europa, el salto hacia un nivel de autonomía más avanzado requerirá el visto bueno de las autoridades, que también tendrán que posicionarse sobre cómo se integran en el espacio público soluciones como Optimus si, como plantea Musk, acaban siendo parte cotidiana de hogares y empresas.
La Unión Europea está trabajando en marcos regulatorios específicos para la inteligencia artificial y la robótica, y es previsible que el aterrizaje de un humanoide comercial de gran escala como Optimus se analice bajo ese prisma. Para países como España, donde el sector industrial y de servicios está en pleno proceso de digitalización, la clave será encontrar un equilibrio entre aprovechar la automatización y proteger el empleo, los derechos laborales y la privacidad.
En este sentido, la eventual llegada de Optimus al mercado europeo podría ir acompañada de iniciativas de formación y reconversión profesional, de manera que trabajadores de sectores más expuestos a la automatización puedan reorientarse hacia tareas de supervisión, mantenimiento o diseño de sistemas robóticos, un debate que ya se abre paso en foros empresariales y académicos del continente.
Más allá de regulaciones y plazos, lo que parece claro es que Tesla quiere consolidarse como una empresa de IA y robótica, no solo de automoción eléctrica. Si consigue poner en la calle un robot humanoide funcional, con un precio relativamente asequible para empresas europeas y, con el tiempo, para algunos particulares, la conversación sobre productividad, cuidados y modelo de bienestar en regiones como España entrará en una nueva fase.
Con la mira puesta en finales del próximo año para las primeras ventas al público y en el horizonte de 2027 como momento clave de la comercialización masiva de Optimus, Tesla afronta meses decisivos para demostrar que su apuesta por los robots humanoides puede superar los habituales retrasos de calendario y los desafíos técnicos. Entre la ambición de suministrar hasta un millón de unidades, la necesidad de convencer a los reguladores europeos y la presión de un plan de remuneración ligado a estos hitos, el futuro de Optimus se jugará tanto en las fábricas de Tesla como en los despachos de Bruselas y en la confianza de consumidores y empresas que, quizá dentro de poco, se planteen tener un robot humanoide trabajando a su lado.
