
Madrid se prepara para la llegada de los taxis sin conductor de Uber, una apuesta con la que la plataforma de movilidad quiere dar un salto importante en su estrategia de vehículos autónomos. La compañía ha confirmado que trabaja ya para que sus robotaxis circulen por la capital española a lo largo de los próximos años, dentro de un plan global que sitúa a estas tecnologías en el centro de su crecimiento.
El aterrizaje de los coches autónomos de Uber en Madrid forma parte de una expansión más amplia hacia nuevos mercados internacionales, con especial protagonismo para Europa y Asia. La multinacional pretende consolidarse como el principal coordinador de viajes en vehículos autónomos antes de 2029, aunque, al menos en una primera fase, muchos de esos trayectos seguirán teniendo a una persona al volante supervisando el sistema.
Madrid, puerta de entrada de los robotaxis de Uber en Europa
La compañía ha incluido a Madrid entre un grupo de ocho nuevos destinos seleccionados para extender su servicio de robotaxis, junto a ciudades como Londres, Zúrich, Múnich, Hong Kong, Houston o Los Ángeles. Para Uber, la elección de la capital española supone su primera gran incursión oficial en el mercado europeo de robotaxis, después de haber concentrado hasta ahora las operaciones en Estados Unidos y Oriente Medio.
Actualmente, los vehículos autónomos de la plataforma ya operan en urbes como Atlanta, Austin, Dallas o Phoenix en Estados Unidos, además de en Abu Dabi y Dubái en Emiratos Árabes Unidos. En estas ciudades, el servicio se ha ido ampliando de forma progresiva, combinando rutas completamente autónomas con otras en las que aún hay conductores de seguridad dentro de los coches.
El plan de Uber pasa por ofrecer servicios de robotaxi en más de diez mercados de todo el mundo para finales de 2026. Aunque ha confirmado que Madrid forma parte de esa lista, la empresa no ha detallado todavía una fecha concreta de lanzamiento para la capital española ni el volumen de flota con el que arrancará el servicio.
Lo que sí ha dejado claro la compañía es que su objetivo a medio plazo es convertirse en el mayor facilitador de viajes en coches autónomos, lo que implica no solo operar su propia flota, sino también gestionar, dentro de su aplicación, robotaxis de terceros fabricantes y socios tecnológicos.
Cómo será el despliegue de los robotaxis en Madrid
En línea con lo que ya sucede en otras ciudades, el despliegue de los coches autónomos de Uber en Madrid se hará por etapas. En los primeros pasos, es probable que los vehículos cuenten con un conductor a bordo que supervise la conducción y pueda tomar el control en caso de que el sistema falle o se presente una situación imprevista en la vía pública.
Esta fase inicial de conducción autónoma supervisada permite a las empresas recabar datos, ajustar los algoritmos y demostrar a las autoridades que el servicio puede operar con niveles de seguridad adecuados. En ciudades como San Francisco o algunas zonas de Estados Unidos, los robotaxis ya funcionan de forma habitual sin conductor humano al volante, un escenario al que Uber aspira a llegar también en Europa a medida que se adapte la normativa.
Para el usuario final, la experiencia será similar a la de un viaje tradicional con la aplicación: se solicitará el trayecto y la app mostrará la opción de viaje en vehículo autónomo cuando esté disponible en la zona. En aquellos lugares donde la compañía mantiene acuerdos con otros operadores, como Waymo (filial de Alphabet/Google), el cliente incluso puede seleccionar robotaxis de distintas empresas dentro de la propia app de Uber, un modelo que podría extenderse más adelante a Madrid.
Además, la firma ya ha señalado que quiere que el servicio de robotaxis conviva con otras modalidades de transporte urbano presentes en la plataforma, de forma que el usuario pueda alternar entre vehículos autónomos, coches con conductor tradicional, motos, patinetes u otros servicios según la disponibilidad y el tipo de trayecto.
Red de socios y tecnología detrás de los robotaxis
Para sacar adelante este proyecto, Uber no trabaja en solitario, sino que se apoya en una amplia red de partners tecnológicos y fabricantes de automóviles. La empresa colabora en el ámbito del hardware con marcas como Mercedes-Benz, Volkswagen, Stellantis, Hyundai o Lucid, que aportan los vehículos sobre los que se integran los sistemas de conducción autónoma.
En el apartado del software y la inteligencia artificial, la plataforma mantiene acuerdos estratégicos con compañías especializadas en conducción automatizada como Waymo, Nvidia o Waabi, entre otras. A través de estas alianzas, Uber puede combinar las capacidades de distintos proveedores y adaptar sus servicios a las exigencias técnicas y regulatorias de cada mercado.
La gestión y mantenimiento de las flotas de robotaxis también se apoya en socios externos. Empresas como Avomo, Otto, New Horizon o Avride participan en tareas de operación, supervisión y logística de los vehículos autónomos en distintos territorios. En cada ciudad, la plataforma ajusta sus acuerdos a las características del entorno y al tipo de servicio que quiera desplegar.
De cara a su expansión internacional, Uber ya había cerrado pactos con actores clave para Europa y Asia, como la tecnológica china Baidu, con licencia para realizar pruebas de conducción autónoma en Hong Kong, o WeRide, autorizada para operar vehículos sin conductor en determinadas zonas de Suiza. Estas colaboraciones refuerzan el marco sobre el que podría apoyarse el despliegue de robotaxis en Madrid y otras ciudades europeas.
Contexto regulatorio y pruebas de vehículos autónomos en España
La llegada de los robotaxis de Uber se enmarca en un contexto en el que España ha ido abriendo la puerta a los coches autónomos. La Dirección General de Tráfico aplica desde hace tiempo un Programa Marco de Evaluación de la Seguridad y Tecnología de Vehículos Automatizados, que sirve como guía para autorizar tests en vías públicas y establecer requisitos de seguridad.
Desde el verano de 2025, la normativa permite que vehículos con sistemas avanzados de conducción autónoma puedan realizar pruebas en carreteras reales. Este marco ha facilitado, por ejemplo, que empresas como Tesla hayan organizado pruebas supervisadas de Full Self-Driving en España en ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia, Sevilla o Málaga, siempre bajo supervisión humana.
En el caso concreto de la capital, la Comunidad de Madrid trabaja en una nueva Ley de Movilidad con la que pretende impulsar el despliegue de vehículos automatizados, tanto privados como de transporte colectivo. El texto busca adaptar la regulación regional al nuevo escenario tecnológico y favorecer la implantación de proyectos piloto.
El Ayuntamiento de Madrid, por su parte, ya ha ido dando algunos pasos en ese sentido. Entre ellos destaca un proyecto piloto de autobús autónomo que comenzó a operar en 2025 y que sirve como banco de pruebas de este tipo de soluciones, así como la presentación de un Libro Blanco de la Movilidad Aérea Urbana, enfocado en integrar en el futuro vehículos voladores y otros sistemas de transporte innovadores dentro de la ciudad.
Estrategia global de Uber y peso de los robotaxis en su negocio
La apuesta por los robotaxis no se entiende aislada de la estrategia global de crecimiento de Uber. La compañía considera que los vehículos autónomos serán uno de los pilares de su negocio en los próximos años y, por ello, ha destinado cientos de millones de dólares a alianzas y compra de flotas específicas para este fin.
La empresa ha señalado su intención de transformar progresivamente parte de su modelo de transporte hacia servicios operados por coches sin conductor humano al volante, especialmente en rutas y entornos donde la tecnología ya ha demostrado un comportamiento estable. Esta transición se concibe como un proceso gradual, en paralelo al mantenimiento de los servicios tradicionales con conductores.
En paralelo al anuncio de su expansión a ciudades como Madrid, la multinacional ha comunicado resultados financieros que muestran una compañía en fase de consolidación. Durante 2025, el grupo registró un beneficio neto atribuido en torno a los 10.000 millones de dólares, con un crecimiento de los ingresos superior al 18% interanual y un aumento de las reservas brutas hasta unos 193.000 millones de dólares, según los datos difundidos.
Aunque en el último trimestre de 2025 se observó una caída relevante de las ganancias debido a un incremento de costes y a la desaparición de efectos fiscales extraordinarios, la empresa mantiene una generación de caja sólida, con un flujo de efectivo del orden de los 10.000 millones de dólares. Para el primer trimestre de 2026, Uber proyecta que las reservas continúen creciendo entre un 17% y un 21% en términos de divisas constantes.
Competencia, inversiones y horizonte hasta 2029
El movimiento hacia Madrid y otras grandes urbes se produce en un entorno de competencia creciente en el sector de los vehículos autónomos. Uber rivaliza de forma directa con Waymo, la marca de taxis sin conductor de Alphabet, que ya ofrece viajes totalmente autónomos en algunas ciudades estadounidenses tanto a través de su propia app como, en determinadas áreas, mediante integración con la plataforma de Uber.
Mientras Waymo avanza con su red de robotaxis en enclaves como San Francisco, Los Ángeles o Miami, Uber continúa ampliando sus colaboraciones con distintos fabricantes y operadores para no depender de un único proveedor tecnológico. En este reparto de papeles, la empresa de Dara Khosrowshahi quiere consolidarse como el gran orquestador de servicios autónomos, gestionando la relación con el usuario final y la experiencia de viaje.
La compañía ha reiterado que afronta esta expansión con una política de inversión “disciplinada” en vehículos autónomos, en palabras de su nuevo director financiero, Balaji Krishnamurthy. El objetivo es aprovechar la buena posición financiera actual para reforzar la apuesta por los robotaxis, pero sin comprometer el equilibrio de sus cuentas en un sector que todavía se considera emergente y con importantes retos regulatorios.
El plan pasa por que, de aquí a 2029, los trayectos en vehículos autónomos gestionados por Uber representen una parte significativa de su actividad global. En este escenario, ciudades como Madrid jugarán un papel relevante como laboratorios urbanos donde se irán definiendo, paso a paso, la aceptación social, el marco normativo y el modelo operativo de estos nuevos servicios.
Con la vista puesta en los próximos años, la llegada de los robotaxis de Uber a Madrid se perfila como una de las transformaciones más llamativas del transporte urbano en la capital: una combinación de avance tecnológico, ajustes regulatorios y alianzas empresariales que, si todo marcha según los planes de la compañía y de las administraciones, convertirá a la ciudad en uno de los referentes europeos en movilidad autónoma.
