
La Base Álvarez de Sotomayor, en Viator (Almería), se ha convertido estos días en uno de los escenarios más relevantes de España para poner a prueba nuevas soluciones de defensa frente a drones. En este campo de maniobras y tiro, el Ejército de Tierra ha desarrollado un ejercicio avanzado para experimentar con sistemas C/UAS (Counter Unmanned Aerial Systems), un ámbito considerado ya imprescindible en los conflictos actuales.
Durante varias jornadas consecutivas, del 19 al 22 de enero, unidades de La Legión y especialistas del Centro de Fuerza Futura han ensayado cómo detectar, identificar y neutralizar vehículos aéreos no tripulados en un entorno lo más parecido posible a una situación real de combate, combinando sensores, inhibidores y sistemas de interceptación bajo una estructura común de mando y control. En esta ocasión se han probado también soluciones como el sistema láser Iron Beam y otras tecnologías complementarias.
Un ejercicio clave para la Fuerza 35 y el proyecto Fuerza 2035
El ejercicio, organizado por el Centro de Fuerza Futura —integrado en la División de Planes del Estado Mayor del Ejército de Tierra—, se enmarca en el proceso de transformación de la fuerza hacia los conceptos de Fuerza 35 y Fuerza 2035, que persiguen una modernización profunda de las capacidades terrestres españolas.
La Brigada Rey Alfonso XIII II de La Legión, con base en Viator, ha actuado como Brigada Experimental (BRIEX), lo que la consolida como referencia para la evaluación de nuevos sistemas antes de su posible incorporación al resto de unidades. Su papel consiste en probar equipos, tácticas y procedimientos para valorar si encajan en la futura estructura del Ejército.
En esta ocasión, la prioridad ha sido la defensa contra vehículos aéreos no tripulados, un tipo de amenaza que se ha generalizado en los recientes conflictos en Europa y otras regiones. La proliferación de drones de distinto tamaño y prestaciones obliga a los ejércitos a desarrollar soluciones específicas para minimizar su impacto sobre tropas y posiciones sensibles.
Según explica el Ejército, el trabajo se ha centrado en el nivel brigada, integrando todo tipo de sensores y efectores, tanto cinéticos (capaces de destruir físicamente el blanco) como no cinéticos (inhibidores, perturbadores o sistemas de guerra electrónica), en una defensa «escalonada y multidominio».
Estas maniobras se consideran especialmente relevantes para la aportación de España a la defensa colectiva de la OTAN, en particular en el refuerzo del Flanco Este de la Alianza, donde la presencia de drones hostiles se ha convertido en un factor habitual a tener en cuenta en cualquier despliegue.
Viator, laboratorio de soluciones tecnológicas contra drones
No es casualidad que Almería y, en concreto, la base de Viator se hayan consolidado como punto de referencia para probar tecnologías de nueva generación destinadas a las Fuerzas Armadas. El campo de maniobras de Álvarez de Sotomayor se ha convertido en un escenario habitual donde se ensayan capacidades que podrían pasar a la dotación operativa del Ejército de Tierra, como muestran iniciativas en centros y laboratorios especializados como el laboratorio de drones de la Universidad de Burgos.
En este ejercicio C/UAS han participado más de un centenar de militares observadores procedentes de diferentes unidades, que se han desplazado hasta Viator para conocer de primera mano los distintos equipos en evaluación. Su función no es solo observar, sino también analizar el comportamiento de los sistemas, aportar opiniones y proponer mejoras.
Durante los cuatro días se ha trabajado de forma intensiva en la gestión del espacio aéreo, uno de los aspectos más delicados de la defensa contra drones. El objetivo es ser capaz de distinguir en todo momento entre plataformas propias y potencialmente hostiles, evitando interferir con los medios amigos y permitiendo al mando tomar decisiones rápidas y fundamentadas.
En la práctica, esto implica coordinar radares, sensores de radiofrecuencia, sistemas ópticos y de seguimiento, además de los medios de neutralización, para que compartan datos de manera fluida. Todo ello se articula a través de una arquitectura común de mando y control que sirve como «cerebro» de la defensa.
Las maniobras han permitido también ajustar los procedimientos de actuación y la coordinación entre distintas unidades, algo fundamental cuando se trata de responder a amenazas aéreas pequeñas, rápidas y cambiantes como los drones comerciales modificados o los sistemas no tripulados de uso militar.
Una «gran tela de araña» defensiva por capas
El coronel Alberto Quero, jefe del Centro de la Fuerza Futura 2035, ha resumido el enfoque del sistema como una arquitectura defensiva por capas. La idea es desplegar diferentes anillos de protección, desde la primera línea hasta la retaguardia, que se solapan entre sí para reducir al máximo las posibilidades de que un dron enemigo alcance su objetivo.
En este modelo, cada empresa aporta uno o varios subsistemas, integrados todos ellos a través de un mismo sistema de mando y control. De esta forma se crea una red en la que se combinan sensores de radar, equipos de detección por radiofrecuencia, sistemas optoelectrónicos, inhibidores y soluciones de interceptación física.
Los especialistas comparan el resultado con una «gran tela de araña» de seguridad que se extiende sobre la zona a proteger. Si un dron penetra en ese espacio, es detectado, seguido y, llegado el caso, neutralizado por alguno de los niveles del sistema, dependiendo de su perfil de vuelo y de la amenaza que represente.
Este enfoque escalonado busca también optimizar recursos: no todos los drones requieren la misma respuesta, y el sistema permite elegir entre diferentes opciones, desde la inhibición de señales hasta la interceptación directa mediante plataformas específicas, en función de la situación táctica.
La experiencia obtenida en Viator servirá para ajustar tanto la tecnología como las tácticas, técnicas y procedimientos, con la vista puesta en una posible adquisición futura por parte del Ministerio de Defensa de aquellos sistemas que demuestren su eficacia y fiabilidad en el entorno real de operaciones.
Industria nacional y pymes, protagonistas en la defensa C/UAS
Uno de los rasgos más destacados del ejercicio ha sido la amplia participación de la industria nacional de defensa, incluyendo un número significativo de pequeñas y medianas empresas españolas. El objetivo es reforzar la soberanía tecnológica y la autonomía estratégica en un ámbito tan sensible como la lucha contra drones.
En total, seis empresas españolas han mostrado en la base de Viator sus soluciones para integrarse en un sistema global de defensa C/UAS. Entre ellas se encuentran Suite ACRE, Destinus, Advex, ART, Amper y GMV, que han aportado desde sensores especializados hasta softwares de fusión de datos y plataformas de neutralización.
La presencia de este tejido empresarial permite al Ejército de Tierra disponer de tecnología adaptada a sus necesidades concretas, con mayor margen para realizar ajustes, evoluciones y mejoras continuas según la experiencia operativa acumulada por las unidades.
Para las compañías, estos ejercicios suponen una oportunidad real de validar sus desarrollos en un escenario militar exigente, con la posibilidad de que sus productos acaben siendo adoptados como parte del equipamiento oficial. La transferencia de innovación desde el diseño y el prototipado hasta la capacidad operativa real es uno de los objetivos centrales de estas jornadas.
Desde el punto de vista de política industrial, este tipo de colaboraciones contribuye a potenciar la base tecnológica y de defensa española, favoreciendo la competitividad de las empresas en el mercado europeo e internacional y reduciendo la dependencia de proveedores externos en tecnologías críticas.
Pruebas en condiciones exigentes: el caso del interceptor Hornet
Las maniobras también han servido para comprobar cómo se comportan los sistemas en condiciones meteorológicas poco favorables. Durante la jornada final, las fuertes rachas de viento en la Base Álvarez de Sotomayor, de entre 18 y 24 kilómetros por hora, complicaron el desarrollo de algunas demostraciones previstas.
Uno de los ejemplos más significativos fue el del sistema interceptor Hornet, desarrollado por la empresa Destinus. Las condiciones de viento obligaron a retrasar su lanzamiento e incluso se llegó a valorar la cancelación de la prueba, dado que la seguridad y la fiabilidad del sistema priman sobre cualquier demostración.
Finalmente, cuando el viento amainó, se pudo proceder al despegue del interceptor desde su lanzadera. El sistema inició entonces su misión contra dos drones que simulaban ser aparatos enemigos, lo que permitió observar en tiempo real su capacidad para detectar, seguir y neutralizar estas amenazas.
La prueba del Hornet se enmarca en la búsqueda de soluciones activas de interceptación que complementen a los inhibidores y a otros medios no cinéticos. En un escenario donde los drones pueden operar de forma autónoma o con enlaces resistentes a la guerra electrónica, contar con interceptores físicos añade una capa adicional de seguridad.
Los resultados obtenidos en ejercicios como este permitirán al Ejército de Tierra valorar qué combinación de medios —inhibidores, radares, sistemas ópticos e interceptores— ofrece el mejor equilibrio entre eficacia, coste y facilidad de despliegue en los diferentes teatros de operaciones.
Todo este esfuerzo en la defensa contra drones en la base de la Legión en Viator refleja hasta qué punto la amenaza de los vehículos aéreos no tripulados ha pasado a ser un factor central en la planificación militar. La experiencia acumulada en estos ejercicios, la participación de La Legión como brigada experimental y la implicación de la industria española dibujan un camino claro: reforzar de manera progresiva la protección de las fuerzas desplegadas y de las infraestructuras críticas mediante sistemas C/UAS integrados, flexibles y capaces de adaptarse a la evolución constante del campo de batalla.

