Raspberry Pi lanza un accesorio para programar el Compute Module 5 en producción

  • Raspberry Pi presenta el Compute Module 5 Programming Jig, un dispositivo de 600 dólares para flashear el sistema operativo y configuraciones de seguridad en los módulos CM5.
  • El accesorio incluye herramientas de software como rpi-image-gen y rpi-sb-provisioner para automatizar el aprovisionamiento, con soporte para arranque seguro y cifrado de disco.
  • Orientado a fabricantes y líneas de producción, el jig reduce el tiempo de preparación de múltiples unidades y evita el desgaste de las tarjetas microSD.
  • La estación se integra con Raspberry Pi Imager y Raspberry Pi Connect, facilitando el acceso remoto y la gestión en entornos industriales.

Raspberry Pi Compute Module 5 Programming Jig

Raspberry Pi ha ampliado su ecosistema con un accesorio pensado para quienes trabajan con el Compute Module 5 en entornos de producción. Se trata del Compute Module 5 Programming Jig, una estación de programación que permite grabar el sistema operativo y aplicar configuraciones de seguridad directamente sobre el módulo, sin necesidad de montarlo en una placa portadora. El dispositivo, que ya está disponible a través de los distribuidores oficiales por 600 dólares, busca simplificar un proceso que hasta ahora requería conexiones y controles separados, especialmente cuando se preparan varias unidades a la vez.

La presentación oficial, que tuvo lugar el 19 de agosto de 2026, incluye también dos herramientas de software: rpi-image-gen y rpi-sb-provisioner. La primera sirve para construir imágenes personalizadas de Raspberry Pi OS, mientras que la segunda automatiza el aprovisionamiento del módulo, incluyendo la implementación de arranque seguro y cifrado completo del disco. Esta combinación de hardware y software convierte al jig en una solución más completa que un simple grabador de imágenes, orientada a fabricantes que integran el CM5 en sus propios dispositivos comerciales.

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Qué resuelve el Programming Jig en la práctica

El Compute Module 5 se comercializa sin conectores expuestos ni carcasa, pensado para integrarse en placas portadoras diseñadas a medida. Eso complica el proceso de grabar el firmware y el sistema operativo antes del montaje final, sobre todo en líneas de producción donde se necesitan decenas o cientos de unidades listas en poco tiempo. El nuevo jig ataca justamente ese cuello de botella: en lugar de soldar el módulo a una placa provisional o fabricar un adaptador casero, el operario simplemente encaja el CM5 en la estación, cierra la pinza mecánica y deja que el sistema haga el resto.

El primer paso consiste en flashear la propia estación con Raspberry Pi Imager, cargando el manifiesto correspondiente y activando el modo rpiboot mediante la combinación Ctrl + Alt + S. A partir de ahí, el flujo de trabajo se parece bastante al de grabar una tarjeta microSD para cualquier otro modelo de la familia Raspberry Pi. La estación se conecta a la red, preferiblemente por Ethernet, y queda lista para tres tareas: compartir pantalla y acceso SSH mediante Raspberry Pi Connect, descargar actualizaciones de software y transferir las imágenes de sistema operativo que se van a grabar en cada CM5.

Un detalle técnico relevante es que la interfaz web de configuración solo está accesible en localhost por motivos de seguridad. El acceso remoto depende necesariamente de Raspberry Pi Connect, que expone esa pantalla local a través de un túnel cifrado sin abrir puertos hacia el exterior. Es una forma sensata de evitar que el proceso de programación de un dispositivo de fabricación quede expuesto directamente a internet, algo especialmente importante cuando se manejan claves de firmado o configuraciones de arranque seguro.

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Hardware y especificaciones del dispositivo

El Programming Jig cuenta con un sistema de pines pogo y un mecanismo de sujeción mecánica que mantiene el CM5 en su sitio mientras se transfiere la imagen. Dispone de dos puertos Ethernet Gigabit, uno para conectar la estación a la red de aprovisionamiento y otro dedicado al propio módulo, además de Wi-Fi con antena externa como alternativa. El equipo se alimenta mediante un conector jack de 12 V y 2 A, pesa 1796 gramos y mide 181,5 x 170 x 153 milímetros.

Los indicadores LED de la propia estación informan en tiempo real del estado del proceso, tanto de la conexión de red como del progreso de la grabación del firmware. Esto resulta útil para quien supervisa varias unidades a la vez en un entorno de producción. La combinación de pines pogo y pinza mecánica permite además reutilizar la misma estación miles de veces sin desgaste visible en los contactos del módulo, algo que sí ocurriría con conectores soldados de forma manual una y otra vez.

El papel del software rpi-sb-provisioner

La parte que convierte esta estación en algo más que un simple grabador de imágenes es el software rpi-sb-provisioner, de código abierto. Esta herramienta automatiza todo el flujo de aprovisionamiento: implementación de arranque seguro, cifrado completo del disco y la instalación limpia del sistema operativo base, todo desde la misma interfaz web. El operario solo tiene que seguir los pasos indicados, transferir la imagen, configurar el modo de seguridad, apuntar a la base de datos de fabricación correspondiente y definir la clave de firmado antes de lanzar la programación del módulo.

El código y la documentación completa están disponibles en el repositorio de rpi-sb-provisioner en GitHub, donde se puede revisar exactamente qué pasos ejecuta el script y cómo se integran las distintas fases del proceso de aprovisionamiento seguro. La herramienta rpi-image-gen, por su parte, permite construir imágenes de Raspberry Pi OS con el contenido que recibirá el dispositivo antes de iniciar el proceso de programación. Para los usuarios del Programming Jig, esa etapa sirve como base para establecer una versión de Raspberry Pi OS que después será trasladada al módulo mediante el flujo de aprovisionamiento.

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Un accesorio pensado para producción, no para el escritorio

Conviene ser claros sobre el público al que apunta este producto. No es un accesorio para quien monta un único proyecto casero con un Compute Module 5 sobre una placa portadora de terceros. El precio de 600 dólares, unido a las dimensiones y al peso cercano a los 1,8 kilogramos, lo sitúan claramente en el terreno de la fabricación en pequeña y mediana escala, donde varias unidades de la estación pueden trabajar en paralelo dentro de una línea de montaje.

Para un fabricante que integra el CM5 en su propio hardware, evitar el paso de soldar o adaptar cada módulo a una placa de pruebas supone un ahorro de tiempo considerable, sobre todo cuando se multiplica por cientos de unidades. La estación se integra con Raspberry Pi Imager, la herramienta oficial que la fundación ha ido puliendo en los últimos meses con una interfaz renovada y soporte añadido para Raspberry Pi Connect directamente desde el propio programa. Que la estación dependa de esta misma aplicación para su puesta en marcha inicial simplifica bastante las cosas para cualquier equipo que ya esté familiarizado con el proceso estándar de grabación de tarjetas microSD en otros modelos de la gama.

El lanzamiento del Programming Jig refuerza la idea de que el CM5 no es simplemente una versión más compacta de la Raspberry Pi 5, sino un producto pensado desde el diseño para integrarse en dispositivos comerciales donde la seguridad del proceso de fabricación importa tanto como el propio rendimiento del módulo. Ofrecer una herramienta oficial de aprovisionamiento, con soporte para arranque seguro y cifrado de disco integrados de fábrica, reduce la necesidad de que cada fabricante desarrolle su propia solución interna, algo que hasta ahora era bastante habitual en este tipo de proyectos.

En definitiva, Raspberry Pi ha dado un paso más hacia el segmento industrial y de integración OEM con un accesorio que, aunque no es barato, puede resultar rentable para quienes necesitan preparar múltiples Compute Module 5 de forma rápida y segura. La combinación de hardware dedicado y software de código abierto ofrece un flujo de trabajo más estructurado, y la posibilidad de acceder de forma remota mediante Raspberry Pi Connect añade flexibilidad en entornos de producción. Para los fabricantes que ya trabajan con el CM5, esta estación de programación puede ser una inversión que se amortiza con el tiempo, especialmente si valoran la seguridad y la repetibilidad en sus procesos.

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