
La ceremonia inaugural de los II Juegos Mundiales de Robots Humanoides, celebrada en el Óvalo Nacional de Patinaje de Velocidad de Pekín, tuvo un aire olímpico inconfundible: desfile de máquinas humanoides, juramentos arbitrales y hasta un pebetero. Pero lo que realmente llamó la atención fue la demostración de fuerza tecnológica de China, con robots que lanzaban faltas con barrera, jugaban al tenis o se suspendían de cables simulando paseos espaciales. El evento, que se prolongará hasta el 26 de agosto, reúne a 666 equipos y 2.056 robots de 16 países, aunque la participación china es abrumadora: 641 equipos y 1.975 robots.
La competición no ha defraudado. Este domingo, un robot humanoide batió el récord de los 100 metros lisos que ostentaba Usain Bolt desde 2009, dejándolo en 9,39 segundos. No fue el único hito: en los 400 metros, el robot Tiangong registró 38,15 segundos, superando la plusmarca humana de 43,03 segundos establecida por Wayde van Niekerk en Río 2016. Las gradas, ocupadas en tres cuartas partes, presenciaron también cómo los robots se enfrentaban en kickboxing, taichí o salto de longitud, con resultados que evidencian tanto los avances como las limitaciones de la robótica actual.
Récords y desafíos en la pista

La velocidad ya no es el único problema. En salto de longitud, algunos humanoides aceleraban, saltaban y aterrizaban, pero no lograban detenerse a tiempo y continuaban su carrera. Algo similar ocurría en kickboxing, donde los golpes desplazaban guantes y protecciones, o en fútbol, con choques constantes en las disputas por el balón. Hasta la quietud tiene sus complicaciones: en taichí, las posturas más difíciles y mejor puntuadas eran también las que más ponían a prueba el equilibrio, y no todas las máquinas salían airosas.
En la pista, el robot Tiangong se adjudicó las dos finales de 400 metros, con 38,15 segundos entre los robots de mayor tamaño y 45,66 entre los pequeños. El oro de los 1.500 metros fue para Tianzhuo, con un tiempo de 2:21,64, mientras que Tianjiao se impuso en salto de longitud con una mejor marca de 7,97 metros. Estos resultados, según los organizadores, demuestran que los robots humanoides evolucionan rápidamente, como señaló Li Yanfeng, una espectadora que inicialmente se resistía a la inteligencia artificial pero que ahora ve el desarrollo como imparable.
Más allá del deporte: tareas reales

La competición no se limita al deporte. Hay 21 pruebas basadas en escenarios que reproducen tareas reales, desde la producción industrial y los hogares hasta hoteles, supermercados o la recarga de vehículos eléctricos. En estas pruebas se examinan capacidades como la percepción del entorno, la toma autónoma de decisiones o la manipulación de objetos. Por ejemplo, en restauración, el robot dispone de 20 minutos para atender una orden verbal, coger alimentos con pinzas, calentarlos en un microondas, servir una bebida y entregar el pedido. En otra prueba, las máquinas deben responder a una emergencia en una oficina retirando obstáculos, abriendo ventanas y colocando postes de señalización.
La autonomía tiene premio: completar las tareas sin intervención humana aplica un coeficiente de puntuación de 1, frente al 0,5 de los robots manejados a distancia. “A juzgar por las rondas preliminares, el rendimiento de los robots completamente autónomos ha superado las expectativas de mucha gente”, aseguró Gong Xiao, miembro del comité organizador. Sin embargo, advirtió de que pequeñas variaciones en los objetos pueden desorientarlos: “Esta incertidumbre al enfrentarse al mundo físico real es precisamente uno de los desafíos técnicos más fundamentales que debemos superar actualmente”.
La inteligencia, fuera del robot

El desarrollo plantea otra cuestión: cuánta inteligencia debe viajar dentro del propio humanoide y cuánta puede trasladarse a sistemas externos. La operadora China Unicom ha desplegado junto a Huawei una infraestructura 5G-A para los Juegos que separa y prioriza las comunicaciones de los robots frente al tráfico de espectadores, medios y otros usuarios. La operadora asegura que durante la ceremonia de apertura registró una latencia de 18 milisegundos en la red destinada a las máquinas, mientras Huawei plantea trasladar en el futuro parte de su capacidad de procesamiento a la nube.
“Si podemos descargar parte de la computación en la nube, podremos ahorrar mucha energía para el movimiento del robot”, contestó a EFE David Li, responsable de tecnología inalámbrica de Huawei, quien señaló la limitada duración de las baterías como uno de los obstáculos actuales para los humanoides. Pero llevar ese modelo más allá de un entorno preparado como el de los Juegos plantea dificultades. El propio Li reconoció que garantizar de forma estable latencias de 20 o 30 milisegundos en toda una ciudad como Pekín tendría actualmente un coste “extremadamente alto”.
Mientras Huawei estudia así trasladar parte del “cerebro” de las máquinas fuera del robot, dentro del estadio los problemas siguen siendo bastante más físicos. Después de aprender a correr, saltar o golpear cada vez más rápido, algunos humanoides afrontan ahora una lección mucho más elemental: saber cuándo parar. La competición, que se prolongará hasta el miércoles 26 de agosto, demuestra que China está decidida a liderar la robótica mundial, pero también que aún queda camino por recorrer antes de que estas máquinas puedan integrarse plenamente en la vida cotidiana.


