Sensores inteligentes para vigilar la biodiversidad y los océanos

  • Madrid despliega 15 sensores acústicos con IA para monitorizar aves y murciélagos en tiempo real.
  • Narvales equipados con transmisores recogen datos oceánicos en Groenlandia, revelando la penetración de agua atlántica.
  • Ambas iniciativas demuestran el potencial de los sensores para la conservación ambiental y la investigación climática.
  • La tecnología permite obtener datos continuos sin perturbar los ecosistemas, mejorando la gestión preventiva.

Sensores para monitorización ambiental

La monitorización ambiental está viviendo una transformación silenciosa gracias a la proliferación de sensores cada vez más sofisticados. Desde parques urbanos hasta remotas aguas del Ártico, estos dispositivos están proporcionando datos cruciales para entender y proteger nuestro entorno. Dos proyectos recientes, uno en Madrid y otro en Groenlandia, ilustran perfectamente esta tendencia.

El Ayuntamiento de Madrid ha puesto en marcha una prueba piloto con una red de sensores con IA para escuchar aves y murciélagos equipados con inteligencia artificial para auditar la biodiversidad en dos zonas verdes de la ciudad. Al mismo tiempo, un equipo internacional de científicos ha utilizado narvales como “colaboradores” para recopilar información oceanográfica en el este de Groenlandia. Ambas iniciativas comparten un mismo hilo conductor: el uso de sensores para obtener datos ambientales de forma continua y no invasiva.

Sensores IA aves y murciélagos
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Sensores acústicos en Madrid: una ventana a la fauna urbana

La capital española ha instalado siete sensores en Madrid Río y ocho en el Parque Forestal de Valdebebas-Felipe VI. Estos dispositivos, que funcionan con energía solar en el segundo caso, captan cantos y ultrasonidos, los procesan y identifican las especies al instante sin almacenar grabaciones, protegiendo así la privacidad de los ciudadanos. Además, recogen variables ambientales como temperatura, humedad y presión atmosférica.

En sus primeras semanas, la red ha registrado más de 12.200 observaciones. En Madrid Río se han contabilizado 66 especies de aves y 13 de murciélagos, mientras que en Valdebebas la diversidad es aún mayor: 103 especies de aves y 23 de murciélagos. Entre los hallazgos destacan ejemplares singulares como el martín pescador y el nóctulo mediano. La presencia de murciélagos es vital para el control natural de plagas, y estos sensores permiten estudiarlos sin alterar sus refugios.

Los datos también revelan patrones de adaptación de las aves urbanas. Especies como el gorrión o el verdecillo son más frecuentes en zonas transitadas, mientras que las rapaces prefieren áreas más tranquilas. Esta información permite al Ayuntamiento tomar decisiones preventivas, como reprogramar podas si se detecta nidificación, y cumplir con la Ley de Restauración de la Naturaleza de la UE.

Narvales con sensores: los oceanógrafos involuntarios

En el otro extremo del continente, un estudio publicado en Science Advances ha demostrado cómo seis narvales equipados con transmisores por satélite recopilaron más de 2.000 observaciones de temperatura y salinidad en los fiordos del este de Groenlandia entre 2017 y 2020. Estos cetáceos se sumergen a más de 1.500 metros de profundidad, proporcionando datos de columnas de agua completas que los barcos no pueden obtener fácilmente, similar a como opera la tortuga robótica con IA para analizar el entorno marino.

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Los investigadores, liderados por Mads Peter Heide-Jørgensen, utilizaron estos datos para calcular la densidad del agua y determinar su origen. Descubrieron que el agua cálida del Atlántico está penetrando a gran profundidad bajo los glaciares, intensificando el deshielo. Este fenómeno, conocido como “atlantificación”, tiene consecuencias directas para la Circulación Meridional de Retorno del Atlántico (AMOC), un sistema de corrientes que regula el clima europeo. Si la AMOC colapsara, Europa podría sufrir inviernos mucho más fríos.

La técnica es innovadora porque los narvales regresan a los mismos lugares, lo que permite mediciones repetidas a lo largo del tiempo. Aunque los animales no disfrutan la interacción con los humanos, las etiquetas se desprenden solas y el estrés es mínimo. Los autores destacan que este enfoque “revoluciona la investigación oceanográfica” y abre nuevas vías para estudiar regiones remotas.

Un futuro prometedor para la monitorización ambiental

Ambos proyectos demuestran que los sensores, ya sean fijos o móviles, están cambiando la forma en que entendemos los ecosistemas. En Madrid, la red de sensores acústicos se ampliará a otras 82 zonas verdes si los resultados son positivos, y se añadirán patrones para detectar anfibios, reptiles y otros mamíferos. En Groenlandia, los investigadores planean seguir utilizando narvales y otros mamíferos marinos para obtener datos a largo plazo.

La combinación de inteligencia artificial, sensores de bajo consumo y conectividad satelital está permitiendo una vigilancia ambiental continua y de bajo coste. Esto no solo facilita la toma de decisiones en conservación, sino que también ayuda a cumplir con los compromisos internacionales de protección de la naturaleza. La tecnología se convierte así en un puente entre la ingeniería y la ecología, ofreciendo herramientas objetivas para medir el impacto humano y diseñar estrategias de mitigación.

En definitiva, estos ejemplos muestran que la innovación en sensores no se limita a la industria o las ciudades inteligentes, sino que también está revolucionando la ciencia ambiental. La capacidad de obtener datos precisos y continuos sin perturbar los ecosistemas es un avance clave para afrontar los retos del cambio climático y la pérdida de biodiversidad. Tanto Madrid como Groenlandia son solo el principio de una nueva era en la que la naturaleza y la tecnología trabajan juntas.


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