Impresión 3D robótica con residuos en Chile: el caso de LAMA

  • Startup chilena LAMA lidera la impresión 3D robótica de gran formato con residuos plásticos en Latinoamérica.
  • Utiliza brazos robóticos industriales capaces de procesar hasta 25 kg de plástico reciclado por hora.
  • Integra residuos de minería, agricultura y pesca, e incluso conchas molidas como aditivo mineral.
  • La Ley REP en Chile y el interés europeo impulsan la demanda de soluciones de economía circular de este tipo.

impresion 3D robotica con residuos

En Chile se está consolidando una propuesta que une robótica industrial, impresión 3D y reciclaje de residuos para fabricar mobiliario urbano y elementos arquitectónicos de gran formato. Se trata de un modelo que, aunque nace en Latinoamérica, dialoga directamente con los desafíos que también afrontan España y el resto de Europa: exceso de plásticos difíciles de gestionar y necesidad de infraestructuras más sostenibles.

La protagonista de esta historia es LAMA 3D, una startup chilena que ha puesto en marcha un sistema de impresión 3D robótica con residuos plásticos a escala real, utilizando brazos robóticos y mezclas de polímeros reciclados procedentes de la minería, la agroindustria y la pesca. Su enfoque se ha convertido en un referente regional y empieza a captar la atención de instituciones y ferias europeas, donde se observa con interés cómo este tipo de soluciones pueden replicarse o colaborar con proyectos en la Unión Europea.

Una startup pionera en impresión 3D robótica con residuos en Latinoamérica

Fundada en agosto de 2025 en Chile, LAMA 3D se presenta como la única empresa latinoamericana que utiliza brazos robóticos industriales a escala real para imprimir en 3D piezas de gran tamaño a partir de residuos plásticos. Su especialidad es transformar esos materiales en mobiliario urbano, módulos arquitectónicos y objetos de diseño que pueden instalarse en espacios públicos o proyectos privados.

La compañía se ha posicionado en la intersección entre tecnología avanzada, economía circular y construcción sostenible, un terreno en el que Europa lleva años regulando y fomentando proyectos, pero donde todavía hay margen para soluciones más radicales basadas en robótica y fabricación digital. El caso chileno funciona así como un experimento a escala real de lo que podría integrarse en ciudades europeas que buscan reducir su huella de carbono en obras públicas y equipamientos.

Detrás del proyecto hay un equipo que combina trayectoria académica en impresión 3D, experiencia en la industria del plástico y conocimiento del mundo de la sostenibilidad. Entre sus impulsores figuran Juan Cristóbal Karich, diseñador e investigador que trabaja con impresión 3D desde 2008 y que desarrolló proyectos de fabricación robótica en la Universidad Adolfo Ibáñez, y perfiles como Francisco Cruz y Cristián Arriagada, ligados a la gestión, el desarrollo de negocio y la trazabilidad de residuos.

El objetivo declarado es convertirse en un referente regional en manufactura aditiva sostenible, demostrando que se puede producir a escala urbana con residuos locales, algo que encaja con las líneas maestras de la política ambiental europea, desde el Pacto Verde hasta las estrategias de economía circular impulsadas por Bruselas.

robot impresion 3D con residuos plasticos

Robots industriales para imprimir a gran escala

El corazón de la propuesta de LAMA 3D son sus brazos robóticos industriales, equipados con extrusores específicos para trabajar con materiales reciclados. La empresa opera con dos equipos principales, con capacidades de carga de 180 kg y 125 kg, capaces de extruir hasta 25 kg de plástico reciclado por hora. Frente a una impresora 3D convencional, que suele moverse entre 250 y 300 gramos por hora, el salto de productividad es abismal.

Este rendimiento permite fabricar columnas de tres metros, paneles de revestimiento, luminarias urbanas y bancos de parque a partir de residuos plásticos que, de otro modo, acabarían almacenados o enviados a vertederos. La tecnología se acerca más a una línea de producción flexible que a la típica impresora de sobremesa, y abre la puerta a proyectos de urbanismo táctico, equipamientos temporales o soluciones modulares que podrían interesar tanto a municipios chilenos como a ciudades europeas.

La complejidad no se limita al hardware. El equipo ha tenido que desarrollar un conjunto de parámetros de impresión y de control de calidad adaptado a la variabilidad de los residuos. A diferencia de los filamentos vírgenes estandarizados, los plásticos postindustriales o postconsumo presentan diferencias en composición, humedad, color y comportamiento térmico, lo que obliga a un trabajo intenso de caracterización y ensayo para garantizar estabilidad dimensional y resistencia mecánica.

Según sus responsables, esa capa de conocimiento especializado funciona como una barrera de entrada tecnológica frente a posibles competidores, algo que también valoran los ecosistemas de innovación europeos cuando buscan socios o casos de uso con cierto grado de madurez.

Del residuo minero y agropecuario a las plazas y edificios

La materia prima de LAMA 3D es un mosaico de residuos plásticos procedentes de sectores intensivos en Chile: minería, agricultura, pesca y consumo masivo. La empresa trabaja con HDPE (polietileno de alta densidad), polipropileno (PP), PET y otros plásticos duros, como poliestireno de alto impacto procedente de envases de yogur o cajas de fruta, además de redes de pesca fuera de uso.

Estos materiales ofrecen bajo peso, buena resistencia química y propiedades mecánicas adecuadas para aplicaciones que deben durar años a la intemperie. Además, se pueden ajustar sus prestaciones mediante aditivos ignífugos, estabilizantes UV o modificadores de impacto, en línea con lo que ya se hace en la industria del plástico en Europa, pero aplicados aquí a un proceso de fabricación aditiva robótica.

Uno de los rasgos diferenciales del proyecto es la incorporación de carbonato de calcio procedente de conchas de choritos de Chiloé, que se emplea como estabilizante mineral en las mezclas. Este componente, proveniente de residuos de la industria mitilicultora del sur de Chile, ayuda a reducir deformaciones durante el enfriamiento de las piezas y abarata el coste frente a aditivos sintéticos tradicionales, integrando de paso un segundo flujo de residuos en el sistema productivo.

La idea de combinar residuos plásticos con subproductos de origen marino tiene paralelismos con iniciativas que ya empiezan a verse en Europa, donde se experimenta con biocomposites para mobiliario urbano, construcción ligera o paneles acústicos. En este caso, la propuesta chilena muestra cómo se puede escalar ese enfoque a través de robots de gran tamaño y sistemas de extrusión adaptados.

Un modelo de negocio basado en diseño, fabricación e I+D

LAMA 3D ha estructurado su actividad en tres grandes líneas de servicio: diseño, fabricación a medida e investigación y desarrollo. Esta combinación le permite generar ingresos a corto plazo al tiempo que construye conocimiento técnico reutilizable en el medio y largo plazo.

En la parte de diseño, el equipo colabora con arquitectos, urbanistas, diseñadores y administraciones para definir mobiliario urbano, elementos arquitectónicos y soluciones personalizadas, desde bancos y pérgolas hasta paneles modulares o estructuras para eventos. El objetivo es que las piezas resultantes no solo sean funcionales, sino que integren el valor estético y el relato de la economía circular.

En la vertiente de fabricación, los brazos robóticos permiten producir prototipos funcionales y series cortas de grandes piezas en menos tiempo que los métodos convencionales de moldeo, fresado o corte. Esto abre la posibilidad de realizar proyectos piloto en barrios, parques o edificios singulares, una estrategia que encaja con las dinámicas de prueba y escalado que también se dan en Europa cuando se introducen nuevos materiales o tipologías constructivas.

Finalmente, el área de I+D se centra en la caracterización técnica de los distintos flujos de residuos plásticos, así como en la optimización de parámetros de impresión para nuevas aplicaciones. Este trabajo genera datos, protocolos y, potencialmente, propiedad intelectual que podrían dar pie en el futuro a licencias, colaboraciones con universidades europeas o participación en consorcios internacionales de investigación.

La Ley REP en Chile y el paralelismo con las normativas europeas

El contexto regulatorio chileno ha sido clave para que surja una empresa de este tipo. La Ley REP (Responsabilidad Extendida del Productor) obliga a fabricantes e importadores a hacerse cargo del ciclo de vida de los productos que ponen en el mercado, lo que incluye metas de recolección y valorización de residuos. En ese marco, LAMA 3D se posiciona como un destino tecnológicamente solvente para residuos plásticos complejos, ayudando a las empresas a cumplir la normativa.

Esta dinámica no es ajena a Europa, donde la legislación sobre envases, plásticos de un solo uso y residuos de construcción presiona a las industrias para que encuentren salidas de mayor valor añadido a sus desechos. El interés de ferias y universidades europeas por el caso chileno tiene mucho que ver con esa coincidencia: si el modelo funciona en un país con fuerte presencia minera y agroindustrial, podría adaptarse a regiones europeas con problemáticas similares.

En la práctica, LAMA 3D actúa como proveedor estratégico para municipios, mineras, empresas pesqueras y agroindustrias que necesitan demostrar que sus residuos se convierten en nuevos productos. La trazabilidad, gestionada por especialistas en gestión de residuos, permite documentar el origen del material y su transformación, algo que también demandan cada vez más los marcos regulatorios y los estándares de sostenibilidad europeos.

Este encaje entre obligación normativa y oferta tecnológica reduce el coste de adquisición de clientes, ya que las empresas buscan activamente socios que les permitan resolver sus obligaciones legales y mejorar al mismo tiempo su imagen pública.

Validación internacional en la feria Formnext de Frankfurt

Uno de los hitos que ha dado proyección internacional al proyecto fue su participación en Formnext, la principal feria mundial de manufactura aditiva e impresión 3D, celebrada cada año en Frankfurt (Alemania). A finales de 2025, LAMA 3D fue invitada por la Universidad Técnica de Darmstadt para presentar su enfoque de impresión robótica con residuos plásticos y aditivos minerales procedentes de conchas molidas.

Este escaparate europeo reúne a fabricantes de hardware, desarrolladores de materiales y empresas de ingeniería de todo el mundo, incluidas numerosas compañías españolas y europeas que exploran soluciones para la construcción, la automoción, la aeronáutica y el sector sanitario. Que una startup latinoamericana con pocos meses de vida accediera a ese escenario con una propuesta basada en economía circular y robótica a gran escala se interpretó como una señal de que el modelo tenía solidez técnica y potencial comercial.

La presentación en Alemania también permitió establecer vínculos académicos y posibles colaboraciones con centros de investigación europeos interesados en el uso de residuos locales para impresión 3D de gran formato. Aunque el proyecto se desarrolla en Chile, la lógica que propone —fabricar infraestructuras a partir de desechos regionales— es perfectamente trasladable a contextos como el sur de Europa, donde conviven sectores agroalimentarios intensivos en plástico con una fuerte presión para reducir la huella ambiental de la construcción.

En este sentido, la experiencia chilena se está convirtiendo en un caso de estudio para políticas de innovación que buscan conectar a startups de fuera de Europa con retos concretos de ciudades y regiones europeas, tanto en proyectos financiados con fondos públicos como en colaboraciones con empresas privadas.

Una nueva forma de fabricar para las ciudades

Más allá de la parte tecnológica, el proyecto de LAMA 3D plantea una nueva forma de producir objetos para las ciudades. La fabricación digital con robots permite adaptar el diseño a cada lugar, ajustar las geometrías a las necesidades del entorno y responder a encargos específicos sin necesidad de moldes ni grandes series, algo que encaja bien con la transformación urbana que viven tanto Chile como múltiples países europeos.

En distintos puntos del planeta ya se han probado experiencias donde robots imprimen puentes, viviendas o elementos estructurales, con la promesa de reducir desperdicios y tiempos de ejecución. LAMA 3D se sitúa en esa misma línea, pero utilizando como insumo principal residuos plásticos locales y dirigiéndose a mobiliario e infraestructura de escala media, donde es más fácil encontrar proyectos reales que pasar directamente a edificios completos.

Para España y Europa, donde las estrategias de ciudad circular y la reutilización de materiales de demolición y residuos plásticos están en plena discusión, este tipo de iniciativas aportan ejemplos concretos de cómo se puede hacer compatible la personalización del diseño con la reducción de impactos ambientales. La posibilidad de imprimir bajo demanda y cerca del lugar de instalación también encaja con la tendencia a relocalizar ciertas cadenas de valor y reducir transporte y logística.

En definitiva, el caso de LAMA 3D muestra que la impresión 3D robótica con residuos ya no es solo un experimento de laboratorio, sino una herramienta de producción que puede integrarse en proyectos urbanos, ayudando a cerrar ciclos de materiales y generando, de paso, nuevas oportunidades de negocio en torno a la economía circular tanto en Chile como en el espacio europeo.

Formnext 2025
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