
La gran nave de SpaceX ha dado un paso que se venía resistiendo desde hacía varios intentos. En su decimocuarto ensayo, el conjunto formado por el propulsor Super Heavy y la etapa Starship despegó desde Starbase, en Texas, y por primera vez la etapa superior consiguió mantenerse en órbita terrestre. El hito convierte a Starship en el lanzador orbital más potente que ha volado hasta ahora y acerca a SpaceX a su objetivo de un sistema reutilizable.
La prueba, sin embargo, no fue perfecta. La empresa había planteado un recorrido de unas diez horas y seis vueltas al planeta, pero terminó recortando el plan a alrededor de tres horas tras varios problemas en motores. Aun así, la nave logró soltar 26 satélites Starlink V3 y completar un amerizaje en el Pacífico Norte antes de quedar destruida al entrar en contacto con el agua. SpaceX califica la misión como un avance enorme, aunque admite que quedan fallos por resolver.
Un despegue marcado por la incertidumbre
El lanzamiento se produjo el 28 de septiembre desde la base de Boca Chica, en la costa texana del golfo de México, hacia las 14:48 hora peninsular española, según las referencias más repetidas. La ventana se había abierto algo antes y la atención estaba puesta en si la etapa superior podría ejecutar el encendido orbital. Uno de los motores Raptor de la etapa superior se apagó antes de tiempo durante el ascenso, lo que llevó a los controladores a valorar una trayectoria suborbital.
Minutos después, el equipo comprobó que los motores centrales seguían en condiciones y autorizó el encendido que metió a la Ship 41 en órbita. La maniobra se produjo unos 25 minutos después del despegue y dejó al vehículo en una trayectoria con un apogeo cercano a los 275-277 kilómetros. La diferencia clave respecto a vuelos anteriores es que esta vez la nave no reingresó de inmediato, sino que permaneció dando vueltas a la Tierra.
Motores que fallan y un plan que se acorta
El Super Heavy también dio señales de que los Raptor aún no funcionan con la fiabilidad deseada. En la maniobra de regreso, dos de sus 33 motores no volvieron a encenderse, y el propulsor tuvo que arreglárselas con el resto para completar un amerizaje suave en el golfo de México. La maniobra imitó la captura que SpaceX pretende hacer con la torre de lanzamiento, un paso previo a recuperar el booster en tierra.
La etapa Starship, por su parte, iba a completar seis órbitas y un vuelo de casi diez horas, con amerizaje previsto al oeste de Chile. Sin embargo, tras unos problemas iniciales y con la nave ya en órbita, la compañía decidió adelantar el frenado y traerla de vuelta. El regreso se hizo en el Pacífico Norte, cerca de Hawái, y no en la zona planificada inicialmente. El vuelo total quedó en unas tres horas y ocho minutos.
El encendido de salida de órbita duró apenas unos segundos y la reentrada transcurrió sin incidentes graves. La Ship 41 amerizó en vertical, pero al tocar el agua explotó, algo que ya había ocurrido en otras pruebas. La nave anterior, la Ship 40, sí quedó flotando intacta en el océano Índico, lo que muestra la variabilidad de estos ensayos.
Starlink V3, la carga más útil hasta la fecha
El despliegue de los 26 satélites Starlink V3 fue uno de los puntos fuertes de la jornada. Los aparatos salieron de la bodega una vez en órbita y establecieron contacto mediante radiofrecuencia y enlaces láser. Cada unidad V3 puede añadir alrededor de 1 Tbps de capacidad, lo que suma unos 26 Tbps en una sola misión y equivale a unas diez misiones de satélites V2 mini con Falcon 9.
Estos satélites incorporan paneles solares y antenas que desplegarán tras separarse de la nave. Están pensados para ofrecer más velocidad a los abonados de Starlink. Después elevarán su órbita con propulsores propios y, tras las comprobaciones, podrían empezar a dar servicio en pocas semanas. Es la primera vez que una carga Starlink V3 queda operativa desde un vuelo de Starship.
Tres de los 26 satélites llevan cámaras para fotografiar el escudo térmico de la nave desde fuera. SpaceX quiere comprobar cómo resisten las losetas el calor de la reentrada, que puede alcanzar temperaturas muy altas en algunos puntos. En esta misión se reutilizaron dos losetas procedentes de la Ship 40, además de probar sujeciones adicionales y diseños curvos para reducir el desgaste.
La carrera hacia la Luna y Marte
El vuelo orbital era una condición necesaria para que Starship avance hacia misiones más ambiciosas. La NASA eligió a SpaceX para desarrollar una versión lunar de la nave, destinada a funcionar como módulo de alunizaje dentro del programa Artemis. Artemis III está prevista para 2027 y ensayará operaciones en órbita terrestre con Orion y los módulos de prueba, mientras que el primer alunizaje tripulado desde 1972 se contempla para Artemis IV, en 2028.
El retraso de Starship ha llevado a la agencia estadounidense a mantener abierta la puerta a Blue Origin, la empresa de Jeff Bezos, que también desarrolla un módulo lunar. Esa competencia añade presión a SpaceX, que necesita demostrar que puede cumplir los plazos. El objetivo final de Elon Musk sigue siendo Marte, pero antes debe conseguir que el sistema sea fiable y reutilizable.
SpaceX trabaja ahora en recuperar tanto el propulsor Super Heavy como la etapa Starship en la plataforma de lanzamiento. La compañía ya ha atrapado el booster en varias ocasiones, pero todavía no ha intentado hacer lo mismo con la nave. Alcanzar la órbita permite por fin plantear esa fase de recuperación, que es clave para abaratar los vuelos.
La decimocuarta prueba deja una mezcla de avance y deberes pendientes. Starship ha demostrado que puede llegar a órbita y poner en servicio satélites Starlink V3, pero los fallos en los Raptor y el recorrido recortado recuerdan que el sistema aún no está maduro. El siguiente reto será volar con menos incidencias y recuperar las dos etapas, algo decisivo para Artemis, para la red de internet de SpaceX y para el sueño marciano de Musk.


