CLOiD, el robot de LG que quiere cambiar el hogar inteligente

  • LG presenta CLOiD en el CES como un robot doméstico que materializa su visión de Hogar sin Tareas.
  • El diseño combina forma humanoide, manos de cinco dedos y base motorizada para integrarse en la casa.
  • CLOiD se apoya en LG ThinQ y en la llamada Affectionate Intelligence para anticipar rutinas y necesidades.
  • La propuesta apunta a un cambio cultural: del control manual del hogar a un entorno que se gestiona de forma autónoma.

Robot doméstico LG CLOiD en hogar inteligente

La llegada de CLOiD, el nuevo robot doméstico de LG, marca un intento claro de la compañía por ir más allá del altavoz inteligente o del televisor conectado. En vez de limitar la inteligencia artificial a una pantalla o a una app, LG plantea un asistente físico que se mueve por la casa, observa lo que ocurre y actúa sin necesidad de que el usuario esté pendiente todo el tiempo.

Esta propuesta se enmarca en la estrategia de la marca para construir un hogar conectado más autónomo y menos dependiente de órdenes directas. CLOiD se presenta como el siguiente paso dentro de un ecosistema donde la IA ya no solo responde a instrucciones, sino que identifica patrones, entiende el contexto del día a día y toma decisiones cotidianas dentro de unos márgenes definidos.

Un robot que da forma al Zero Labor Home

En el contexto del CES, LG ha ido encajando las piezas de lo que denomina Zero Labor Home, o Hogar sin Tareas, un concepto que aspira a reducir al mínimo la carga doméstica gracias a la automatización. CLOiD es la parte más visible de esta idea: un acompañante robótico que interactúa con electrodomésticos, sistemas de climatización y dispositivos de seguridad para que el usuario tenga que intervenir lo justo.

La compañía relaciona este enfoque con su visión de Affectionate Intelligence, una inteligencia artificial que pretende ser más empática que meramente funcional. En lugar de limitarse a ejecutar solicitudes puntuales, el sistema intenta comprender las rutinas de cada hogar y adaptar su comportamiento, por ejemplo ajustando la iluminación o la temperatura en función de la hora del día o la presencia de personas en la vivienda.

Dentro de este planteamiento, la plataforma LG ThinQ juega un papel central. Es la base que permite que electrodomésticos, sensores y servicios digitales se comuniquen entre sí y con CLOiD. A medida que se usan, los dispositivos van aprendiendo horarios, preferencias y hábitos, de modo que el robot puede coordinar, por ejemplo, el inicio de un ciclo de lavado, el encendido del aire acondicionado o el cierre de persianas sin que el usuario tenga que revisar cada aparato.

La aspiración de LG es que la tecnología se vuelva casi invisible, que las tareas se completen en segundo plano y que la persona solo note el resultado: la casa ordenada, una temperatura ajustada o la iluminación adecuada cuando llega a casa tras una jornada de trabajo. Este enfoque busca también responder a estilos de vida cada vez más acelerados, en los que se valora especialmente cualquier ayuda que permita ganar tiempo.

CLOiD, un asistente físico con forma humanoide

Más allá del discurso sobre la IA, CLOiD llama la atención por su diseño claramente orientado a convivir en un entorno doméstico. De la cintura hacia arriba, el robot adopta una forma humanoide con cabeza, torso y dos brazos articulados. Cada brazo cuenta con múltiples grados de libertad para imitar la movilidad del cuerpo humano y facilitar gestos complejos.

Las manos incorporan cinco dedos funcionales, pensados para manipular objetos con mayor precisión que en otros robots domésticos más básicos. Esto abre la puerta a que, con el tiempo y dependiendo de cómo evolucione el desarrollo de software y seguridad, pueda encargarse de tareas variadas dentro del hogar, desde interactuar con electrodomésticos hasta manejar objetos delicados.

La parte inferior se apoya en una base motorizada con ruedas y navegación autónoma, derivada, según la compañía, de la experiencia acumulada en robots de limpieza y otros dispositivos móviles. Gracias a este sistema, CLOiD puede desplazarse por distintas estancias, evitar obstáculos y moverse de forma relativamente fluida sin requerir supervisión constante.

La «cabeza» del robot actúa como un centro móvil de inteligencia, integrando pantalla para mostrar información, altavoces para interactuar por voz y un conjunto de cámaras y sensores que le permiten percibir el entorno. Sobre este hardware se apoya un sistema de IA generativa que gestiona las conversaciones con los usuarios, interpreta órdenes en lenguaje natural y coordina la comunicación con el resto del ecosistema doméstico.

Según LG, CLOiD no se concibe como un aparato para lucir en el salón, sino como un dispositivo pensado para integrarse con discreción en la rutina de la vivienda. De ahí su intento de mantener una apariencia relativamente amigable y una movilidad que le permita pasar de una habitación a otra para realizar tareas o simplemente estar disponible cuando alguien lo necesite.

Interacción natural y gestión silenciosa del hogar

Una de las ideas que la marca insiste en asociar a CLOiD es la de gestión invisible del hogar. La intención es que el usuario no tenga que sacar el móvil cada vez que quiera cambiar algo, ni memorizar comandos específicos. En su lugar, el robot se apoya en el lenguaje natural y en señales contextuales para actuar de forma autónoma siempre que sea posible.

Cuando detecta la presencia de alguien, CLOiD puede, por ejemplo, ajustar la climatización o modificar la iluminación en función del momento del día, de los hábitos previos o de la configuración previamente acordada por la familia. Si percibe que la casa se ha quedado vacía, puede activar modos de ahorro de energía, revisar que puertas y ventanas automatizadas estén en el estado adecuado o reforzar la seguridad.

Detrás de este comportamiento está el trabajo del HS Robotics Lab de LG y de una red de alianzas tecnológicas que proporcionan algoritmos avanzados de percepción y aprendizaje. El objetivo es que CLOiD no solo ejecute órdenes puntuales, sino que vaya recordando preferencias y adaptando su respuesta con el tiempo. Esto puede traducirse, por ejemplo, en ajustar de forma distinta la temperatura para diferentes miembros de la familia o modificar ciertas rutinas cuando cambian los horarios.

En la práctica, la interacción se plantea como una conversación relativamente fluida, en la que el usuario puede pedir cosas de manera coloquial sin preocuparse demasiado por la forma exacta de la orden. El robot traduce esa petición a acciones concretas dentro del ecosistema ThinQ, como encender un electrodoméstico, revisar el consumo energético o programar una determinada secuencia de tareas.

Este enfoque también pretende reducir la sensación de estar gestionando continuamente dispositivos. La ambición es que muchas acciones sucedan sin que haya que pedirlas, siempre bajo un marco de control definido por el usuario. No obstante, al tratarse de un sistema que aprende con el uso, la compañía insiste en enmarcar el desarrollo en una evolución gradual, en la que se irán incorporando funciones a medida que se validen en términos de seguridad, privacidad y aceptación social.

De los electrodomésticos conectados al acompañante robótico

CLOiD no aparece aislado, sino como un paso más dentro de la trayectoria de LG en el hogar inteligente. Hasta ahora, buena parte de la innovación de la marca se había centrado en electrodomésticos conectados: lavadoras que ajustan ciclos, frigoríficos que monitorizan el consumo, sistemas de aire acondicionado que regulan la temperatura según la ocupación o el horario.

Con la evolución de la plataforma LG ThinQ, estos dispositivos han ido ganando funciones de aprendizaje automático, de manera que cada aparato ya no solo responde a una orden puntual, sino que incorpora sensores y algoritmos que le permiten optimizar consumos o adaptarse a la rutina de la vivienda. El salto que representa CLOiD es convertir todo ese ecosistema en algo coordinado por un agente físico que se mueve por la casa.

En este sentido, el robot actúa como un orquestador de servicios domésticos. Puede, por ejemplo, verificar que el lavavajillas ha terminado antes de que llegue la hora de dormir, ajustar el nivel de ventilación durante una ola de calor o sugerir cambios en la configuración de ciertos aparatos si detecta patrones de uso ineficientes. Todo ello, apoyado en la información que recogen los sensores distribuidos por la vivienda.

La idea de Affectionate Intelligence se plasma aquí en la intención de que estas acciones se perciban como una ayuda más humana que técnica. En lugar de un conjunto de notificaciones constantes, el usuario debería notar que la casa «se adelanta» a lo que va a necesitar, dentro de unos límites razonables y siempre con la posibilidad de intervenir o desactivar funciones concretas si no encajan con sus preferencias.

Este tipo de planteamientos encaja con una tendencia general en el sector, donde diferentes fabricantes buscan pasar de la mera conectividad a entornos domésticos realmente autónomos. LG apuesta por diferenciarse apoyándose en su experiencia en electrodomésticos, en la plataforma ThinQ y ahora en la incorporación de robots de servicio que actúan como interfaz visible de todo ese sistema.

Un intento de respuesta a los retos del día a día

La presentación de CLOiD se acompaña de un discurso que sitúa al robot como respuesta a agendas cada vez más cargadas y hogares más exigentes. En muchos países europeos y también en mercados como el colombiano, donde LG ha puesto ejemplos concretos, la domótica ya no se ve solo como un lujo, sino como una herramienta para gestionar mejor el tiempo y, en algunos casos, para contener el gasto energético.

En lugares donde la penetración del hogar inteligente sigue creciendo, el reto ya no es tanto convencer de las ventajas de un electrodoméstico conectado como demostrar que la automatización puede ser realmente útil y no una complicación extra. En este contexto, un robot que coordine diversas tareas sin reclamar atención constante puede resultar atractivo para quienes buscan simplificar la gestión de la vivienda.

LG plantea que sistemas como CLOiD podrían encargarse progresivamente de tareas poco gratificantes como la organización de la ropa o el lavado de platos, siempre que la tecnología madure en fiabilidad y seguridad. La idea de fondo es que las personas puedan dedicar más tiempo a actividades personales o de ocio mientras la casa se encarga de gran parte del trabajo de fondo.

Al mismo tiempo, la compañía es consciente de que la adopción de robots domésticos plantea interrogantes en torno a la privacidad, el coste de adquisición, el mantenimiento y la confianza en un sistema que actúa por iniciativa propia. Aunque en las presentaciones públicas se destaca el potencial de estas tecnologías, también será clave cómo se gestionen estas preocupaciones a medida que los primeros modelos lleguen a los hogares.

En cualquier caso, la aparición de CLOiD indica que el debate sobre el hogar inteligente entra en una fase nueva, en la que ya no solo hablamos de dispositivos conectados aislados, sino de agentes físicos que se desplazan, aprenden y toman decisiones en nombre del usuario. Hasta qué punto esta propuesta se consolidará dependerá tanto de la evolución técnica como de la respuesta de las personas que convivan con estos sistemas.

A través de CLOiD y de su ecosistema basado en ThinQ y Affectionate Intelligence, LG intenta situar el hogar en un punto en el que las tareas rutinarias pierdan protagonismo frente al bienestar. La casa pasa de ser algo que se controla manualmente a convertirse en un entorno que cuida de sí mismo en gran medida, siempre con la posibilidad de que el usuario marque límites y preferencias. Si esta visión cuaja, el robot dejará de ser un elemento futurista para convertirse en una pieza más del paisaje cotidiano de la vivienda.

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