Materiales para impresión 3D: guía completa de opciones y usos

  • Los materiales para impresión 3D abarcan filamentos termoplásticos, resinas fotocurables, metales y cerámicas técnicas.
  • PLA, ABS y PETG cubren la mayoría de prototipos básicos, mientras que nylon, PC, TPE/TPU y PC-ABS resuelven aplicaciones de nicho.
  • Superplásticos, compuestos reforzados con fibra y resinas técnicas permiten fabricar piezas funcionales, resistentes y de uso final.
  • Resinas médicas, dentales, para joyería y materiales metálicos amplían el uso de la impresión 3D a sectores industriales y sanitarios avanzados.

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La impresión 3D ha pasado de ser casi ciencia ficción a convertirse en una tecnología cotidiana en talleres, fábricas, universidades y hasta en casa. Hoy se imprimen desde maquetas sencillas hasta piezas de aviones, implantes médicos, prótesis deportivas, joyería o prototipos industriales en cuestión de horas.

Para sacar partido de verdad a esta tecnología no basta con tener una buena impresora: es clave conocer qué materiales para impresión 3D existen, qué propiedades tienen y en qué aplicaciones destacan. No todos los plásticos ni todas las resinas sirven para lo mismo, y elegir mal el material puede arruinar un proyecto que, sobre el papel, era perfecto.

¿Qué es exactamente la impresión 3D y cómo encajan los materiales?

Cuando hablamos de impresión 3D nos referimos a un conjunto de procesos de fabricación aditiva, en los que una máquina va depositando capas muy finas de material hasta construir un objeto tridimensional. El modelo nace en un software 3D, se corta en capas con un programa de laminado, y la impresora sigue esas instrucciones capa a capa.

La gracia está en que esas capas pueden ser de plásticos, resinas, metales, cerámicas o incluso materiales flexibles. El software calcula el recorrido de la boquilla o del láser, y la impresora va añadiendo material en las coordenadas adecuadas. Dependiendo del tamaño de la pieza, la tecnología y el material, una impresión puede tardar desde unas pocas horas hasta más de medio día.

Tras la impresión, casi siempre hace falta cierto posprocesado para mejorar el acabado superficial: lijado, pulido, curado UV en resinas, eliminación de soportes, tintado, pintura, etc. Aquí también influyen mucho las propiedades del material elegido.

En la práctica, la mayoría de equipos domésticos y de oficina usan filamento plástico mediante FFF/FFF (fabricación con filamento fundido), mientras que las máquinas profesionales de gama alta emplean resinas, polvos plásticos o metálicos fusionados con láser o con calor en lecho de polvo.

Grandes familias de materiales para impresión 3D

Si simplificamos un poco el panorama, los materiales de impresión 3D se agrupan en tres grandes bloques: termoplásticos, resinas fotopoliméricas y metales. Dentro de cada grupo hay decenas de variantes adaptadas a usos muy distintos, desde prototipado rápido hasta producción de piezas finales.

En la impresión por FFF abundan los termoplásticos en filamento (PLA, ABS, PETG, nylon, policarbonato, PEEK, etc.), mientras que en las tecnologías SLA/DLP/LFS dominan las resinas líquidas sensibles a la luz. Para aplicaciones industriales avanzadas entran en juego polvos metálicos, cerámicos y compuestos de alto rendimiento.

Además, hay materiales híbridos o especiales, como los plásticos reforzados con microfibras, las fibras continuas de carbono, vidrio o Kevlar, y compuestos cargados con polvo metálico o cerámico que luego se sinterizan para convertirse en piezas metálicas o de cerámica técnica.

Termoplásticos básicos más utilizados (PLA, ABS, PETG)

En el grupo de los termoplásticos más comunes encontramos los llamados “materiales básicos” de filamento: PLA, ABS y PETG. Son los que más se ven en impresoras domésticas y en muchos entornos profesionales cuando no se necesitan prestaciones extremas.

PLA (ácido poliláctico) es, probablemente, el filamento más extendido. Se obtiene a partir de materias primas renovables como el maíz o el trigo, por lo que es más respetuoso con el medio ambiente y no genera vapores especialmente tóxicos al imprimirse. Es muy fácil de usar, ideal para quien empieza en impresión 3D y busca buena estabilidad dimensional. Ofrece una enorme gama de colores y acabados. Su punto débil es que apenas resiste el calor ni los esfuerzos mecánicos intensos, lo que le limita para usos industriales exigentes.

El ABS (acrilonitrilo butadieno estireno) es un clásico en la industria: se emplea en piezas de Lego, carcasas de electrodomésticos, componentes de automoción y muchas más aplicaciones. En impresión 3D se valora por su buena resistencia a impactos y temperaturas elevadas. Además se deja lijar, taladrar, pegar, pintar y pulir con mucha facilidad, permitiendo acabados profesionales. A cambio, requiere una impresora algo más exigente (cama caliente, control de corrientes de aire) y emite gases que conviene ventilar bien.

El PETG es un derivado del PET tradicional de envases alimentarios, con una formulación pensada para impresión 3D. Es un material muy resistente a la corrosión, a la humedad y a ciertos agentes químicos, además de soportar impactos razonablemente bien. Es casi impermeable, por lo que resulta idóneo para recipientes, piezas que estén en contacto con líquidos o componentes exteriores. Su pega principal es que no es biodegradable, a diferencia del PLA.

Termoplásticos de nicho: nylon, TPE/TPU/TPC y policarbonato

Más allá de los materiales básicos, existe un conjunto de termoplásticos de nicho que brillan en aplicaciones concretas gracias a alguna cualidad sobresaliente: flexibilidad, durabilidad, resistencia química o transparencia.

El nylon (poliamida) es el “peso pesado” en cuanto a dureza, flexibilidad y durabilidad. Aunque no es especialmente rígido ni soporta temperaturas extremas como un PEEK, resiste muy bien la fatiga y muchos productos químicos. Por eso se usa en piezas mecánicas que se doblan, flexan o sufren desgaste continuo, como engranajes ligeros, bisagras, pasadores o componentes de maquinaria donde prima la resistencia al rozamiento.

Los elastómeros termoplásticos TPE, TPU y TPC son plásticos con comportamiento elástico, capaces de deformarse y recuperar su forma. Son extremadamente flexibles, resistentes al desgarro y muy duraderos. Se encuentran con frecuencia en componentes de automoción, manguitos, juntas, carcasas amortiguadas y piezas médicas suaves. En impresión 3D permiten fabricar fundas, amortiguadores, plantillas, juntas de estanqueidad o prototipos de productos de consumo blandos.

El policarbonato (PC) es un plástico técnico con una combinación muy equilibrada de propiedades: es resistente a impactos, al calor y puede ser transparente. Se usa en cristales antibalas, viseras de cascos, máscaras de buceo y pantallas electrónicas. En impresión 3D, el PC resulta ideal para piezas que deban soportar golpes, temperaturas moderadas y mantener transparencia o alta resistencia, aunque exige impresoras capaces de trabajar a temperaturas elevadas.

Una variante interesante es el PC-ABS, una aleación que combina policarbonato y ABS. De esta mezcla se obtiene un material con gran dureza, buena resistencia térmica y cierta flexibilidad, muy utilizado en el sector automotriz, telecomunicaciones y electrónica, donde se necesitan carcasas robustas y tolerantes al calor.

Superplásticos y materiales técnicos de alto rendimiento

Cuando las aplicaciones son especialmente exigentes, entran en juego los llamados superplásticos: materiales que combinan alta resistencia mecánica, excelente estabilidad térmica y una gran resistencia química. Aquí destacan PEEK y ULTEM, entre otros.

El PEEK y el ULTEM (como ULTEM 9085 o ULTEM 985) son polímeros de ingeniería de altas prestaciones que ya se usaban tradicionalmente en entornos industriales antes de ser imprimibles en 3D. Son muy rígidos, soportan temperaturas extremas y resisten químicos agresivos, además de ofrecer estabilidad dimensional incluso en condiciones severas. Se emplean en sectores como la aeronáutica, la automoción o la industria médica para utillaje, soportes y componentes sometidos a gran estrés.

ULTEM 985, por ejemplo, es un polímero amorfo que combina excelentes propiedades térmicas, retardancia a la llama, buena resistencia química y una gran estabilidad dimensional. Resulta muy interesante para piezas interiores de vehículos, componentes eléctricos y aplicaciones donde la inflamabilidad es un factor crítico.

Termoplásticos rellenos y plásticos reforzados

Otra vía para mejorar el rendimiento de los termoplásticos es cargarlos con partículas de otros materiales. Estos termoplásticos rellenos siguen siendo, mayoritariamente, un plástico en términos de comportamiento, pero las partículas modifican propiedades clave como la rigidez, la dureza o la estabilidad térmica.

En un termoplástico relleno, el material base (por ejemplo, nylon o PLA) se impregna de pequeñas partículas sólidas de un segundo material. La concentración de este refuerzo puede variar bastante. Aunque la resistencia química sigue viniendo dictada por el plástico base, la presencia de partículas puede cambiar drásticamente otras características.

Por un lado están los plásticos rellenos de materiales exóticos (madera, café, etc.), que modifican sobre todo el aspecto y la textura, pero apenas mejoran las prestaciones mecánicas. Funcionan como termoplásticos de nicho enfocados a fines estéticos y decorativos.

Por otro, encontramos los plásticos reforzados con microfibras industriales, donde sí se busca un salto de prestaciones. El ejemplo más habitual es el nylon reforzado con microfibras de carbono: se trata de una matriz de nylon cargada de diminutas fibras de carbono que incrementan notablemente la dureza, la rigidez y la resistencia al calor.

Con la proporción adecuada de fibra se obtiene un material cercano a los superplásticos: piezas muy rígidas, con gran estabilidad dimensional y un acabado de alta calidad, a menudo difíciles de distinguir de componentes fabricados por métodos tradicionales. Sin embargo, si se abusa de la concentración de fibra, la impresión se complica: el plástico aglutinante fluye peor y la superficie queda más rugosa y con defectos visibles.

Fibras continuas (CFF) para piezas ultrarresistentes

Las microfibras mejoran mucho las propiedades de un plástico, pero si lo que se busca es un salto aún mayor entra en juego el refuerzo con fibras continuas de carbono, vidrio o Kevlar. En este caso, la impresora deposita hebras largas dentro de la pieza, como en los composites tradicionales.

La tecnología CFF (Continuous Fiber Fabrication) combina la extrusión FFF estándar con una segunda boquilla que coloca la fibra continua en el interior de la pieza. En lugar de fundir totalmente el filamento de fibra, la boquilla lo “plancha” y lo encapsula dentro de la matriz termoplástica. Las fibras se comportan igual que en un laminado con resina epoxi, pero todo se genera capa a capa dentro de la impresora.

El resultado son piezas que pueden ser un orden de magnitud más fuertes y rígidas que las de plástico simple, incluso rellenas. Conservan la resistencia térmica y química del termoplástico base, pero con un comportamiento mecánico mucho más cercano al de un metal ligero.

Con este tipo de refuerzo se pueden fabricar utillajes, mordazas, soportes y piezas estructurales ligeras que antes requerían aluminio mecanizado. Además, se aprovecha la facilidad de diseño de la impresión 3D, permitiendo geometrías complejas con refuerzo interno optimizado.

Resinas de uso general y de alta resolución

En el mundo de la estereolitografía y tecnologías similares se trabaja con resinas líquidas fotocurables. Las llamadas “resinas de uso general” están pensadas para prototipado y modelos visuales, con buen detalle y acabado.

Una resina de uso general típica ofrece alta resolución, superficie lisa de aspecto mate y gran calidad de detalle, ideal para modelos conceptuales, piezas de presentación y prototipos estéticos. Son sencillas de imprimir, admiten posprocesados como lijado y pintado, y resultan perfectas para maquetas, carcasas de prueba o productos de diseño.

Resinas transparentes y resinas de color

Dentro de las resinas estándar existen formulaciones específicas para lograr transparencia casi total. Estas resinas transparentes pueden pulirse hasta obtener un acabado muy similar al del vidrio o a un plástico inyectado óptico, lo que las hace ideales para componentes que requieran paso de luz, microfluídica o ventanas de inspección.

Las resinas de color, por su parte, permiten igualar color, material y acabado en prototipos rápidos. Son perfectas para maquetas de producto final, piezas con códigos de colores (por ejemplo, en guías y fijaciones) y componentes de uso final donde se desea un color corporativo o un acabado brillante concreto.

Resinas técnicas: Tough, Rigid, High Temp y Polyurethane

Para aplicaciones funcionales que requieran algo más que estética, entran en escena las resinas técnicas. Están formuladas para soportar esfuerzos mecánicos, temperaturas elevadas o un uso continuado.

Las resinas Tough son materiales resistentes y dinámicos, capaces de aguantar impactos y esfuerzos de compresión, tracción y flexión sin agrietarse con facilidad. Sus propiedades pueden asemejarse a plásticos como el PEAD, ABS o polipropileno. Se utilizan habitualmente en carcasas, bastidores, conectores, utillaje y prototipos sometidos a desgaste.

Las resinas Rigid están reforzadas para ser muy rígidas y mantener su forma bajo carga. Destacan por su gran estabilidad dimensional, resistencia térmica y química. Son adecuadas para sujeciones, fijaciones, utillaje, turbinas, palas de ventilador y componentes para circulación de aire o fluidos, así como carcasas eléctricas y piezas de automoción.

La High Temp Resin o resina de alta temperatura se formula específicamente para soportar flujos de aire caliente, gases y fluidos a alta temperatura, manteniendo precisión dimensional. Es muy útil para carcasas, soportes, fijaciones resistentes al calor, así como para moldes, insertos y pequeñas series de piezas sometidas a alta temperatura.

Las resinas de poliuretano (Polyurethane) proporcionan una durabilidad excepcional a largo plazo. Son estables frente a radiación UV, temperatura y humedad, y pueden ser ignífugas, esterilizables y resistentes a productos químicos y abrasión. Se destinan a componentes automovilísticos, aeroespaciales, de maquinaria de alto rendimiento, piezas de uso final robustas y prototipos funcionales de larga vida útil.

Resinas flexibles, elásticas y de silicona

La familia de las resinas flexibles cubre el hueco de las piezas blandas y deformables con acabado suave y buena precisión. Son el equivalente líquido a los filamentos flexibles, pero con mucho más detalle y control geométrico.

Las resinas Flexible y Elastic imitan el comportamiento de la goma, del TPU o de la silicona. Pueden soportar esfuerzos de flexión y compresión repetidos sin romperse durante varios ciclos. Son ideales para prototipos de productos de consumo, componentes flexibles para robótica, modelos anatómicos y atrezo para efectos especiales.

La Silicone 40A Resin va un paso más allá, siendo un material de impresión 3D de silicona 100 % real. Ofrece las mismas propiedades que la silicona fundida tradicional: elasticidad controlada, biocompatibilidad en algunos casos y excelente resistencia a la fatiga. Se utiliza para prototipos funcionales, pequeñas series de piezas de silicona, productos sanitarios personalizados, fijaciones y herramientas de enmascarado, así como moldes suaves para fundición de uretanos o resinas.

Resinas especiales: médicas, dentales, joyería, ESD y retardantes de llama

En aplicaciones profesionales aparecen resinas muy específicas, adaptadas a normativas y necesidades de sectores concretos como la medicina, la odontología, la joyería o la electrónica.

Las resinas médicas y odontológicas forman una amplia gama de materiales biocompatibles diseñados para fabricar aparatos médicos y dentales: guías quirúrgicas, férulas, prótesis dentales y otras prótesis personalizadas. Cumplen normativas de contacto con el cuerpo humano y pueden esterilizarse, lo que abre la puerta a soluciones a medida en quirófano y gabinete dental.

Las resinas para joyería están pensadas para la fundición a la cera perdida y el moldeo de caucho vulcanizado. Se queman de forma limpia, con alta precisión de detalle y mantenimiento de la forma, permitiendo fabricar moldes maestros, piezas de prueba y joyería personalizada sin recurrir a modelos tallados a mano.

La ESD Resin es un material antiestático desarrollado para mejorar procesos de fabricación electrónica. Permite imprimir utillaje, fijaciones, bandejas a medida y prototipos o componentes finales donde es crítico evitar descargas electrostáticas que dañen circuitos.

La Flame Retardant Resin es una resina ignífuga, resistente al calor y a la deformación por fluencia, indicada para entornos industriales y de interior con altas temperaturas o posibles fuentes de ignición. Se emplea en piezas interiores de aviones, automóviles y trenes, fijaciones personalizadas, componentes protectores e internos de aparatos electrónicos o médicos.

Resinas cerámicas y para fundición metálica

Además de plásticos y resinas convencionales, algunas tecnologías admiten materiales avanzados como cerámicas técnicas o resinas específicas para patrones de fundición.

La Alumina 4N Resin es una resina cerámica con un 99,99 % de alúmina pura. Tras un proceso de sinterizado, se obtienen piezas con propiedades térmicas, mecánicas y de conductividad excelentes, ideales para aislamiento térmico, herramientas de trabajo intensivo y componentes expuestos a químicos agresivos y al desgaste.

La Clear Cast Resin está diseñada para patrones de fundición a la cera perdida industrial. Ofrece un quemado limpio, baja expansión térmica y alta precisión. Se utiliza para producir en planta patrones destinados a piezas metálicas de uso final, sobre todo cuando se necesita un alto detalle y control dimensional.

Metales y procesos tipo ADAM/MIM

La fabricación aditiva por difusión atómica (ADAM) se inspira en el moldeo por inyección de metales (MIM). Se imprime un filamento compuesto por un aglutinante plástico cargado con polvo metálico mediante un proceso very similar a la FFF. Después, la pieza se somete a un lavado para eliminar el aglutinante y a un sinterizado, hasta obtener una pieza totalmente metálica.

Estas piezas metálicas conservan ciertas limitaciones geométricas típicas de la FFF (como espesores mínimos o soportes necesarios), pero ofrecen todas las ventajas del metal: alta resistencia mecánica, dureza, conductividad y comportamiento térmico propio de aleaciones de uso industrial.

Otros materiales avanzados: grafito, grafeno y compuestos de fibra de carbono

Más allá de plásticos, resinas y metales comunes, la investigación en impresión 3D explora materiales como el grafito y el grafeno, que destacan por su gran conductividad eléctrica, elevada resistencia y ligereza. El grafeno, en particular, puede utilizarse en electrónica, sensores e incluso iluminación LED para reducir costes y mejorar prestaciones.

La fibra de carbono como refuerzo es uno de los grandes aliados de la manufactura aditiva: al combinar filamentos como PLA, ABS, PETG o nylon con fibras de carbono, se logran compuestos muy rígidos y ligeros, capaces de soportar amplios rangos de carga y condiciones exigentes. Estos materiales son perfectos para aplicaciones estructurales donde antes se utilizaba metal, logrando ahorro de peso y simplificación de diseño.

Usos destacados de la impresión 3D según el material

La diversidad de materiales hace que la impresión 3D se haya colado en prácticamente todos los sectores. Cada tipo de material abre la puerta a aplicaciones muy concretas que se benefician de sus propiedades.

En fabricación de prototipos, los plásticos básicos (PLA, ABS, PETG) y las resinas estándar permiten crear maquetas, prototipos estéticos, ayudas visuales y modelos funcionales en poco tiempo, a bajo coste y con posibilidad de iterar rápidamente el diseño.

En aeronáutica y automoción, los superplásticos, las resinas técnicas de alta temperatura, los compuestos con fibra de carbono y las piezas metálicas sinterizadas se usan para utillaje, soportes, conductos de fluidos, carcasas internas y prototipos de piezas estructurales, aprovechando su resistencia y ligereza.

En arquitectura y construcción, se han desarrollado sistemas capaces de imprimir viviendas y refugios de emergencia, utilizando morteros especiales y mezclas cementicias adecuadas para la deposición por capas, aunque ese es otro gran capítulo dentro de la impresión 3D.

En medicina y odontología, las resinas biocompatibles permiten fabricar guías quirúrgicas personalizadas, férulas, modelos anatómicos y prótesis a medida. También se han impreso prótesis de extremidades, implantes personalizados y dispositivos que mejoran la osteointegración controlando la porosidad.

Otros campos como la educación, la música, la gastronomía o el arte se benefician de materiales específicos: se imprimen maquetas arquitectónicas, instrumentos musicales (violines, flautas, banjos), piezas comestibles (helados, masas, hamburguesas) y esculturas con materiales de acabado especial.

Conocer las características de cada material —desde los filamentos básicos PLA, ABS y PETG hasta las resinas técnicas, superplásticos, compuestos reforzados y metales— es la clave para decidir qué imprimir, cómo hacerlo y con qué coste y fiabilidad. Elegir bien el material permite que la impresión 3D deje de ser solo una curiosidad y se convierta en una herramienta potente para diseñar, prototipar y fabricar soluciones reales en prácticamente cualquier sector.

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