Carga rápida: avances en batería, red y refrigeración

  • La red de recarga rápida crece, pero aún pesan los puntos averiados y la distancia con los objetivos europeos.
  • Los ensayos con pausas breves durante la carga rápida apuntan a menos envejecimiento en celdas NMC con grafito.
  • La refrigeración por pulverización y remojo parcial busca contener el calor con mucho menos líquido dieléctrico.
  • Los avances siguen en laboratorio o en fases iniciales y no cambian todavía la forma de cargar en el día a día.

Carga rápida de vehículos eléctricos

La carga rápida se ha convertido en la pieza que más condiciona la experiencia del coche eléctrico: marca los viajes largos, la planificación de paradas y también la salud de la batería. No todo depende de encontrar un poste de mucha potencia; influyen la temperatura, el estado de carga y la forma en que el sistema decide administrar la energía. La comodidad de repostar en minutos tiene una contrapartida técnica que conviene mirar con calma.

En los últimos meses, la conversación ha pasado del puro anuncio de kilovatios a dos frentes más pegados al suelo: cómo se despliega la infraestructura y cómo se evita que cargar deprisa pase factura. Hay avances prometedores, aunque con letra pequeña, porque buena parte de las pruebas se hace con celdas aisladas o en módulos, no con coches rodando durante años.

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Una red que crece, pero con deberes pendientes

Galicia ha superado los 2.300 puntos de recarga en servicio, con 339 más que un año antes. De las incorporaciones recientes, 211 manejan potencias de 50 kW o superiores, lo que supone cerca de dos tercios de las conexiones nuevas. El esfuerzo por ganar potencia es visible, pero el punto de partida sigue lastrado por una mayoría de enchufes lentos.

El dato menos amable está en los postes que no funcionan: 894 instalaciones siguen fuera de servicio, 162 más que doce meses atrás, y representan alrededor del 27% de los 3.261 cargadores contabilizados en las carreteras gallegas. La avería se ha convertido en un problema tan relevante como la falta de puntos, porque un mapa con instalaciones caídas no transmite confianza al conductor.

La meta europea para 2030 queda lejos: Galicia necesitaría activar 58 postes por semana, 247 al mes o 3.010 al año durante los próximos ejercicios para acercarse al objetivo de 14.974 instalaciones en marcha. El ritmo actual no basta para cerrar esa brecha y, de paso, la lentitud del despliegue frena la decisión de compra de quienes aún dudan entre un eléctrico y otras alternativas.

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Por potencia, la red gallega sigue dominada por la carga lenta: 1.572 puntos por debajo de 50 kW, el 66% de los activos. De ellos, 1.442 no pasan de 22 kW y 130 se mueven entre 22 y 50 kW. Las nuevas instalaciones mejoran algo el panorama: los puntos de 50 kW o más llegan a 797, un 36% más, y ya son uno de cada tres enchufes operativos.

El salto es más claro en la alta potencia. Las conexiones de 150 kW o más alcanzan las 328, un 75% más, y representan el 14% de la red frente al 9% anterior. Los supercargadores de 250 kW o más se han duplicado, hasta 200 postes, una infraestructura clave para trayectos largos y para electrificar el transporte pesado.

Pausas de un minuto: la idea que reduce el desgaste

Una de las líneas de investigación más llamativas propone no cargar de forma continua, sino fraccionar la carga rápida. El ensayo se hizo con 48 celdas comerciales de química NMC con grafito en el ánodo, de 20 amperios hora y fabricadas en 2011. El protocolo alternaba seis tramos de dos minutos a intensidad elevada con descansos de un minuto: doce minutos efectivos repartidos en unos diecisiete minutos reales, dentro de una ventana aproximada del 20% al 80% de estado de carga. La pausa no era un capricho, sino parte del experimento.

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Tras 1.009 ciclos, las celdas sometidas a ese esquema conservaban más del 84,7% de su capacidad original, con un aumento moderado de la resistencia interna. En el régimen continuo comparable, la capacidad había caído por debajo del 80% alrededor del ciclo 217. La diferencia era demasiado grande como para ignorarla, aunque el resultado proceda de un entorno de laboratorio.

La explicación técnica tiene que ver con el movimiento de los iones. Cuando la corriente es muy intensa, los iones llegan más rápido de lo que el grafito puede incorporarlos de forma uniforme; eso favorece reacciones no deseadas, aumenta la resistencia y puede facilitar la deposición de litio metálico. Durante los descansos, los iones se redistribuyen y baja parte de la tensión electroquímica acumulada. Al abrir las celdas se observó menos deterioro en los electrodos y cambios en la capa protectora del grafito.

El aviso también forma parte del hallazgo. Al aplicar una corriente todavía mayor y recorrer casi todo el intervalo de carga, las interrupciones no evitaron una pérdida rápida de capacidad utilizable. No basta con hacer pausas si la celda no puede absorber ese régimen. Además, el resultado corresponde a una química concreta, NMC con grafito, y no está demostrado que ocurra lo mismo en LFP ni en otras composiciones. La muestra era pequeña: cuatro unidades por grupo principal y ninguna en un coche circulando.

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En una posible segunda vida, una celda del protocolo de seis etapas completó alrededor de mil ciclos adicionales con cerca del 80% de salud. Entre ambas fases entregó 64,6 kWh frente a 34,2 kWh del régimen continuo comparable, un 89% más de energía acumulada durante las pruebas. Conviene precisar que eso no significa un 89% más de autonomía por recarga. La mejora potencial está en cómo el coche programa la carga, no en que el conductor desenchufe cada dos minutos.

Refrigerar sin ahogar la batería

El calor es el freno invisible de la carga rápida. Cuando las celdas se calientan, el sistema baja la potencia para protegerse; si la temperatura se descontrola, el envejecimiento se acelera y aumenta el riesgo de fuga térmica. El impacto del calor y el frío es determinante en el rendimiento real. Una de las soluciones que se han probado es sumergir la batería en un líquido dieléctrico, pero un paquete completo puede necesitar cien litros de fluido, con el coste y el peso que eso implica. Enfriar mucho no siempre sale gratis en kilos ni en euros.

Un equipo de investigación ha planteado una variante: dejar solo la parte inferior del módulo en contacto con el líquido y pulverizar el fluido desde arriba. El líquido cae sobre las celdas, recoge el calor y vuelve a circular desde el fondo. Con esa combinación de rociado y remojo parcial, el módulo se mantuvo por debajo de los 35 °C incluso en una carga muy rápida, usando entre un 10% y un 20% del líquido que exigiría una inmersión total. Hablamos de aproximadamente un 85% menos de fluido.

La ventaja no es solo térmica. Menos líquido significa menos peso, menos volumen y menor coste; también puede simplificar el mantenimiento en centros de datos con baterías de respaldo. Además, el dieléctrico no arde, así que actúa como una capa extra de seguridad si una celda se comporta mal. El siguiente paso que se plantea es usar inteligencia artificial para buscar fluidos con mejores propiedades. Todo esto sigue en fase de laboratorio y falta comprobar cómo se comporta en un paquete grande, con cientos de celdas y años de uso.

Quedan dudas razonables: la uniformidad del rociado en módulos grandes, la durabilidad del líquido en contacto con conectores y electrónica, el mantenimiento de boquillas y bombas o el coste final del sistema. Los puntos calientes son un enemigo conocido de la vida útil, y un sistema que no distribuya bien el fluido podría crear nuevos problemas. La idea es buena, pero no es una solución cerrada.

Híbridos enchufables y motos también se suben a la carga rápida

La carga rápida no se limita a los eléctricos puros. Škoda ha presentado una versión híbrida enchufable de su SUV grande, el Kodiaq, con 200 kW de potencia conjunta, equivalentes a 272 CV, y 68 CV más que la variante anterior. La batería tiene 25,7 kWh brutos y 19,7 kWh útiles, y admite corriente continua a 50 kW, una característica poco habitual entre los híbridos enchufables. El acabado Laurin & Klement se coloca en lo más alto de la gama, con asientos con masaje y detalles exteriores específicos.

En el terreno de las dos ruedas, Zero prepara un puerto CCS y un módulo de carga rápida de nivel 3 para sus nuevas motos de las gamas Street y Dual Sport durante 2027. El sistema también podrá instalarse a posteriori en modelos S y DS desde el año de modelo 2022. En las versiones con baterías de hasta 17,3 kWh, la firma prevé pasar del 20% al 80% en menos de 30 minutos. Además, el sistema Rapid Charge de nivel 2 añade 6 kW hasta alcanzar 12,6 kW y permite esa misma franja en menos de 45 minutos. La novedad no es solo la potencia, sino la posibilidad de actualizar motos ya vendidas.

El balance de todo lo anterior invita a separar el ruido comercial de lo que ya está disponible. La red crece y gana potencia, pero aún arrastra instalaciones averiadas y objetivos lejanos; los protocolos con pausas y la refrigeración por pulverización apuntan a baterías más duraderas, aunque de momento son resultados de laboratorio; y los híbridos enchufables o las motos empiezan a incorporar carga rápida en segmentos donde antes era rara. La clave para el usuario sigue siendo la misma: usar la potencia con cabeza y dejar que el vehículo gestione temperatura y límites.


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