
El ecosistema tecnológico europeo se encamina hacia un nuevo ciclo donde la computación cuántica y la robótica inteligente comparten protagonismo. Más que una promesa lejana, estas disciplinas empiezan a cristalizar en proyectos piloto, programas de investigación aplicada y hojas de ruta industriales que miran directamente a 2026 como año clave de consolidación.
Desde el centro tecnológico catalán Eurecat, referente en I+D industrial y digital en España, la lectura es clara: la automatización ya no depende solo de robots programados, sino de una combinación de inteligencia artificial agencial, datos del mundo real y capacidades computacionales avanzadas, donde la tecnología cuántica y la robótica cognitiva se retroalimentan. El reto, insisten, no está únicamente en el laboratorio, sino en la capacidad de las empresas para anticiparse y adaptar sus procesos.
Computación cuántica: de la teoría a los primeros casos de uso
Para el equipo científico de Eurecat, la computación cuántica entra en una fase en la que deja de ser un concepto abstracto para convertirse en una herramienta de prueba en sectores muy concretos. Aunque reconocen que la llamada “ventaja cuántica” generalizada sigue siendo un horizonte lejano, apuntan que a partir de 2026 empezarán a verse aplicaciones acotadas en ámbitos como el farmacéutico, las finanzas y la logística.
En estos escenarios se prevé el uso combinado de equipos cuánticos reales y emuladores capaces de manejar decenas de cúbits, suficientes para experimentar con problemas de optimización compleja o simulaciones que con los sistemas clásicos resultan ineficientes. No se trata todavía de reemplazar los centros de datos actuales, sino de complementar la computación tradicional con módulos cuánticos especializados que aporten valor en tareas muy específicas.
La visión de Eurecat encaja con las estrategias de I+D marcadas por la Unión Europea, que prioriza la creación de una infraestructura cuántica propia y el fomento de alianzas con la industria. Para las empresas españolas y europeas, esto se traduce en la oportunidad de participar en pruebas piloto, acceder a plataformas experimentales y empezar a formar perfiles híbridos que entiendan tanto de negocio como de algoritmos cuánticos.
En paralelo, los expertos del centro subrayan que esta transición requiere tiempo y planificación: muchas de las capacidades que se están desarrollando hoy se probarán en entornos controlados antes de escalarse a servicios críticos. Aun así, el mensaje es que quien empiece a explorar ahora tendrá una ventaja competitiva cuando la tecnología madure.
Criptografía postcuántica: blindar la seguridad antes de que llegue el riesgo
El avance de los ordenadores cuánticos tiene una cara menos visible pero igual de relevante: la necesidad de renovar los sistemas criptográficos que protegen la información sensible. Eurecat prevé que 2026 marque el inicio visible de la migración hacia esquemas de criptografía postcuántica, especialmente en organizaciones europeas expuestas a requisitos regulatorios estrictos.
Esta transición se alinea con estándares y recomendaciones como CNSA 2.0 en Estados Unidos y el marco normativo NIS2 en la Unión Europea, que empujan a sectores como la banca, la energía, las telecomunicaciones o la administración pública a revisar sus arquitecturas de seguridad. No se trata solo de incorporar nuevos algoritmos, sino de repensar la gestión de claves, la actualización de dispositivos y la interoperabilidad entre sistemas heredados y soluciones futuras.
Según el análisis del Área Digital de Eurecat, muchas empresas comenzarán con auditorías internas para identificar qué activos son más vulnerables al futuro escenario cuántico. A partir de ahí, se definirán planes de migración graduales, combinando soluciones de doble capa (clásica y postcuántica) para minimizar riesgos durante el periodo de transición.
Desde el punto de vista europeo, esta carrera por la seguridad postcuántica también tiene una lectura estratégica: quien controle los estándares y las implementaciones de referencia ganará peso en el mercado global de ciberseguridad. Para ecosistemas tecnológicos como el de Cataluña, con fuerte presencia de pymes industriales y empresas de servicios avanzados, adaptarse pronto puede marcar la diferencia entre liderar u operar a remolque.
IA agencial y web agencial: agentes inteligentes que interactúan entre sí
Uno de los cambios más profundos identificados por Eurecat es la transición desde la IA generativa, centrada en la producción de texto, imágenes o código, hacia la llamada inteligencia artificial agencial. En lugar de limitarse a responder a instrucciones puntuales, estos agentes son capaces de planificar, coordinar tareas, interactuar con otros sistemas y tomar decisiones dentro de unos márgenes definidos.
El equipo del Área Digital del centro catalán sitúa 2026 como el año en que esta IA agencial alcanzará una fase de consolidación, acompañada por el despliegue incipiente de la denominada web agencial o Agentic Web. Bajo este concepto se agrupa un conjunto de servicios, protocolos y APIs que permitirán que distintos agentes de IA se comuniquen entre sí de forma automatizada y segura, sin intervención humana constante.
En la práctica, esto abre la puerta a escenarios donde un agente especializado en logística negocia tiempos de entrega con otro que gestiona inventarios, o a sistemas de mantenimiento industrial donde diferentes agentes anticipan fallos, coordinan recambios y programan intervenciones sin tener que esperar a que alguien supervise cada paso.
Para las organizaciones europeas, especialmente en el entorno industrial de España, esta evolución implica cambios en la forma de diseñar software, integrar proveedores y gobernar los flujos de datos. No bastará con tener un único modelo de IA, sino que será necesario orquestar ecosistemas de agentes con responsabilidades diferenciadas y reglas claras de interacción.
Eurecat, que ya participa en iniciativas europeas en este terreno, apunta que los primeros pilotos de web agencial se centrarán en contextos controlados, como cadenas de suministro concretas, plataformas de servicios financieros o infraestructuras críticas. El objetivo será validar no solo la viabilidad técnica, sino también aspectos de seguridad, responsabilidad y cumplimiento normativo.
IA física y robótica inteligente: la automatización baja del papel al taller
Si la IA agencial opera en el plano digital, la llamada IA física o embodied AI es el puente con el mundo real. Eurecat describe este enfoque como una inteligencia artificial que percibe, razona y actúa a través de un cuerpo, ya sean robots industriales, vehículos autónomos, drones con IA o brazos colaborativos que comparten espacio con operarios.
Los responsables del Área Industrial del centro señalan que los modelos de IA generativa ya han consumido prácticamente todo el contenido disponible en internet para su entrenamiento, de modo que las próximas mejoras deberán apoyarse en datos procedentes de la interacción directa con entornos físicos. Esta necesidad empuja a desplegar sistemas que aprendan de sensores, cámaras y procesos reales, no solo de información textual o visual ya existente.
En la industria europea, especialmente en sectores como la automoción, la logística, la fabricación de componentes o la alimentación, ya existe una base de robots que puede enriquecerse con algoritmos de este nuevo paradigma. En lugar de limitarse a repetir movimientos preprogramados, las máquinas podrán ajustar trayectorias, detectar anomalías, colaborar con otros robots y reaccionar a imprevistos con mayor autonomía.
Para España y Cataluña, donde la robotización avanza pero aún convive con una presencia significativa de procesos manuales, Zamora FutureLab y otras iniciativas similares muestran cómo esta “robotización inteligente” se presenta como una vía para ganar competitividad sin deslocalizar producción. Eso sí, exige inversiones en sensores, comunicaciones industriales, formación y rediseño de flujos de trabajo.
El papel de centros como Eurecat es acompañar esa transición mediante proyectos de prueba que permitan a las empresas experimentar con IA física a pequeña escala, evaluar retornos y desplegar después soluciones más ambiciosas. El foco no está solo en la fábrica, sino también en áreas como la logística interna, el mantenimiento de infraestructuras o la asistencia en entornos sanitarios.
Europa como laboratorio de convergencia entre cuántica y robótica
Las previsiones del centro catalán encajan en una tendencia europea que combina computación cuántica, automatización avanzada y digitalización industrial. La UE financia desde hace años programas que buscan no solo desarrollar tecnología, sino también trasladarla al tejido productivo mediante centros tecnológicos, universidades y empresas.
En este contexto, Eurecat actúa como intermediario entre la investigación puntera y las necesidades reales de la industria española. Su equipo científico insiste en que la clave está en ofrecer a las compañías capacidad de anticipación: identificar qué tecnologías emergerán en los próximos años, qué impacto pueden tener en costes, calidad o sostenibilidad, y cómo incorporarlas sin romper la operativa diaria.
Proyectos piloto en optimización de cadenas logísticas con herramientas cuánticas, líneas de producción con robots cognitivos y sistemas de monitorización avanzada son algunos de los campos donde ya se están viendo los primeros pasos. Aunque muchas de estas iniciativas todavía no han llegado al gran público, funcionan como banco de pruebas para modelos que, si se demuestran eficaces, podrán ampliarse a escala nacional y europea.
El enfoque europeo, además, pone especial atención en alinear estas innovaciones con la agenda verde y los objetivos de descarbonización. De ahí el interés por soluciones que no solo mejoren la productividad, sino que también reduzcan consumos energéticos, minimicen residuos y optimicen el uso de recursos.
En el corto plazo, esto se traducirá en una demanda creciente de perfiles mixtos: profesionales capaces de entender de robótica, IA, ciberseguridad y procesos industriales, así como responsables de negocio que puedan evaluar el retorno de invertir en tecnologías todavía emergentes.
Con todo este telón de fondo, el diagnóstico de Eurecat para 2026 es que la computación cuántica, la robótica inteligente y la IA física no serán todavía tecnologías masivas, pero sí marcarán el rumbo de la innovación en España y Europa. Las organizaciones que decidan experimentar ahora, apoyándose en centros tecnológicos y colaboraciones público-privadas, estarán mejor posicionadas cuando estas herramientas maduren y pasen de los pilotos a las operaciones diarias.

