
El Mando de Adiestramiento y Doctrina (MADOC) propone la lectura de un análisis del catedrático Javier Jordán sobre cómo los drones FPV están transformando el combate terrestre, especialmente desde su uso generalizado en Ucrania. El estudio sostiene que su impacto no depende solo del aparato, sino de su integración en redes que conectan sensores y sistemas de armas, las conocidas como «kill webs».
Esa vigilancia constante complica que las tropas se oculten, se muevan o se abastezcan, y obliga a revisar doctrinas y capacidades. La tendencia no se limita a Europa: el Africa Center for Strategic Studies cifra en 40 los países africanos cuyas fuerzas armadas han adquirido sistemas no tripulados y en 17 los países donde grupos armados no estatales los utilizan.
Qué cambia con los drones FPV en Ucrania
El análisis propuesto por el MADOC, elaborado con expertos de la Dirección de Investigación, Doctrina, Orgánica y Materiales, examina la evolución de la doctrina militar tradicional hacia escenarios de guerra nuevos. Entre los obstáculos para adaptarse señala la lentitud burocrática, las restricciones legales y los retrasos en la adquisición de tecnología, factores que podrían comprometer la superioridad tecnológica de la OTAN.
En el terreno, rusos y ucranianos están incorporando micrófonos a drones de ataque y robots terrestres para detectar enemigos fuera del alcance de las cámaras. La modificación requiere componentes electrónicos baratos y permite escuchar motores, conversaciones y movimientos próximos, de modo que una máquina puede advertir que alguien se acerca sin necesidad de verlo.
El fabricante ruso Ushkuynik confirmó la incorporación de esta tecnología a sus FPV de fibra óptica Prince Vandal Novgorod. Según las cifras recogidas por analistas, la producción de estos KVN ronda las 50.000 unidades mensuales. Ucrania respondió con drones de Ptashka que, según la empresa, detectan conversaciones en voz alta a entre 20 y 30 metros, vehículos ligeros a 50-100 metros y maquinaria pesada hasta 200 metros.
De Ucrania a África: 40 países y 17 grupos armados
El informe Lessons from Africa’s Drone Wars, publicado el 28 de octubre por el Africa Center for Strategic Studies, advierte de la rápida expansión de los drones comerciales modificados, los sistemas FPV y las aeronaves de ataque de un solo uso. El documento sitúa estos sistemas en Sudán, el Sahel, Somalia, la cuenca del lago Chad y el este de la República Democrática del Congo.
Frente a los drones de larga autonomía, más caros y adquiridos en el extranjero, las organizaciones insurgentes recurren a sistemas pequeños y comerciales que pueden adaptarse para reconocer posiciones, lanzar explosivos o atacar objetivos militares. El estudio considera que esta evolución favorece a los grupos acostumbrados a modificar materiales disponibles y cambiar sus procedimientos con rapidez.
El informe también identifica una vulnerabilidad clara: la insuficiencia de capacidades contra drones. En el Sahel, solo el 4% de más de 240 ataques con drones registrados recibió una respuesta específica de defensa contra estos sistemas. La cifra refleja la exposición de fuerzas militares ante amenazas relativamente sencillas y baratas de desplegar.
¿A quién afecta la expansión de los drones de bajo coste?
La expansión no afecta solo a los ejércitos. En el ámbito europeo, el hundimiento del buque Contship Jet en el Mar Negro tras un ataque con drones dejó 421 contenedores a bordo y obligó a evacuar a sus 18 tripulantes, que no sufrieron daños. El ministro de Defensa búlgaro, Dimitar Stoyanov, confirmó que el buque fue alcanzado frente a las costas de Bulgaria, aunque no en sus aguas territoriales.
Para las fuerzas armadas, el desafío es doble: integrar drones propios y protegerse de los ajenos. El Africa Center propone una defensa por capas que combine:
- Sensores de radiofrecuencia y radares compactos.
- Cámaras electroópticas e infrarrojas.
- Interferidores electrónicos e interceptores no tripulados.
- Medidas físicas como redes, fortificaciones, camuflaje y dispersión de personal y equipos.
La guerra electrónica no es una solución universal. Los sistemas guiados por inteligencia artificial, los cambios de frecuencia y, sobre todo, los drones controlados mediante fibra óptica pueden dificultar la detección y neutralización por interferencia radioeléctrica. Eso obliga a combinar capas técnicas y tácticas en lugar de confiar en un único equipo.
La defensa contra drones, el punto débil
El Africa Center subraya que la respuesta no puede limitarse a comprar equipos antidrones. Los ejércitos necesitan integrar los sistemas no tripulados en sus propias estructuras, desde pequeñas unidades de infantería hasta formaciones superiores, y coordinarlos con inteligencia, vigilancia, reconocimiento y mando y control. El objetivo es combinar plataformas de largo alcance con sistemas pequeños y baratos.
El mismo informe añade la importancia de desarrollar capacidades locales de producción, mantenimiento y adaptación. La dependencia de proveedores extranjeros puede dificultar el sostenimiento de los sistemas y limitar el control sobre software, datos y actualizaciones técnicas. La fabricación local, adaptada a cada entorno, reduciría esas limitaciones.
El resultado es un campo de batalla con más sensores, más dispositivos y respuestas cada vez más rápidas. Los drones FPV han pasado de ser una herramienta improvisada a un elemento que condiciona la vigilancia, la logística y la protección de las tropas. La adaptación de doctrinas, compras y defensas contra drones se convierte así en una carrera contra el reloj.




