Raspberry Pi se dispara en bolsa y multiplica sus usos en inteligencia artificial y proyectos avanzados

  • El auge de agentes de IA como OpenClaw impulsa el interés bursátil por Raspberry Pi y su papel como nodo local seguro.
  • Surgen proyectos y hardware específicos: carcasas como Pironman 5 Pro Max y asistentes locales como Max Headbox basados en Raspberry Pi 5.
  • La comunidad maker explota nuevas tarjetas HAT de audio 2.1 y distribuciones como RecalBox 10 para sacar más partido a Raspberry Pi 5.
  • El foco se desplaza hacia soluciones locales, económicas y privadas frente a la nube, con especial protagonismo en Europa y Reino Unido.

Placa Raspberry Pi y proyectos de hardware

La pequeña placa británica que muchos conocimos como herramienta educativa está viviendo un momento especialmente intenso. Raspberry Pi se ha colocado de nuevo en el centro del debate tecnológico gracias a la combinación de inteligencia artificial local, proyectos domésticos avanzados y un fuerte movimiento especulativo en la Bolsa de Londres, donde los inversores buscan quién puede beneficiarse de la nueva ola de agentes de IA.

En paralelo, el ecosistema Raspberry Pi 5 se está llenando de nuevas carcasas, tarjetas de expansión y distribuciones de software que van mucho más allá de los usos clásicos. Desde mini PCs orientados a IA hasta asistentes personales totalmente privados o sistemas de audio y retro gaming de alto nivel, la placa ha pasado de ser un simple “juguete para makers” a pieza clave de infraestructuras caseras bastante serias.

Raspberry Pi, OpenClaw y el tirón de los agentes de IA en Europa

En las últimas semanas, el nombre de Raspberry Pi ha saltado de los foros de desarrolladores a las páginas económicas. Un fabricante de ordenadores de placa única de Reino Unido, conocido por sus equipos de bajo coste, ha visto cómo sus acciones se disparaban en la Bolsa de Londres en plena búsqueda de ganadores potenciales de la carrera por la IA.

Según datos recopilados por medios como Reuters y Bloomberg, las acciones de la compañía han llegado a anotar subidas diarias superiores al 30 %, con una revalorización semanal cercana al 50 %, hasta rozar una capitalización próxima a los 915 millones de euros. Buena parte de este movimiento se ha atribuido a un post en redes sociales que vinculaba el auge de los agentes autónomos -en concreto OpenClaw, rival de Claude de Anthropic- con una hipotética explosión de la demanda de placas Raspberry Pi para ejecutar estos sistemas.

La publicación, difundida en X (antes Twitter), acumuló cientos de miles de visualizaciones y encendió la mecha entre los inversores. Raspberry Pi figuraba entre los valores europeos con más posiciones cortas, con alrededor del 8 % de su free float apostando a la baja. El repunte repentino forzó a muchos de estos bajistas a recomprar acciones para cerrar sus posiciones, amplificando todavía más el movimiento alcista.

Desde el punto de vista fundamental, analistas como Lale Akoner, de eToro, recuerdan que no se ha producido un cambio sustancial en el negocio de la compañía y califican el salto como un fenómeno impulsado sobre todo por la narrativa y la estructura del mercado británico, donde la actividad minorista y en opciones es menor que en Estados Unidos, pero los valores con descuento son más vulnerables a estos episodios bruscos de cierre de cortos.

La propia empresa ha señalado que no ha detectado un aumento material de ventas directamente ligado a agentes de IA como OpenClaw. Sin embargo, bancos de inversión como Jefferies advierten de que la conversación en redes y foros acerca de Raspberry Pi como plataforma ideal de hardware para agentes locales puede seguir apoyando el comportamiento del valor en bolsa durante un tiempo.

OpenClaw y PicoClaw: la IA autónoma que cabe en una Raspberry Pi

Raspberry Pi para proyectos de inteligencia artificial

Todo este interés financiero tiene su origen en un cambio de enfoque en cómo usamos la inteligencia artificial en casa. Herramientas como OpenClaw, antes conocida como Clawdbot y Moltbot, se han convertido en una especie de software de culto entre desarrolladores y entusiastas: no son simples chatbots conversacionales, sino agentes autónomos capaces de encadenar tareas y tomar la iniciativa.

OpenClaw puede, por ejemplo, vaciar bandejas de entrada, hacer reservas, realizar check-in de vuelos o coordinar flujos de trabajo complejos. En términos prácticos funciona como un puente entre los servicios que usamos a diario y grandes modelos alojados en la nube, pero controlados desde un dispositivo local que actúa de “cerebro operativo”.

En ese esquema, muchos usuarios optan por un equipo compacto de bajo consumo, y ahí entran en juego tanto el Mac Mini como los mini PCs alternativos, entre los que destacan las distintas generaciones de Raspberry Pi. La idea es que el modelo grande se ejecute en servidores remotos, mientras que la placa coordina las llamadas a APIs, mantiene sesiones abiertas y ejecuta scripts o tareas en el entorno del usuario.

Para quienes no necesitan modelos gigantes, la otra vía es la de los modelos locales ligeros con herramientas como Ollama o llama.cpp. En este campo ha surgido PicoClaw, una versión ultraligera inspirada en OpenClaw, escrita en Go, que puede funcionar con menos de 10 MB de RAM y arrancar en torno al segundo. Eso abre la puerta a aprovechar incluso Raspberry Pi de generaciones anteriores para montar pequeños servidores de IA domésticos.

Con una inversión relativamente modesta -entre 40 y 50 euros por una Raspberry Pi con su carcasa y almacenamiento- es posible configurar un “mayordomo digital” que reciba órdenes por mensajería, automatice búsquedas, organice agendas o resuma noticias sin depender en exceso de plataformas externas. En Europa, donde el debate sobre privacidad y soberanía digital es especialmente intenso, este enfoque local tiene un atractivo evidente.

Seguridad, aislamiento y voces críticas sobre el uso de Raspberry Pi para agentes de IA

El entusiasmo por los agentes locales viene acompañado de un debate serio sobre seguridad y control. La propia fundación detrás de Raspberry Pi, así como distintos expertos en ciberseguridad, han advertido de que conceder a un agente de IA acceso profundo a un sistema -con capacidad para leer archivos, navegar por webs o rellenar formularios- puede suponer un riesgo real si algo sale mal.

Precisamente por eso se ha popularizado la idea de usar una Raspberry Pi dedicada como entorno aislado. En lugar de desplegar el agente en el ordenador principal, se instala en una placa separada, conectada a la red local pero con límites claros, de forma que cualquier comportamiento extraño quede, en teoría, contenido y no afecte al resto de equipos.

No todos ven con buenos ojos el encaje entre OpenClaw y Raspberry Pi. Medios especializados como The Register han señalado que el aumento de precio de algunos modelos recientes, especialmente las configuraciones de Raspberry Pi 5 con 16 GB de RAM, pone en cuestión su atractivo original como solución ultrabarata. Se mencionan configuraciones que pueden superar los 200 dólares, cifras que acercan estas placas a mini PCs x86 convencionales.

Aun así, el enfoque de “dispositivo satélite” que coordina tareas y mantiene la lógica de los agentes, mientras delega el peso del cómputo pesado a la nube u otros servidores, sigue siendo una propuesta sólida para muchos proyectos en Europa. Esta mezcla de aislamiento, coste contenido y flexibilidad es, en parte, lo que ha disparado el interés más allá del círculo puramente maker.

Pironman 5 Pro Max: convertir Raspberry Pi 5 en un mini PC de IA

Una de las muestras más visibles de la madurez del ecosistema es la aparición de carcasas avanzadas que transforman la placa en una especie de mini PC de sobremesa. La firma SunFounder ha presentado el Pironman 5 Pro Max, una torre específica para Raspberry Pi 5 que apunta de lleno a proyectos de inteligencia artificial, domótica y servidores caseros.

Este chasis integra una pantalla táctil lateral de 4,3 pulgadas con resolución de 800 × 480 píxeles que puede utilizarse como panel de control para Home Assistant, monitorización de un NAS o diagnóstico del sistema (temperatura, uso de memoria, estado de discos). Incluye también altavoces estéreo integrados, conector de auriculares, espacio para cámara frontal y un sistema de refrigeración reforzado con tres ventiladores PWM RGB y disipador tipo torre.

En el apartado de expansión, el Pironman 5 Pro Max ofrece soporte para dos unidades SSD NVMe configurables en RAID 0 o RAID 1, así como compatibilidad con aceleradores de IA como Hailo‑8L, lo que permite descargar procesamiento de modelos de visión o reconocimiento de patrones directamente al hardware. Completa la conectividad con doble HDMI, Ethernet Gigabit, puertos USB 3.0 y 2.0, GPIO accesible, reloj en tiempo real (RTC) y los conectores habituales de Raspberry Pi 5.

El conjunto está construido en aluminio con paneles transparentes, tiene una altura de unos 14 cm y está pensado para ocupar poco espacio en el escritorio. Según el fabricante, la ventilación mantiene temperaturas estables incluso bajo carga intensa sin generar demasiado ruido. Eso sí, requiere la fuente oficial de 27 W para alimentar placa, ventiladores y unidades de almacenamiento con margen suficiente.

SunFounder posiciona este modelo como una solución polivalente para domótica 24/7, NAS doméstico o juegos ligeros, con un precio de salida en torno a los 145 dólares (sin incluir la propia Raspberry Pi). Para usuarios europeos que quieren algo más “cerrado” que una placa suelta, pero sin llegar al coste de un mini PC tradicional, propuestas de este tipo simplifican mucho el salto a proyectos de IA y automatización.

Max Headbox: un asistente de IA privado sobre Raspberry Pi 5

Más allá del hardware comercial, la comunidad europea de desarrolladores está explorando usos muy concretos de Raspberry Pi 5 como plataforma para asistentes personales privados. Un ejemplo es Max Headbox, un proyecto personal del tecnólogo Simone Marzulli que busca construir un asistente de IA completamente local, pensado para quienes no quieren depender de servidores externos.

El corazón del sistema es una Raspberry Pi 5 montada en una carcasa con pantalla táctil y un sistema de ventilación dimensionado para soportar cargas sostenidas. En la parte frontal, el proyecto emplea un rostro animado tipo emoji basado en la estética de Microsoft Fluent, que hace las veces de interfaz visual cuando el asistente escucha, piensa o responde.

A nivel de software, Max Headbox combina varios modelos de lenguaje ligeros: utiliza Qwen3 1.7b como “capa de agente”, encargada de tomar decisiones y orquestar tareas, y Gemma3 1b para la parte más conversacional, buscando respuestas naturales y con cierto matiz emocional. Todo ello se ejecuta localmente aprovechando herramientas como Ollama, que simplifican la gestión de modelos en dispositivos limitados.

El proyecto requiere además una pila técnica basada en Ruby 3.3.0, Node 22 y Python 3, que se combinan para manejar la lógica de módulos, la interfaz y la comunicación entre componentes. En cuanto a la interacción por voz, el sistema recurre a Vosk API para la detección de palabras clave y a faster‑whisper para transcribir el audio del usuario con latencias razonables en una Raspberry Pi.

Una de las claves de este diseño es su enfoque modular: el creador plantea la posibilidad de añadir nuevas funciones como módulos en JavaScript, de manera que el asistente pueda, con el tiempo, controlar más dispositivos, integrarse con servicios adicionales o ejecutar flujos de trabajo personalizados. Todo ello sin que las conversaciones o los datos salgan de la red local, un punto especialmente valorado en un contexto europeo donde el cumplimiento de normativas como el RGPD es prioritario.

Audio avanzado con un HAT 2.1: Raspberry Pi como núcleo multimedia

El crecimiento del ecosistema no se limita a la IA. En el terreno del audio de alta calidad, fabricantes especializados han empezado a ofrecer tarjetas HAT que convierten la Raspberry Pi en el cerebro de sistemas de sonido bastante serios. Una de las propuestas más recientes es un HAT 2.1 con amplificador digital integrado basado en un chip de Texas Instruments, pensado para montajes 2.1 (dos canales estéreo más subwoofer).

Esta tarjeta se conecta al conector GPIO de 40 pines y emplea la interfaz I2S para recibir audio digital directamente desde el SoC de la Raspberry Pi, evitando conversiones analógico‑digitales innecesarias. De esta forma se reduce el ruido de fondo, mejora la relación señal/ruido y se supera la calidad de la salida analógica integrada en muchos modelos.

En el centro del diseño se encuentra el chip TAS5825M, un amplificador Clase D con DSP integrado capaz de entregar decenas de vatios por canal con alta eficiencia. En configuraciones típicas con alimentación de 24 V y altavoces de 4 ohmios, puede proporcionar más de 30 W continuos por canal, manteniendo la distorsión armónica total en valores por debajo del 1 % a potencia nominal.

El DSP interno permite implementar filtros digitales, ecualización paramétrica y crossovers activos. Por ejemplo, se puede configurar de forma puramente software un filtro paso bajo para el subwoofer y un paso alto complementario para los canales estéreo, optimizando el rendimiento de sistemas 2.1 compactos. Todo el control se realiza a través de un bus I2C accesible desde la Raspberry Pi, lo que facilita ajustar ganancia, curvas de respuesta o limitadores desde scripts o aplicaciones personalizadas.

Gracias a la eficiencia propia de la topología Clase D, con modulaciones PWM a frecuencias elevadas, el conjunto alcanza eficiencias superiores al 90 %, reduciendo la necesidad de disipadores voluminosos y permitiendo integraciones en cajas compactas, muebles o quioscos interactivos. Para proyectos europeos de señalización digital, altavoces activos personalizados o sistemas empotrados, este tipo de HAT simplifica notablemente la parte de potencia.

Raspberry Pi 5 y RecalBox 10: retro gaming moderno con hardware asequible

Otro campo donde Raspberry Pi 5 está brillando especialmente es el del retro gaming. La distribución RecalBox, muy popular en Europa desde hace años para montar consolas caseras, ha lanzado su versión 10 con una lista de novedades pensada para exprimir al máximo la última generación de placas.

RecalBox 10 añade soporte oficial para Raspberry Pi 5 (incluyendo variantes como Raspberry Pi 500), integra compatibilidad con carcasas especializadas como las de Retroflag o Argon One v3 y amplía su alcance a plataformas como Steam Deck. En la práctica, esto permite montar sistemas de juego retro compactos y bien integrados en el salón sin demasiado esfuerzo técnico.

A nivel de emulación, la nueva versión es capaz de mover, en un Raspberry Pi 5 con al menos 4 GB de RAM, sistemas exigentes como Model 3, Nintendo DS, GameCube o incluso Wii, siempre que la configuración esté bien ajustada. En el terreno arcade, se han introducido optimizaciones en MAME y FBNeo para aprovechar mejor la potencia adicional del Pi 5.

La interfaz de usuario también ha recibido un rediseño profundo, con un frontend mucho más fluido, gestión mejorada de listas de juegos y un sistema “One Game, One ROM” que agrupa versiones regionales y clones para evitar catálogos interminables. Esta limpieza, combinada con filtros potentes por género, región o número de jugadores, hace que la experiencia sea más amigable para quienes solo quieren sentarse y jugar.

Para rematar, el proyecto complementa el software con kits RecalTower basados en Raspberry Pi 5, orientados a usuarios que prefieren soluciones casi listas para usar, con el objetivo de hacer el retro gaming de código abierto accesible a un público muy amplio, más allá del perfil tradicional de maker.

Entre el ruido bursátil, el empuje de los agentes de IA, nuevas carcasas orientadas a proyectos serios, módulos de audio avanzados y distribuciones como RecalBox 10, Raspberry Pi vive una etapa de expansión muy particular. La placa británica se ha consolidado como plataforma versátil para la inteligencia artificial local, la automatización doméstica, el entretenimiento y el prototipado, con un equilibrio entre coste, comunidad y flexibilidad que la mantiene en el centro de muchos proyectos en España y el resto de Europa.

Raspberry Pi
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