
Si te dedicas al audio o a la electrónica, sabrás que conseguir que un amplificador sea lineal es una batalla constante. Para saber realmente qué está pasando con la señal, el analizador de espectro es la herramienta reina, ya que nos permite visualizar los componentes frecuenciales que un simple multímetro jamás nos mostraría.
Aunque pueda parecer un instrumento complejo y, a veces, un poco prohibitivo por su precio, dominar sus ajustes es fundamental. No se trata solo de conectar y mirar, sino de configurar correctamente el equipo para que el ruido no nos juegue una mala pasada y podamos distinguir la señal útil de las molestas distorsiones armónicas.
Configuración técnica del analizador de espectro
Para obtener una lectura fiable, hay que jugar con el ancho de banda de resolución (RBW). Básicamente, este parámetro actúa como un filtro; si lo reducimos, el ruido de fondo baja considerablemente, lo que nos permite ver señales muy débiles que de otro modo quedarían enterradas. Eso sí, no todo es ventaja, ya que un RBW muy estrecho hace que el barrido sea mucho más lento, porque el filtro tarda más en estabilizarse.
Por otro lado, tenemos el ancho de banda de vídeo (VBW). A diferencia del anterior, el VBW no cambia la capacidad de separar señales, sino que sirve para alisar la traza visual. Es como ponerle un filtro de suavizado a la gráfica para que no sea tan nerviosa, aunque no afecta a la medición real de la potencia.
Medición de distorsión y análisis de señales
Cuando queremos analizar la distorsión, lo ideal es introducir una señal senoidal pura. Si el amplificador distorsiona, aparecerán picos en múltiplos de la frecuencia original, conocidos como armónicos. En entornos más avanzados, se utilizan señales con modulación digital para medir el vector de error de magnitud (EVM) y analizar la curva AM/AM, permitiendo incluso aplicar predistorsión digital para corregir estas imperfecciones.
Si te encuentras en una situación donde tienes una señal compuesta por un portador muy fuerte y una banda lateral débil, el truco está en ajustar el intervalo de frecuencia para excluir la frecuencia del portador. De este modo, evitas saturar la etapa mezcladora del analizador. Respecto al nivel de referencia, lo más lógico es situarlo ligeramente por encima de la potencia de la banda lateral que te interesa estudiar, siempre y cuando hayas ajustado la atenuación de entrada para no quemar el equipo.
Alternativas cuando no tienes un analizador a mano
Seamos sinceros: no todo el mundo tiene un analizador de espectro en el garaje. Si estás apurado, puedes intentar un método indirecto usando un tester True-RMS y un osciloscopio. La idea es medir la tensión eficaz total a la salida y compararla con el pico de la primera armónica (usando un filtro pasa bajos para aislarla). Mediante fórmulas matemáticas, puedes calcular el THD (Distorsión Armónica Total) restando la potencia de la fundamental del valor eficaz total, aunque es un camino mucho más tedioso y menos preciso.
La clave para un análisis exitoso reside en el equilibrio entre la velocidad de barrido y la selectividad. Al final, medir la distorsión consiste en identificar los armónicos no deseados y gestionar el ruido mediante la correcta elección del RBW y el VBW, asegurando que la atenuación de entrada proteja el equipo mientras mantenemos la sensibilidad necesaria para detectar las anomalías del amplificador.


