
Los últimos balances europeos dejan una fotografÃa incómoda: el mercado comunitario incorpora muchos más aparatos eléctricos y electrónicos de los que después se recogen como residuo. Eurostat calcula que en 2024 entraron en circulación 32,4 kilos por habitante, mientras que los sistemas oficiales recibieron 12,3 kilos por persona. Esa distancia no significa que todo lo que falta esté tirado en el monte: parte sigue funcionando, otra duerme en cajones y armarios y una porción difÃcil de medir escapa a los canales controlados. El desfase, por tanto, refleja tanto hábitos de consumo como fallos en la trazabilidad.
El dato se ha difundido coincidiendo con el DÃa Internacional de los Residuos Electrónicos, una jornada que pone el foco en la necesidad de alargar la vida de los dispositivos y entregarlos en puntos autorizados cuando ya no sirven. No se trata solo de reciclar más, sino de evitar que aparatos aún aprovechables se conviertan en basura demasiado pronto. La comparación entre comercialización y recogida ayuda a ver el tamaño del reto, aunque Eurostat advierte de que ambos indicadores no son equivalentes: un equipo vendido puede tardar años en llegar al final de su vida útil.
Europa: más compras, menos recogida y un aumento desigual
Entre 2015 y 2024, el peso de los equipos nuevos colocados en el mercado de la UE pasó de 18,1 a 32,4 kilos por persona, un incremento del 79%. El avance fue especialmente intenso en los grandes aparatos, como lavadoras, lavavajillas y paneles fotovoltaicos. Sin embargo, en los dos últimos años analizados la cantidad comercializada por habitante se mantuvo prácticamente plana, lo que sugiere una estabilización tras una década de subida.
La recogida también creció, pero a menor velocidad: de 7,3 kilos por habitante en 2015 a 12,3 en 2024. Frente al año anterior, el aumento fue de 0,7 kilos por persona. La evolución muestra que los sistemas de gestión avanzan, aunque no al mismo compás que la llegada de nuevos productos al mercado. Esa diferencia alimenta la acumulación de equipos en hogares, oficinas y otros espacios, además de abrir la puerta a circuitos de tratamiento no regulados.
Las cifras varÃan mucho según el paÃs. Bulgaria lideró la recogida en 2024, con 18,9 kilos por habitante, seguida de Chequia (17,8) y Francia (17,7). En el otro extremo aparecen Chipre, con 4,7 kilos; Portugal, con 6,0, y Malta, con 6,4. Estas diferencias reflejan sistemas de recogida distintos, pero también desigualdades en la información disponible y en la forma de contabilizar los flujos.
Al mirar los aparatos puestos en el mercado, Austria encabezó la clasificación con 38,2 kilos por habitante, por delante de Alemania (38,0) y Dinamarca (37,0). Los valores más bajos correspondieron a Chipre (15,4), Eslovaquia (17,5) y Grecia (18,0). En todos los Estados miembros con datos, la cantidad introducida en el mercado superó a la recogida como residuo ese mismo año.
España, una de las brechas más abultadas de la UE
En España se comercializaron 36 kilos de aparatos eléctricos y electrónicos por habitante en 2024, mientras que la recogida de RAEE se quedó en 9,3 kilos por persona. La diferencia alcanza los 26,7 kilos por habitante, de modo que el volumen puesto en el mercado multiplicó por casi cuatro al recogido. Es una de las distancias más elevadas entre los paÃses analizados.
Alemania ofrece un patrón parecido: 38 kilos de equipos nuevos por persona frente a 11 kilos de residuos electrónicos recogidos. En ambos casos, lo vendido superó en más de tres veces lo recuperado. En el lado contrario, Eslovaquia presentó la menor diferencia, con 6,4 kilos por habitante.
Conviene manejar estas comparaciones con prudencia. Un aparato comprado hoy no se transforma automáticamente en residuo mañana: puede seguir en uso durante años, pasar a un familiar, darle una segunda vida a tu PC, quedar guardado o acabar en un canal informal. Por eso Eurostat insiste en que la brecha entre comercialización y recogida no debe leerse como una tasa de fracaso directa, sino como una señal de la presión que soportan los sistemas de gestión.
Por qué cuesta contabilizar los residuos electrónicos
Las estadÃsticas se elaboran con la información que envÃan los Estados miembros en aplicación de la Directiva 2012/19/UE, cuyo objetivo es impulsar la recogida, la preparación para la reutilización y el reciclaje de estos residuos. Eurostat reconoce que las cifras pueden quedarse cortas por varios motivos: el comercio electrónico transfronterizo, los productores que no cumplen sus obligaciones y los residuos que se tratan en circuitos informales.
También hay dudas sobre qué entra exactamente en el conteo. La categorÃa abarca productos que necesitan electricidad o campos electromagnéticos para funcionar, ya sea conectados a la red o mediante baterÃas. Hablamos desde frigorÃficos, lavadoras y microondas hasta móviles, portátiles, impresoras, herramientas eléctricas, luminarias LED, televisores, cables, paneles solares y contadores. Quedan fuera, en cambio, determinados medios de transporte, salvo excepciones como ciertos vehÃculos eléctricos de dos ruedas no sujetos a homologación.
Mejorar la recogida selectiva es clave para recuperar materiales aprovechables y para evitar que sustancias peligrosas terminen en lugares inadecuados. El reto no consiste únicamente en aumentar kilos, sino en asegurar que los aparatos fuera de uso lleguen a instalaciones autorizadas. Los datos de los próximos ejercicios permitirán ver si los sistemas europeos logran reducir la distancia entre lo que se pone en el mercado y lo que se gestiona formalmente como residuo.
La evolución reciente deja una idea clara: el consumo de tecnologÃa sigue creciendo y la recogida avanza, pero no lo suficiente como para cerrar la brecha. La diferencia entre 32,4 kilos comercializados y 12,3 recogidos en la UE marca el debate, mientras en España la relación es aún más llamativa, con 36 kilos frente a 9,3. El reto pasa por reforzar la trazabilidad, facilitar la entrega de aparatos y diseñar productos que duren y se puedan reparar.
El panorama que dibujan los datos europeos combina una mayor presencia de aparatos eléctricos y electrónicos en hogares y empresas con una recogida que, aunque sube, no sigue el mismo ritmo. La brecha entre lo comercializado y lo recuperado sigue siendo el principal termómetro del reto, sobre todo en España, donde la distancia por habitante es de las más altas de la UE. Para reducirla harán falta mejores canales de entrega, más control sobre los flujos y un consumo menos acelerado.




