
La pantalla se ha convertido en el centro neurálgico de muchos coches nuevos. Desde ella se consulta el navegador, se elige la música, se sintoniza la radio o se regula el climatizador, de modo que una superficie táctil sustituye a decenas de mandos repartidos por la consola. La comodidad salta a la vista, pero también cambia la forma de interactuar con el vehÃculo.
Esa concentración de funciones tiene una cara menos amable cuando el coche está en marcha. Lo que antes se resolvÃa con un giro de muñeca o un botón localizado por tacto exige ahora desviar los ojos y afinar el pulso sobre un menú. La tecnologÃa amplÃa posibilidades, aunque también puede añadir pasos a gestos cotidianos y competir con la atención que exige la carretera.
El salpicadero se llena de pantallas
En pocos años se ha pasado de pantallas de siete pulgadas con botones dedicados a paneles de hasta quince pulgadas que absorben climatización, audio y ajustes del vehÃculo. La conectividad ha multiplicado las opciones del multimedia, pero también ha multiplicado los niveles de menú, y cada nivel es una ocasión para apartar la vista.
Los datos ayudan a poner el foco sobre el problema. El Allianz Center for Technology señala que alrededor del 38% de los conductores españoles, es decir, cuatro de cada diez, admite haber atravesado una situación lÃmite en el tráfico por prestar atención a la pantalla del coche. No es una impresión aislada, sino un patrón que aparece en encuestas y pruebas.
La recomendación básica es de sentido común: programar el GPS antes de arrancar, dejar lista la música y evitar tocar ajustes mientras se circula. Las autoridades recuerdan que manipular una pantalla al volante puede constituir una distracción sancionable, de forma parecida a lo que ocurre con el teléfono móvil, según la conducta concreta.
Dos segundos de mirada fuera de la carretera
El estudio internacional Swipe. Tap. Crash., elaborado por Allianz Center for Technology, pone cifras a gestos que parecen menores. Cambiar la temperatura del climatizador en muchos coches recientes puede exigir tres toques en una pantalla y más de dos segundos con los ojos fuera de la vÃa. A 120 km/h, ese intervalo equivale a unos 67 metros recorridos a ciegas, que no es moco de pavo.
Las pruebas de simulación van más allá. Un conductor entretenido en un submenú registra peores tiempos de reacción y mayor siniestralidad que alguien que circula con 0,8 g/l de alcohol en sangre. La comparación no pretende quitar hierro al alcohol, sino subrayar que la distracción digital puede ser intensa y muy difÃcil de compensar.
Los sistemas avanzados de ayuda a la conducción tampoco resuelven el problema de fondo. Frenar solo funciona si alguien está mirando; avisar de una colisión gana décimas, pero no devuelve la atención al conductor. En esas mismas simulaciones, casi cuatro de cada diez conductores distraÃdos no reaccionaron ante un peatón que apareció de golpe.
Fuera de España, el patrón se repite. En los nueve paÃses analizados, más del 70% de los automovilistas que sufrieron un percance en los últimos tres años reconoce que la falta de atención influyó de forma directa. Además, la última campaña de la DGT contabilizó 9.245 denuncias por distracciones, de las cuales 3.816 correspondieron al uso indebido del móvil, una conducta que resta seis puntos del permiso.
La encuesta también deja un mensaje incómodo para la industria. El 79% de los consultados en España sostiene que el exceso de tecnologÃa en los mandos ha incrementado las distracciones, y el 64% pide abiertamente la vuelta de botones y ruletas fÃsicas para lo esencial. Algunos fabricantes ya han dado marcha atrás en el volante y en el climatizador de sus próximos modelos.
El terreno está cambiando por dos vÃas. La primera es normativa: el paquete europeo de seguridad (GSR) obliga a los coches nuevos a equipar avisos de distracción y somnolencia, con cámaras en el habitáculo que leen la mirada. La segunda es la evaluación: los protocolos de choque han empezado a valorar la ergonomÃa y un coche con funciones básicas enterradas en pantalla rasca puntos frente a otro que conserva mandos fÃsicos.
Antes de comprar, conviene una prueba sencilla en el concesionario: bajar la temperatura dos grados, subir el volumen y cambiar de emisora sin levantar la vista. Si alguna de las tres acciones obliga a mirar, ese coche distrae. La alternativa existe —control por voz, Head-Up Display y mandos en el volante—, pero solo funciona cuando cada función está colocada en el sitio correcto. La idea que se abre paso es la de interfaces que se manejen como un botón, aunque por dentro sigan siendo software.
La fotografÃa que queda es la de un salpicadero más limpio pero también más exigente. La pantalla puede aportar información y comodidad, siempre que no se convierta en una fuente constante de despistes. El reto para fabricantes, conductores y reguladores pasa por ganar en facilidad de uso sin perder atención, recuperando mandos sencillos para lo básico y reservando las funciones complejas para cuando el vehÃculo esté detenido.



